Extra
Wendy
Estamos sentados alrededor de una de las mesas con las últimas copas cuando Mila se inclina hacia mí.
—¿Sabes quién se ha instalado en la villa número siete?
—¿Quién?
—El sexólogo de TikTok del que siempre me mandas vídeos.
Abro mucho los ojos.
—¡Drake Murray!
—El mismo.
Oh.
Eso sí que no me lo esperaba.
El doctor Drake Murray no es precisamente un desconocido.
En los últimos años ha conseguido convertir la sexología en un maldito imperio.
Tiene millones de seguidores en redes sociales, libros superventas, conferencias para las que cuesta conseguir una entrada y apariciones constantes en televisión.
También ofrece consultas privadas a precios que probablemente deberían incluir una copa de champán y un masaje de regalo.
Y, por si todo eso fuera poco, está buenísimo.
Alto, moreno, sonrisa perfecta y esa clase de seguridad que hace que pueda hablar de orgasmos femeninos como quien comenta qué ha desayunado esa mañana.
Probablemente por eso le mando tantos vídeos a Mila.
Por la divulgación científica, evidentemente.
—¿Y qué hace aquí? —pregunto.
—Ni idea. Llegó ayer.
—¿Solo?
Mila sonríe.
Esa sonrisa significa cotilleo.
—No.
Me acerco un poco más.
—Cuenta.
—Llegó con una mujer.
—¿Su novia?
—Eso pensé yo. Hasta que esta mañana pregunté.
—Por supuesto que preguntaste.
—Soy la mujer del dueño. Tengo responsabilidades.
—Cotillear sobre los huéspedes no está entre ellas.
—Debería. —Da un sorbo a su copa—. No es su novia. Es su secretaria.
Miro hacia la zona de las villas.
—¿Drake Murray se ha venido al Golden Dolphin con su secretaria?
—Viaje de trabajo, por lo visto.
—Claro.
Mila se ríe.
—¿Qué?
—Nada. Solo digo que viajar a un resort de lujo con el hombre que se ha hecho millonario hablando de sexo parece una situación laboral completamente libre de complicaciones.
Yo me limito a asentir mientras recuerdo la imagen de Drake y me pregunto cómo alguien puede trabajar a su lado todos los días sin caer rendida a sus encantos.
Aunque, pensándolo bien, quizá debería preguntárselo a ella.
Algo me dice que la secretaria del doctor Murray podría tener una opinión muy distinta sobre sus famosos encantos.