9
Wendy
—Ese no.
Mila se mira en el enorme espejo que ocupa prácticamente toda la pared del probador.
—¿Tan mal me queda?
—Este te queda bien. Pero el anterior te quedaba espectacular y pienso obligarte a casarte con él.
Mila sonríe mientras vuelve a observar el vestido desde otro ángulo.
Llevamos casi una hora en una boutique de San Diego y ya ha debido de probarse siete u ocho. He perdido la cuenta en algún momento entre el vestido con demasiadas flores y el que necesitaba la ayuda de dos personas para meterse dentro.
No me importa.
Después de casi un año viendo su vida en California a través de videollamadas, me hace ilusión estar aquí para esto. Aunque reconozco que verme rodeada de vestidos de novia pocas semanas después de que mi relación de siete años se haya ido a la mierda tiene cierto componente de tortura psicológica.
Por suerte, hoy no tengo demasiadas ganas de pensar en Ray.
Últimamente me pasa más de lo que esperaba.
Mila vuelve al probador y yo aprovecho para echar un vistazo a los vestidos de dama de honor. También tendremos que elegir el mío hoy, porque mi mejor amiga parece decidida a resolver media boda aprovechando que por fin me tiene en California.
Seguimos hablando mientras se cambia. De Nash, de la boda, de mi primera semana en Golden Dolphin y de Imogen, que esta mañana se ha quedado con su padre.
Y, precisamente porque hemos acabado hablando de Kai, hago una pregunta que lleva unos días rondándome la cabeza.
—¿Tú llegaste a conocer a Olivia?
Mila asoma la cabeza entre las cortinas.
—¿A Olivia?
—Sí. La madre de Imogen. Kai me habló un poco de ella cuando estuvimos organizando el verano.
—No demasiado. La he visto alguna vez, pero Kai y ella llevaban años separados cuando yo llegué a California.
—¿Y por qué rompieron?
—Por lo que me ha contado Nash, llevaban tiempo sin estar bien. Olivia viajaba muchísimo por trabajo y cada vez pasaba menos tiempo en casa. Al final los dos querían vidas bastante diferentes y terminaron separándose.
—¿Fue él quien la dejó?
Mila arquea una ceja.
—¿También necesitas saber eso?
—Ahora que has empezado a contarme la historia, sí.
—Creo que fue bastante de mutuo acuerdo. Aunque Kai no habla demasiado de ella.
Asiento de nuevo.
—¿Y desde entonces no ha tenido ninguna relación?
Mila me mira.
—Que yo sepa, nada serio.
—¿Y qué tipo de mujeres le gustan?
Mila levanta lentamente la cabeza y me mira a través del espejo.
Vale.
Esa quizá ha sido demasiado.
—No sé qué «tipo» tiene Kai. Nunca le he hecho una encuesta sobre sus preferencias.
—Era simple curiosidad.
—Claro.
—Además, vivo con él. Es normal que quiera saber cosas.
Mila me observ, evaluándome durante unos segundos.
—¿Algo más?
—No.
—¿Segura? Porque puedo llamar a Nash y preguntarle si conoce las preferencias sexuales de Kai. Ya que estamos investigando...
—¡Mila!
Se echa a reír.
—Eres tú la que lleva cinco minutos interrogándome sobre su vida sentimental.
—Interrogar es una palabra muy fea. Yo diría que estoy mostrando un interés saludable por conocer mejor a mi jefe.
Mila me mira.
—Wendy, ¿quieres acostarte con Kai?
La pregunta me pilla tan desprevenida que durante un segundo me quedo sin saber qué decir.
—No.
Mila arquea una ceja.
Mierda. Me ha pillado. No vale de nada negarlo.
—Vale, sí. —Me dejo caer contra el respaldo del sillón—. Evidentemente quiero acostarme con él. Tengo ojos.
—Wendy...
—No he dicho que vaya a hacerlo.
Mila suspira y se acerca al espejo.
—Acabas de salir de una relación de siete años. Hace unas semanas estabas destrozada porque Ray te dejó, ¿no es demasiado pronto para empezar algo nuevo con alguien más?
—No quiero empezar algo nuevo, Mila. —La miro a través del espejo—.
Ni ahora ni dentro de dos meses. Llevo desde los veinticuatro años con Ray y prácticamente toda mi vida adulta ha estado construida alrededor de un «nosotros».
Nuestros planes, nuestro apartamento, nuestras vacaciones, lo que haríamos el año siguiente…
Por primera vez quiero hacer cosas porque me apetecen, sin preguntarme si tienen futuro, sin imaginar dónde estaremos dentro de cinco años y, sobre todo, sin enamorarme de nadie.
Mila se queda mirándome unos segundos.
—Vale. Esa parte la entiendo. Lo que no entiendo es por qué has puesto el ojo precisamente en Kai.
—Bueno, vivimos juntos. No es fácil convivir con alguien como él y no fijarse...
—Wendy...
Me río.
—Tranquila. Que lo piense no significa que vaya a hacerlo. Soy consciente de que acostarme con mi jefe sería una decisión pésima. Sobre todo cuando además vivo en su casa y cuido de su hija.
—Me tranquiliza comprobar que al menos conservas algo de sentido común.
—Nunca he dicho que vaya a utilizarlo.
Mila pone los ojos en blanco y yo sonrío.
La cuestión es que tampoco necesito que Kai sea una buena idea.
No estoy buscando al próximo hombre con el que compartir mi vida.
Si algún día pasa algo entre nosotros, podría ser simplemente eso: Si algún día pasa algo entre nosotros, podría ser simplemente eso: algo que ocurrió durante el verano y terminó cuando este se acabara.
Sin planes. Sin promesas. Sin preguntarnos qué viene después.
Y, después de siete años haciendo exactamente lo contrario, la idea resulta bastante tentadora.
—Solo prométeme que vas a pensártelo antes de hacer alguna estupidez —dice Mila finalmente.
—Siempre pienso mis estupideces antes de hacerlas.
—Eso no me tranquiliza en absoluto.
—Debería. Significa que son estupideces meditadas.
Mila suelta una risa y vuelve a mirarse en el espejo. Aprovecho el cambio de tema antes de que decida seguir analizando mi inexistente vida sexual.
—Ahora cámbiate de vestido. El otro sigue siendo infinitamente mejor.
—Hace diez minutos que ni siquiera me estás mirando.
—Puedo pensar en acostarme con Kai y juzgar vestidos al mismo tiempo. Soy una mujer con muchos talentos.
Niega con la cabeza y desaparece detrás de la cortina.
Yo cojo el móvil y miro la hora.
Quedan cinco días para nuestra clase de surf.
Cinco días en los que pienso comportarme como una adulta responsable y recordar que Kai Harlow es mi jefe, que acostarme con él sería una pésima idea y que ni siquiera sé si él está interesado.
Aunque recuerdo perfectamente cómo me miró aquella primera noche.
Y cómo me mira algunas veces cuando cree que no me doy cuenta.
Sonrío para mí misma.
No pienso dar el primer paso.
Pero si Kai lo da, no estoy segura de querer apartarme.