27
Wendy
Los últimos tres días han conseguido poner muchas cosas en perspectiva.
Los cuatro, Kai, Mila, Nash y yo nos alojamos en un hotel a pocos minutos del hospital, aunque llamarlo alojarnos es bastante generoso teniendo en cuenta que prácticamente solo volvemos allí para ducharnos y dormir unas horas.
El resto del tiempo estamos aquí.
Con Imogen.
La primera vez que entré a verla estaba despierta y lo primero que hizo fue extender los brazos hacia mí. Tuve que contener las lágrimas mientras la abrazaba porque bastante tenía ella con una pierna operada como para ocuparse también de mi crisis existencial.
Desde entonces he pasado horas a su lado. Hemos visto películas, jugado a juegos absurdos en mi móvil y discutido sobre si estar ingresada le daba derecho a desayunar helado.
Y en algún momento entre todo eso he comprendido algo que probablemente debería haber entendido mucho antes.
No quiero una vida en la que Imogen deje de formar parte de la mía.
Tampoco quiero una en la que Kai no esté.
Él y yo todavía no hemos hablado de lo que ocurrió aquella noche. Apenas hemos tenido un momento solos y ninguno de los dos ha intentado buscarlo. Ahora mismo Imogen es lo importante.
Pero la conversación sigue ahí.
Esperándonos.
Y cuando regresemos al resort, voy a tener que dejar de huir de ella.
***
El martes por la mañana le dan el alta a Imogen.
Olivia tendrá que quedarse un día más en observación, así que antes de marcharnos pasamos por su habitación para despedirnos.
Tiene el brazo inmovilizado y un moratón enorme en un lado de la cara, pero está sentada en la cama y parece mucho mejor que la primera vez que la vi después del accidente.
Imogen se abraza a ella con cuidado.
—Te llamaré cuando lleguemos.
—Y yo quiero una foto para comprobar que tu padre no te ha encerrado en una habitación acolchada.
—No tenemos ninguna habitación acolchada —dice Kai.
Olivia lo mira.
—Todavía.
Imogen sonríe y vuelve a abrazarla.
Me quedo un poco apartada mientras se despiden. Hay algo diferente entre Kai y Olivia desde el accidente. No sé si es simplemente el alivio de que las dos estén bien o si ver a Olivia arriesgarse intentando evitar el golpe ha terminado de borrar alguna de las cosas que todavía quedaban entre ellos.
Antes de que salgamos, Olivia me llama.
—Wendy.
Me vuelvo.
—Gracias por venir.
—No tienes que darme las gracias.
—Sí. —Mira un instante hacia Imogen—. Sé lo importante que eres para ella.
No sé qué responder a eso.
Olivia tampoco parece necesitar que lo haga.
—Cuídala.
Miro a Imogen, que ya está discutiendo con su padre porque quiere manejar ella sola las muletas.
—Siempre.
La palabra sale antes de que pueda pensar demasiado en ella.
Y esta vez no intento retirarla.
***
Cuando llegamos a Golden Dolphin ya está anocheciendo.
Kai ha decidido instalar a Imogen en una de las habitaciones de la planta baja hasta que pueda moverse mejor.
Técnicamente puede desplazarse con las muletas, pero después de verla recorrer los pocos metros desde el coche hasta la puerta tengo bastante claro que nadie quiere verla enfrentándose a las escaleras todavía.
Mientras yo la ayudo a ponerse cómoda, Kai aparece con una almohada más debajo de un brazo y algo escondido en la otra mano.
—Tengo una solución.
Imogen lo mira con desconfianza.
—¿Para qué?
Kai abre la mano.
Hay una pequeña campana.
Me echo a reír.
—No.
—Sí.
Imogen la coge inmediatamente.
—¿Para qué es?
—Para que nos avises si necesitas algo. No quiero que intentes levantarte tú sola durante la noche.
Imogen la hace sonar y el tintineo llena la habitación.
—Funciona.
Vuelve a hacerla sonar.
—Imogen.
Otra vez.
Me siento en el borde de la cama.
—Creo que acabas de cometer un error gravísimo.
Kai me señala.
—Tú también vas a sufrirlo.
Imogen hace sonar la campana por cuarta vez.
—Tengo sed.
Kai la mira.
—Tienes un vaso de agua en la mesita.
—Solo estaba practicando.
Esta vez no consigo contener la risa. Kai le quita la campana y la deja junto al vaso.
—Solo debes usarla en caso de emergencia.
—¿Qué cuenta como emergencia?
—Necesitar ir al baño. Que te duela algo. Que te encuentres mal.
Imogen piensa unos segundos.
—¿Tener hambre?
—Depende.
—¿A las tres de la mañana?
—Definitivamente no.
—¿Y si tengo muchísima hambre?
—Duérmete, Imogen.
Ella sonríe, satisfecha, y se acomoda entre las almohadas.
Me inclino para taparla y, cuando voy a apartarme, Imogen me agarra de la muñeca.
—¿Tú también te quedas?
La pregunta consigue que Kai y yo nos miremos. No le hemos dicho directamente que me había marchado de la casa, aunque quizás escuchó alguna conversación por la forma en la que me observa.
Mis maletas siguen en casa de Mila y Nash.
Kai y yo seguimos sin haber hablado.
En realidad, no hemos solucionado absolutamente nada.
Pero miro a Imogen y la respuesta me sale sin esfuerzo.
—Esta noche sí.
Parece bastarle.
Kai se inclina para besarla en la frente y yo hago lo mismo después. Cuando intento incorporarme, Imogen nos agarra a los dos, uno con cada mano.
—Abrazo.
Kai sonríe.
Nos inclinamos sobre ella desde lados opuestos de la cama y conseguimos abrazarla sin tocarle la pierna. Imogen nos rodea como puede y apoya la cabeza contra mi hombro.
Durante unos segundos ninguno dice nada.
Y mientras tengo a Imogen entre los brazos y siento la mano de Kai apoyada junto a la mía sobre la manta, pienso en todo el miedo que me daba aquella imagen hace apenas unos días.
Los tres.
Una familia.
Pensaba que salir corriendo conseguiría protegerme de esto.
Ahora sé que lo único que conseguiría sería perderlo.
***
Kai y yo estamos sentados en el sofá con una copa de vino cuando la casa se queda por fin en silencio.
Después de tantos días de hospital, todavía me cuesta creer que Imogen esté durmiendo en la habitación de al lado. En casa. A salvo.
—No creo que vuelva a quejarme porque deje los zapatos tirados en mitad del salón —dice Kai.
—Eso te durará dos días.
—Probablemente.
Sonrío y miro hacia el pasillo.
Está aquí.
Está bien.
Tiene una pierna que tardará un tiempo en recuperarse y una campana que probablemente acabemos arrojando al océano antes de que termine la semana, pero está aquí.
—He pasado muchísimo miedo —digo.
—Yo también.
Kai baja la mirada hacia su copa y durante un momento vuelvo a verlo sentado en aquella sala de espera. La cara que tenía cuando llegué. La forma en que me abrazó.
Pienso en todas las cosas que parecían tan importantes antes de que sonara el teléfono de Mila.
Después pienso en lo único que quería mientras conducíamos hacia Big Bear.
Llegar hasta ellos.
Se instala un silencio entre nosotros.
Sé que Kai no va a decir nada. Lleva días sin hacerlo. No me ha preguntado por qué fui al hospital, ni qué significa que haya vuelto con ellos a la villa del resort. Tampoco ha mencionado mis maletas, que siguen en casa de Mila y Nash.
Me está dejando decidir.
Y quizá por eso consigo reunir el valor para hacerlo.
Dejo la copa sobre la mesa.
—Yo... quería disculparme por cómo me fui aquella noche.
Kai se vuelve hacia mí.
—Wendy, no tienes que...
—Sí, tengo. Déjame decirlo antes de que vuelva a entrarme el pánico y decida mudarme a otro estado.
La comisura de sus labios se curva, pero guarda silencio.
—Me asusté. No porque no quisiera lo que me estabas ofreciendo, sino precisamente porque una parte de mí lo quería demasiado.
—Respiro hondo—. Acababa de salir de una relación de siete años y de repente estaba aquí, contigo, encariñándome con Imogen, sintiéndome parte de vuestra vida...
Y empecé a pensar en todo lo que podía perder si esto salía mal.
Kai no aparta los ojos de mí.
—Pensé que marcharme era la opción sensata. Que si me alejaba ahora, antes de que esto fuera todavía más importante para mí, estaría protegiéndome. —Niego con la cabeza—. Y entonces Olivia tuvo el accidente y durante unas horas no sabía si Imogen estaba bien.
Se me rompe un poco la voz al decirlo.
—Y lo único que podía pensar era que quizá no volvería a verla.
Kai deja su copa junto a la mía.
—Wendy...
—No puedo prometerte que esto no vaya a asustarme otra vez. Seguramente lo hará. Tampoco tengo ni idea de qué voy a hacer con mi vida, necesito encontrar un trabajo y sigo pensando que soy una candidata bastante cuestionable para convertirme en la adulta responsable de nada.
—Eso último podemos discutirlo.
—Pero si todavía quieres que me quede... Si todavía quieres que intentemos esto de verdad, yo también quiero.
Kai me mira durante unos segundos.
—Claro que quiero.
—Bien —digo, y se me escapa una sonrisa que no consigo contener—. Porque habría sido bastante incómodo tener que volver a casa de Mila después de todo este discurso.
Kai deja su copa y se acerca. Me acaricia la mejilla con el pulgar antes de besarme.
Despacio.
Esta vez no giro la cara. No le pido que vaya más rápido ni intento convertir el beso en algo que pueda fingir que no significa nada.
Le rodeo el cuello con los brazos y me acerco más.
—Te he echado de menos —murmura contra mi boca.
—Yo también. —Lo beso otra vez y sonrío—. Aunque creo que he echado especialmente de menos a mi vibrador humano.
Kai se aparta.
—No deberías haber dicho eso.
—¿No?
—Definitivamente no.
Me coge en volandas antes de que pueda reaccionar.
Tengo que taparme la boca para no soltar una carcajada.
—Kai, como despertemos a Imogen...
—Para eso tiene una campana.
—Esa frase va a perseguirnos.
Empieza a subir las escaleras conmigo en brazos.
Y esta vez voy hacia su habitación sin ninguna intención de salir corriendo después.