Más que un verano con el jefe (Mucho más que jefes 2) 2
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Kai

—No.

Nash levanta la vista desde el otro lado de mi escritorio.

—Ni siquiera has terminado de leerlo.

—No necesito terminarlo.

—Llevas treinta segundos con el currículum.

—Han sido suficientes.

Dejo las dos hojas impresas sobre la mesa y las empujo hacia él. Nash ni siquiera se molesta en cogerlas.

Vuelvo a mirar el currículum.

Wendy Collins, treinta y un años, Nueva York.

La fotografía de la esquina muestra a una mujer rubia, de ojos claros y una sonrisa enorme. Parece simpática. Muy simpática, de hecho.

El problema empieza justo debajo.

Ha trabajado los últimos años como encargada en un restaurante de Manhattan, antes fue camarera en otros dos establecimientos, asistente administrativa durante seis meses, dependienta en una librería, niñera para varias familias mientras estudiaba y monitora de actividades infantiles en un centro comunitario.

También empezó una carrera universitaria que no terminó.

Y, por algún motivo que se me escapa, tiene cursos de fotografía, diseño de interiores y nutrición.

Vuelvo a levantar la mirada.

—¿Esta es tu recomendación?

—Es la mejor amiga de Mila.

—Eso no responde a mi pregunta.

—A mí me parece que sí.

Me recuesto en la silla.

—Necesito una persona que cuide de mi hija, Nash. No alguien que todavía esté intentando decidir qué quiere ser de mayor.

—Tiene experiencia cuidando niños.

—Hace años.

—Los niños no han cambiado tanto desde entonces.

—No estamos hablando de niños, estamos hablando de Imogen.

La sonrisa desaparece ligeramente de su cara.

Sé que estoy siendo difícil.

También sé que me da igual.

María lleva con nosotros desde que Imogen tenía tres años.

Conoce sus horarios, sabe qué le gusta comer, cuándo necesita que la dejen tranquila y cuándo está a punto de hacer alguna trastada aunque ponga cara de absoluta inocencia.

Nunca he tenido que preguntarme si mi hija está bien cuando se queda con ella.

Y ahora María necesita pasar el verano en El Salvador.

Por supuesto que le he dicho que vaya. Su madre lleva meses con problemas de salud y su familia la necesita. Ni siquiera me plantearía pedirle que se quedara.

Pero eso me deja con un problema considerable.

Dentro de pocos días empiezan las vacaciones escolares y yo dirijo uno de los resorts más grandes de la costa oeste.

No puedo improvisar con la persona que va a cuidar de mi hija.

—Mila confía en Wendy —insiste Nash—. Y yo confío en Mila. Venga, dale una oportunidad. Te va a encantar.

—No necesito que me encante. Necesito que sea responsable.

—Una cosa no excluye la otra.

Señalo el currículum.

—Ha cambiado de trabajo siete veces.

—Tiene treinta y un años. Siete trabajos tampoco son tantos.

—Y dejó la universidad.

—¿Y eso qué tiene que ver con que sea capaz de cuidar de Imogen?

Nada.

Sé que estoy juzgándola sin conocerla y que un currículum de dos páginas no dice demasiado sobre una persona, pero estamos hablando de Imogen. No hay nada en el mundo que me importe más que mi hija.

Cuando Olivia y yo nos separamos y acordamos que Imogen viviría conmigo, tomé una decisión: ella sería siempre mi prioridad.

Dejé atrás el surf, las noches que terminaban al amanecer y esa vida en la que podía hacer lo que me diera la gana sin tener que pensar en nadie más.

No fue un sacrificio. Ni siquiera lo sentí como tal.

Simplemente dejé de ser el centro de mi propia vida porque ese lugar pasó a ocuparlo ella.

Desde entonces, prácticamente todas las decisiones importantes que tomo empiezan y terminan en la misma pregunta: ¿es lo mejor para Imogen?

Así que sí, puede que esté siendo injusto con Wendy Collins.

Pero elegir a la persona con la que voy a dejar a mi hija durante horas cada día no es precisamente una situación en la que me apetezca concederle a alguien el beneficio de la duda.

Sin embargo, conozco a Mila. Sé que puedo confiar en ella y que jamás pondría a Imogen en manos de alguien que no considerara adecuado. Así que supongo que puedo dejar a un lado mis prejuicios y confiar en su criterio por una vez.

Exhalo despacio y vuelvo a mirar el currículum.

—Está bien. Que venga.

Nash sonríe.

—Menos mal.

Frunzo el ceño.

—¿Por qué dices eso?

—Porque Mila ya le había dicho que el trabajo era suyo.

Levanto lentamente la mirada.

—¿Antes de hablar conmigo?

—Ya sabes que es una mujer con mucha confianza en sí misma.

—Eso no es confianza. Es tomar decisiones por los demás.

Nash sonríe.

—También es una mujer muy persuasiva.

—Eso sí te lo concedo.

Vuelvo a mirar el currículum de Wendy y niego con la cabeza. Espero que, además de confianza en sí misma, Mila tenga buen ojo para elegir niñeras.