Epílogo
Wendy
Imogen y yo atrapamos el ramo.
A la vez.
O eso creo. Todo ocurre tan rápido que apenas veo el ramo caer hacia nosotras antes de que las dos levantemos las manos y acabemos sujetándolo entre las dos.
Cuando una docena de mujeres empieza a gritar a nuestro alrededor y Mila se gira desde el otro extremo del jardín con una sonrisa enorme, comprendo que esto va a necesitar una repetición a cámara lenta.
Nash y ella decidieron celebrar la boda en el Golden Dolphin.
Después de todo lo que ha significado este lugar para ellos, supongo que tenía sentido que también fuera aquí donde empezaran oficialmente su vida de casados.
Han montado la ceremonia y la recepción en los jardines frente al mar y, aunque llevo meses viviendo aquí, tengo que reconocer que nunca había visto el resort tan bonito.
—¡Es mío! —grita Imogen.
—Perdona, mis manos también estaban ahí.
—Pero yo lo toqué primero.
—Eso habrá que revisarlo en el vídeo.
Imogen abraza el ramo contra el pecho y me mira con absoluta satisfacción.
Sigue llevando la pierna escayolada y, aunque ya se mueve bastante mejor, las muletas descansan ahora mismo contra una de las sillas porque Kai ha conseguido convencerla de que intentar lanzarse a por un ramo con ellas podía acabar con otra visita al hospital.
Probablemente tenía razón.
—¿Que las dos hayamos cogido el ramo significa que papá y tú vais a casaros?
La miro.
—Eres la especialista mundial en preguntas incómodas, ¿lo sabías?
—Solo he preguntado.
Imogen sonríe, completamente satisfecha consigo misma.
No debería sorprenderme. Cuando Kai y yo le contamos que estábamos juntos, reaccionó como si acabáramos de comunicarle que había ganado algún tipo de premio.
Nos abrazó a los dos, quiso saber desde cuándo éramos novios y después pasó varios días encontrando cualquier excusa para señalar que ahora podíamos hacer cosas «los tres».
Lo que, teniendo en cuenta que ya hacíamos prácticamente todo juntos antes, no cambió demasiado nuestras vidas.
Excepto por un pequeño detalle.
Ahora Imogen puede hacer preguntas sobre nuestra relación sin ningún tipo de pudor.
Y está aprovechando ese privilegio muchísimo.
—Entonces ¿vais a casaros o no?
Definitivamente muchísimo.
—Creo que deberías darle un respiro a Wendy.
La voz de Kai llega desde detrás de nosotras y me giro para encontrarlo acercándose con dos copas en las manos.
—Ya vivís juntos, os dais besos en la boca y dormís en la misma habitación. Casaros sería lo más normal.
Kai me entrega una de las copas.
—Creo que podemos dar por hecho que tenemos tu aprobación.
—Desde el primer día —responde Imogen.
Me echo a reír.
—Eso es quedarse corta. Creo que se alegró más cuando se lo contamos que cuando fuimos a Disneyland.
—No más que Disneyland —puntualiza Imogen—. Pero casi.
—Gracias por poner las cosas en perspectiva —dice Kai.
Imogen sonríe y abraza el ramo contra el pecho, encantada consigo misma.
La verdad es que han cambiado muchas cosas desde que regresamos de Big Bear.
Imogen se recupera bien. Todavía tiene la pierna escayolada y necesita las muletas, pero hace días que volvió a ser ella misma, lo que incluye hablar sin parar, intentar hacer más cosas de las que debería y utilizar aquella maldita campana que Kai le dio como si estuviera alojada en un hotel de cinco estrellas con servicio de habitaciones.
Olivia también está mucho mejor. Su recuperación está siendo más rápida y, desde el accidente, ha estado viendo a Imogen con frecuencia. Todavía quedan cosas que arreglar entre ellas, pero por primera vez tengo la sensación de que Olivia está dispuesta a hacer el trabajo necesario para conseguirlo.
María regresó de El Salvador hace unos días y su vuelta fue mucho más sencilla de lo que yo había imaginado. Sigue siendo la niñera de Imogen y nadie ha tenido que perder su lugar para que yo encuentre el mío.
También hemos hecho algunos cambios. María tendrá su propia habitación en la zona del Golden Dolphin donde se aloja parte del personal, algo que le dará mucha más libertad e independencia ahora que ya no necesita vivir permanentemente con Kai e Imogen. Cuando se lo propusimos, aceptó encantada.
Y yo ya no trabajo para Kai.
Esa parte debería haberme dejado otra vez con la pregunta que llevo años haciéndome cada vez que termino un trabajo: ¿Y ahora qué?
Solo que esta vez creo que tengo la respuesta.
Quiero estudiar Magisterio.
Llevo unos días mirando universidades y programas a distancia. Todavía no me he matriculado y tengo un montón de cosas que organizar, pero estar con Imogen me ha hecho descubrir algo que, sorprendentemente, nunca me había planteado.
Se me dan bien los niños.
Y me gustan.
Me gusta explicarles cosas, ayudarlos, escucharlos y encontrar la forma de llegar hasta ellos. Incluso me gusta cuando hacen aproximadamente cuatrocientas preguntas al día, aunque esa parte quizá debería reconsiderarla teniendo en cuenta a la criatura que tengo delante.
Durante años he pensado que mi problema era que no conseguía encontrar un trabajo que quisiera conservar.
Quizá simplemente no había encontrado todavía el mío.
—¿En qué piensas?
La voz de Kai me devuelve al jardín.
—En nada.
—Eso no me lo creo.
Antes de que pueda responder, la música cambia y miro hacia la pista. Nash acaba de sacar a bailar a Mila. Ella tiene los brazos alrededor de su cuello mientras él le dice algo al oído que consigue hacerla reír.
Me quedo observándolos.
Hace algo más de un año Mila llegó al Golden Dolphin para solucionar una crisis y acabó enamorándose del hombre que debía mantener alejado de los problemas.
Yo vine para trabajar de niñera durante un verano sin saber que pasaría conmigo en septiembre.
Supongo que ninguna de las dos somos especialmente buenas siguiendo los planes.
—Se les ve felices —digo.
Kai sigue mi mirada.
—Sí.
Imogen aparece de nuevo a nuestro lado con las muletas y el ramo todavía entre los brazos.
—Quiero bailar.
Kai baja la vista hacia su pierna.
—Tú no vas a bailar.
—Puedo bailar con una pierna.
—Esa frase no mejora la situación.
—Puedes cogerme tú.
Kai suspira como si estuviera considerando seriamente negarse, aunque los tres sabemos que no va a hacerlo.
Deja su copa y la levanta con cuidado. Imogen se ríe mientras le rodea el cuello con un brazo, todavía aferrada al ramo con el otro.
—Ven —me dice Kai.
Me acerco y él pasa el brazo libre alrededor de mi cintura.
No sé si lo que hacemos puede considerarse bailar. Kai apenas puede moverse con Imogen encima y yo tengo que esquivar una de sus muletas cada pocos segundos, pero tampoco parece importarle a nadie.
Apoyo la cabeza contra el hombro de Kai.
Imogen sigue hablando sobre algo que no estoy escuchando del todo. Nash y Mila bailan a pocos metros de nosotros. Alrededor hay música, conversaciones y gente celebrando que dos personas hayan decidido compartir su vida.
Y pienso que quizá durante demasiado tiempo tuve una idea equivocada de lo que significaba formar una familia.
Pensaba que era algo que se construía siguiendo un orden. Que primero tenías que estar segura, después tomar las decisiones correctas y, solo entonces, conseguir esa vida que habías planeado.
La mía no se parece en nada a eso.
Llegué al Golden Dolphin después de una relación de siete años, sin saber qué hacer con mi vida y convencida de que cuidar de una niña durante el verano solo sería mi octavo trabajo.
Ahora Imogen está en brazos de Kai, el ramo de novia aplastado entre los tres, y él me besa la frente mientras seguimos intentando bailar.
No sé qué pasará dentro de cinco años.
Ni siquiera sé qué pasará cuando empiece la universidad y tenga que compaginar clases, exámenes y esta nueva vida que todavía estoy aprendiendo a hacer mía.
Pero hay algo que ya no necesito averiguar.
Kai me mira y sonríe.
Imogen aprovecha para volver a agitar el ramo delante de nosotros.
—Sigo pensando que deberíais casaros.
Me echo a reír y la abrazo, apretándome un poco más contra los dos.
Puede que algún día.
Ahora mismo no necesito nada más.
Porque después de pasar tantos años intentando descubrir dónde encajaba, resulta que la respuesta estaba en el último lugar donde habría pensado buscarla.
En un trabajo temporal.
En una niña de ocho años.
Y en su padre absurdamente atractivo.
Mi familia.
Por fin, mi familia.