Más fuerte que el destino CAPÍTULO VII #5
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CAPÍTULO VII #5

—Enseguida llegaré a eso. Como parece que sabes, por los puntos de inflexión saltamos al hiperespacio en un sistema solar para volver al espacio normal en otro sistema; en el que hayamos elegido.

Nuestro destino de viaje puede estar a cientos o incluso a miles de años luz de nuestro origen.

De tal forma que para llegar, por ejemplo, de donde estamos ahora a la Tierra, necesitaríamos miles de años por traslación convencional en el espacio normal y a la velocidad a la que ahora vamos.

Sin embargo, si llegásemos al punto de inflexión, saltaríamos en él al hiperespacio, para luego volver a salir al espacio normal cerca del Sol. Luego haríamos lo que hacemos ahora; desplazarnos por traslación convencional desde el punto de inflexión del "sistema Sol" hasta la Tierra.

Lo curioso es que estos pequeños trayectos en el espacio normal, por ejemplo de Oldrán al punto de inflexión, nos costarían mucho más tiempo que llegar del sistema Sirio al sistema del Sol; porque la traslación por el hiperespacio es prácticamente instantánea.

La Galaxia está llena de puntos de inflexión.

Todos los sistemas solares tienen uno o varios.

Con los siglos, hemos llegado a cartografiarlos en mapas estelares; al menos, los del sector explorado de la Galaxia.

Hemos conseguido desplazarnos por el espacio de un sistema a otro de forma rutinaria, como si fuésemos de una estación de los antiguos metros de la Tierra a la otra.

Mira, Diana... esto de los metros no sugiere una comparación para que me entiendas.

En las antiguas ciudades, la superficie sería el equivalente al espacio normal, en el que las distancias son enormes y cuesta mucho tiempo desplazarse; el lugar en el que realmente vivimos.

Los túneles del metro serían el hiperespacio, un lugar sin luz ni vida, que sólo se utiliza para desplazarnos rápidamente de un punto a otro de la superficie; del "espacio normal".

Y, por fin, las bocas del metro serían los puntos de inflexión.

—Buena comparación aunque, más o menos, eso ya lo sabía. Pero... ¿qué son en tu ejemplo las "ventanas al infinito"?

—Bocas del metro abiertas a un entramado desconocido de túneles.

A una red suburbana de la que ni siquiera se sabe si se puede volver de nuevo a la superficie; al espacio normal.

En ese metro inexplorado uno no sabe a dónde se dirige, ni a dónde va a salir; si es que sale...

Quizás, al introducirte en él, te condenes a vagar para siempre por sus túneles oscuros y sin vida.

Como decía Louis, a permanecer eternamente en el hiperespacio...

Como supondrás por la comparación, Diana, las ventanas al infinito son físicamente similares a los puntos de inflexión. Si, en ellas, una nave genera a su alrededor los adecuados campos electromagnéticos también salta al hiperespacio. Pero ya jamás podrá controlar su destino dentro de éste.

Sólo los puntos de inflexión son útiles para la navegación hiperespacial. En ellos, sabemos por dónde entramos y sabemos qué hacer para salir por donde queremos. Pero en las ventanas esto es imposible; por eso no se usan para viajar por la Galaxia.

Como decía Lisa, ninguna nave tripulada ha "saltado" jamás en una ventana y las sondas sin tripular que se han enviado por ellas nunca han vuelto a un sistema solar conocido.

Esto lo sabemos porque las sondas iban dotadas con potentes balizas de localización.

Nuestra flota las buscó por toda laparte investigada de la Galaxia; inútilmente...

Algunos físicos dicen que se sale del hiperespacio al azar; tal vez muy lejos del sector explorado de la Galaxia, tal vez en otra Galaxia...

—Tal vez, incluso, en otra época o, tal vez, no se salga jamás del hiperespacio, como decías... —apuntó Lisa.

—Tal vez... —tuvo que reconocer Robert.

—Pero, aunque salgáis, cosa que dudo... —volvió Lisa a la carga—.

Si lo hacéis fuera del sector explorado de la Galaxia, o en otra Galaxia, estáis perdidos.

Al no estar allí cartografiados los puntos de inflexión, no los podréis utilizar para volver al hiperespacio y buscar nuevos sistemas con planetas habitables.

Igual sucede si aparecéis en el vacío del cosmos; entre dos sistemas solares o entre dos galaxias.

Os encontraréis a cientos, a miles, tal vez a millones de años luz de cualquier planeta habitable.

Pensad que no podéis pasar años buscando un mundo en el que vivir.

No dispondréis más que de un mes o dos para hacerlo; el tiempo que os durará el oxígeno en la Keops.

En resumidas, tenéis que tener la suerte de salir entre los planetas de un sistema solar. Además, aun siendo así, podéis aparecer demasiado cerca de su estrella, abrasándoos; o dentro de un campo de asteroides muy denso, estrellándoos.

—Las posibilidades de resurgir dentro de un sistema solar, en lugar de en el vacío interestelar, son de una entre un millón —sentenció John, participando por vez primera en aquella puja de pesimistas.

Louis le tomó el relevo.

—Pero, aunque tengan esa suerte, lo más posible es que ese sistema no tenga planetas habitables.

Como Lisa ha dicho, tenéis que "acertar" a la primera.

No puede haber una segunda oportunidad. No podréis volver al hiperespacio a buscar otro sistema, porque en una zona no cartografiada desconoceréis los puntos de inflexión.

Como sabes, Robert, sólo una estrella de cada cuatro tiene sistemas planetarios. Y sólo un planeta cada cien es habitable por seres humanos. Ya no sólo es que su clima, gravedad y atmósfera sean compatibles con la vida; es que, además, debe haber comida en ese mundo.

A muchas colonias, ahora habitadas, hubo que llevar ganado y semillas para sembrar desde la Tierra, o desde otra colonia que ya las tuviese.

Vuestro hipotético planeta, además de ser habitable, tiene que tener vegetación y animales.

Cuando menos, vegetación; y ésta ha de ser parcialmente comestible.

Os deberéis arriesgar a probarla, con peligro de envenenaros.

En ese mundo, no debe haber microbios patógenos pues, aunque seas médico, no tenéis laboratorios ni medicamentos. Nadie os podrá ayudar...

—Sólo Dios... creo que es más que suficiente —respondió Robert.

—En fin, Robert... me parece que es inútil que te hablemos de vuestras posibilidades matemáticas de sobrevivir saltando por una ventana al infinito... ¿verdad? —preguntó Lisa.

—Completamente inútil —respondió Robert firme.

—Lo vas a intentar... ¿me equivoco?

—No, chata... me conoces demasiado bien. Lo voy a intentar.

—Que Dios os ayude.

—Eso espero...

Diana intervino en la conversación.

—Por desgracia, ahora sí tengo muy claro lo que es una "ventana al infinito". Robert, es una locura... Ellos tienen razón. No tenemos ninguna posibilidad.

—Eso o la muerte. Es nuestra única opción —contestó Robert.

—Hay otra opción, la rendición. Tú has hecho todo lo posible.

—Si quieres que te conteste no vuelvas a empezar con eso. Mi destino está unido al tuyo, en la vida o en la muerte. Ya te lo he dicho; y no tengo ganas de repetirlo —respondió Robert, ya algo harto de la conversación.

—¿Te das cuenta de que nunca llegaremos a saber si habéis tenido éxito? —preguntó Iridu amargamente.

—Lo sé... pero no lo dudéis. Lo tendremos.

—Sería un milagro —opinó Diana.

—Yo creo en los milagros, Diana; conocernos ha sido uno de ellos. No puede habernos pasado esto para nada; lo nuestro tiene que tener un sentido. Sé que lo conseguiremos; aunque tengamos una posibilidad entre un millón.

—Quisiera tener tu fe, Robert. En fin... ojalá tengas razón —dijo la muchacha, rindiéndose ante el optimismo del hombre que amaba.

—Mensaje del Hércules —informó la agradable voz de Julia.

—Transcríbenoslo, por favor —solicitó Robert.

—Inmediatamente...

"Crucero de combate Hércules a Keops:

Agotado el plazo del ultimátum sin observar señales de rendición, enviamos a los cazas T-26 en su persecución.

La nave auxiliar con los rehenes a bordo deberá abandonar la Keops y dirigirse al encuentro de este crucero estelar, ignorando la presencia de los cazas con los que se cruzará.

Insistimos en que los rehenes deben abandonar la Keops de inmediato pues, en caso contrario, su vida correrá grave peligro, ya que los cazas tienen orden de interceptar a la nave fugada haciendo uso de todos los recursos.

La nave auxiliar tiene diez minutos para separarse de la Keops; si no lo hace, abriremos también fuego contra ella. Si después de veinte minutos más la Keops no cesa en su huida, los T-26 lanzarán los misiles nucleares en su persecución".

Robert miró a sus compañeros con gesto grave.

—Por una vez, ese cerdo de Omar tiene razón —les dijo—.

Si no os vais pronto en la nave pequeña podéis morir.

Está claro que los cazas no se atreverán a disparar contra la Keops hasta que la nave auxiliar se haya cruzado con ellos, rumbo al Hércules.

La dirección inteligente de sus misiles podría ser atraída por el calor de los propulsores de la nave pequeña en lugar de por los de la Keops.

—¿Y tú crees que a ese cabrón le importan nuestras vidas? —preguntó Iridu conociendo previamente la respuesta.

—Seguro que no. Pero le importará malperder sus misiles haciéndolos estallar contra vosotros. Además de que valen una fortuna, los cazas llevan muy pocos. Si los malgastase, luego no podría evitar nuestra huida —respondió Robert.

—Esa sí es una buena razón para él...

—Llevad la nave auxiliar hacia el Hércules lo más despacio posible para retrasar el momento de cruzaros con los cazas, después del cual dispararán contra nosotros. Eso nos dará a Diana y a mí unos minutos preciosos para alcanzar la ventana al infinito.

—Sí, eso haremos... —respondió Iridu sin poder disimular la tristeza que le producía la inminente separación de su mejor amigo.