CAPÍTULO VII #3
—Eres la más adecuada. Las mujeres tenéis más cuento que nosotros —afirmó Joao con ganas de bromear, a pesar de la delicada situación en la que todos se encontraban.
—Sí... son mejores a la hora de engañar —le apoyó Robert.
—Machistas asquerosos... En fin, tendré que hacerlo. Julia, comienza a transmitir:
"Tripulantes de la astronave Keops al crucero de combate Hércules.
Hemos sido hechos prisioneros por nuestro antiguo comandante, Robert Hackman, y por la alienígena que le ha seducido utilizando un cuerpo idéntico al de la geóloga Diana Williams, fallecida en el accidente de la nave científica Piscis.
Aprovechando un lamentable momento de descuido, ambos se apoderaron de sendas armas de fuego con las que nos amenazaron, librándose así del cautiverio al que les teníamos sometidos por orden de las autoridades de Nueva Ucrania.
Posteriormente, se apoderaron de la nave, obligándonos a rendirnos y a entregarles nuestras armas.
El peligroso psicópata en el que se ha convertido Hackman amenaza con asesinarnos si el Hércules abre fuego contra nuestra nave o si nosotros no le ayudamos en las operaciones de navegación necesarias para su huida."
Lisa se detuvo, casi sin poder contener la risa, tragó saliva y continuó, sin dejar de mirar a Robert.
"Nos estamos viendo obligados a acatar sus órdenes, pues somos conscientes de que un asesino como él cumplirá su promesa.
El brillo paranoico de su mirada nos asusta. Su cerebro ha sido dominado por la peligrosa alienígena que también nos amenaza con su arma".
Robert tampoco fue capaz de contener su risa, a pesar de lo dramático de su situación.
—No te pases... Si sigues exagerando tanto no se lo van a creer —le dijo.
—¿Tú crees? Está bien, Julia, no transmitas lo último —ordenó la muchacha.
—Hasta lo del brillo asesino de mi mirada has estado bastante bien; pero ahí te has pasado.
—Bueno, seguiré más moderada...
—Lo que más me hace dudar de que se lo crean es lo extraño que les va a resultar que ahora nos llaméis asesinos, cuando en la primera transmisión no hicisteis más que defendernos —dijo Robert.
—Pero tenemos que hacerles creer que sois capaces de matarnos si atacan la Keops. Si no, el mensaje es una pérdida de tiempo.
—Sí... eso es verdad. Pero les va a resultar increíble.
—No necesariamente. Pueden pensar que, al principio, nos engañasteis con vuestras intenciones y que ahora, al ver cómo nos amenazáis de muerte, hemos comprendido cómo sois en realidad.
—No sé... quizás se lo traguen. En fin, tú sabrás cómo lo haces.
—Bueno, Julia... voy a seguir con la transmisión. No la mandes hasta que esté acabada, por si a los demás les parece que es mejor modificar algo.
—De acuerdo, Lisa. Cuando quieras —aprobó la computadora.
La muchacha continuó con su “angustiado” mensaje.
"Por favor, Hércules, no dispare contra esta nave. Lo suplicamos, no sólo por salvar nuestras vidas, sino ante todo por el interés y seguridad de nuestra civilización, de toda la Liga Interplanetaria."
Todos se miraron sorprendidos por sus ilógicas palabras.
—¿Qué demonios se le habrá ocurrido inventar? —se preguntó Robert perplejo.
Lisa prosiguió con sus palabras.
"Si morimos, se perderá con nosotros una valiosísima información acerca de los peligrosos alienígenas de Oldrán. Su conocimiento por parte de las autoridades es vital para la supervivencia de la Liga Interplanetaria; de las civilizaciones humana y cheviana.
No podemos transmitir tan importante información en este mensaje por su complejidad científica y porque nuestros secuestradores censuran su contenido.
Sólo podemos afirmar que no es suficiente con destruir Oldrán para librar a nuestra civilización de la terrible amenaza.
Únicamente con nuestra información es posible acabar con los peligrosos alienígenas.
Ellos son capaces de muchas más cosas de las habladas en la conversación enviada por nuestro segundo oficial, Kurt Heidesger.
Su número real y sus poderes son pavorosos.
En nombre de la humanidad, tómense en serio este mensaje.
Su propia supervivencia está en peligro.
Aborden la Keops sin disparar sobre ella. Esperamos su ayuda. Fin de la transmisión."
—Eso sí ha estado genial, chata —exclamó Robert entusiasmado.
—Se me ha ocurrido conforme hablaba —respondió Lisa.
—Es una idea brillante, porque a los militares seguramente les importe un rábano que vuestras vidas corran peligro; pero tratarán de evitar que las perdáis si creen que verdaderamente tenéis alguna valiosa información sobre los seres de Oldrán —volvió a decir Robert.
—Es cierto —apoyó Joao—. Ellos no saben nada sobre cómo son realmente los alienígenas de Oldrán.
Tal vez piensen que son capaces de sobrevivir a la destrucción de su planeta, al ser inmateriales.
Lo malo será pensar qué nos vamos a inventar cuando el Hércules nos recoja en la nave auxiliar.
A ver qué “valiosa información” se nos ocurre...
—Eso es lo de menos —intervino Lisa—. Nos inventaremos cualquier tontería. Total... no van a poder comprobarla. El asunto es ganar tiempo.
—De acuerdo, pues. Julia, transmite ya el mensaje al Hércules.
—Ahora sólo nos queda esperar a ver si se lo tragan.
Durante más de un cuarto de hora todos permanecieron callados en sus asientos, cruzando los dedos para que aquel truco tuviese éxito.
Mientras, la Keops se dirigía a velocidad de vértigo hacia el punto de salto al hiperespacio.
Sin embargo, el Hércules le seguía los pasos, reduciendo poco a poco la ventaja que la nave escapada le llevaba.
Desgraciadamente, el vehículo militar era más moderno y veloz.
Este cuarto de hora era el tiempo necesario para que el mensaje, viajando a la velocidad de la luz, llegase a la nave perseguidora y, una vez decidida la respuesta por sus ocupantes, ésta volviese a la Keops.
Cuando esto sucedió, la agradable voz de Julia informó a la tripulación:
—Recibida contestación a nuestro mensaje por parte del crucero Hércules. Paso a transcribir su texto completo:
"Crucero de combate Hércules, nave insignia de la 14ª Flota Estelar de la Liga Interplanetaria, a la astronave civil Keops.
Recibido su mensaje y analizado su contenido.
Ex-comandante Robert Hackman, le ordenamos deponga inmediatamente las armas, libere a sus rehenes y entregue el control de la nave al siguiente oficial en el escalafón de mando.
No podemos ceder a su chantaje con las vidas del resto de su tripulación.
La huida de la peligrosísima alienígena sería una amenaza inaceptable para toda nuestra civilización.
La orden del Consejo de Seguridad era clara: ningún alienígena debe quedar libre y con vida.
Les damos quince minutos para que comiencen a desacelerar su nave y permitan nuestro abordaje, rindiéndose sin condiciones.
En caso de que se obstinen en su huida, nos veremos obligados a abrir fuego contra ustedes.
El Hércules va equipado con seis cazas monoplaza del modelo T-26, cada uno de los cuales está dotado con misiles nucleares de persecución inteligente. Si no desisten en su huida, enviaremos a nuestros cazas a interceptar a la Keops.
Hackman, usted sabe que es imposible para su nave escapar de ellos.
Ríndase y evitará la muerte de su antigua tripulación.
Lamentaríamos que por nuestra actuación se perdiesen sus valiosas vidas; sin embargo, éstas son prescindibles si está en juego la seguridad de nuestra civilización.
Si es inevitable, la humanidad agradecerá su sacrificio, recordándoles como a héroes.
Hackman, entréguese y le garantizamos la máxima benevolencia en su castigo.
Sólo estamos interesados en atrapar a la peligrosa forma de vida alienígena.
Usted no nos importa. Yo, el coronel Omar Jerseny, comprometo con mi palabra de militar que su sanción será mínima.
Le garantizo que ni tan siquiera se verá privado de libertad.
Es su última oportunidad, Hackman. Todo ha terminado para usted.
En estos momentos, el Altair y el Atlantis están lanzando sus cargas de antimateria sobre Oldrán.
La alienígena que se hace llamar Diana es el último superviviente de su peligrosa raza.
No estamos dispuestos a consentir que escape; y usted no será capaz de ayudarle a lograrlo.
Diana está condenada y usted, si no ceja en su empeño, sólo logrará acompañarla en la muerte.
No sea estúpido y aproveche nuestra benevolencia. Después, ya no podrá hacerlo.
Coronel Omar Jerseny de la Armada Estelar de la Liga Interplanetaria.
Fin de la transmisión."
—Omar... el hermano del Gobernador de Nueva Ucrania. Sabíamos que estaba al mando de la operación de exterminio contra Oldrán; pero no que volase en el Hércules. Es un psicópata y un sanguinario —comentó Iridu.
—¡Nuestras vidas prescindibles! ¡La humanidad agradecerá nuestro sacrificio y nos recordará como a héroes! ¡Ese loco está dispuesto a matarnos a todos! Tanto teatro no ha servido para nada —se lamentó Lisa.
—Bueno, Lisa... tu idea era buena. Tú has hecho lo que has podido; y lo has hecho muy bien, de verdad. Si no ha resultado, no es culpa tuya —le trató de consolar Robert.
—Será un asesino, pero Omar tiene razón.
No podremos escapar de sus cazas —dijo Diana—.
Robert, ya le has oído; ni siquiera te encerrarán en una prisión.
Si nos rendimos, a ninguno de vosotros os pasará nada.
Voy a entregarme, Robert. Tú has hecho más de lo que nadie hubiese sido capaz de hacer.
Te lo agradeceré eternamente, si es que vuestra religión es cierta y, de alguna manera, mi ser no se desvanece en la nada.
Lo mismo puedo decir de todos vosotros; sois los seres más maravillosos del Universo pero, por eso mismo, no puedo consentir que perdáis la vida por mi culpa.
—Qué poco le conoces a Robert, aunque le quieras de verdad.