Más fuerte que el destino CAPÍTULO IV #14
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CAPÍTULO IV #14

—Y por fin, queda el tercer plan —prosiguió Diana—. El único bueno y el que espero que tú apoyes. Aunque no tengo derecho a pedírtelo.

—Primero he de conocerlo. Aunque me lo imagino...

—Sí; es bastante lógico, aunque puede fallar.

Algo ya he empezado a contarte antes respecto a él.

Es el único en el que ni los tuyos ni los míos saldrían perjudicados.

Vosotros no sufriríais ningún daño ni correríais peligro, nosotros sobreviviríamos como humanos el resto de nuestros días y nadie sabría jamás de la existencia de nuestra raza.

—¿Sólo tú propusiste ese plan?

—Sí, pero Alan terminó apoyándolo. Ya te imaginas en qué consiste... ¿verdad, Robert?

—Creo que sí... Haceros pasar para el resto de vuestra vida por quienes habéis "copiado".

—Exacto; al menos durante un tiempo —admitió Diana—.

Saldríamos de Oldrán como la verdadera tripulación de la Piscis, rescatada por vosotros.

Después cada cual iría a su casa, con su familia, con sus amigos.

Quizás sea inmoral engañarles, suplantar la personalidad de sus seres queridos.

Por eso reconozco que no es un buen plan, pero al menos es el mejor.

Yo no tendría necesidad de hacerlo, ya que Diana Williams no tenía parientes directos.

Sus padres murieron, era soltera y no tenía pareja.

Solo tenía una hermana que vive en una colonia de otro sistema solar y a la que veía cada cinco o seis años.

Por eso yo no tendría que hacer ningún teatro y podría quedarme directamente a vivir contigo, en Nueva Ucrania.

Si tú quisieses podría trabajar como geóloga planetaria; pedir como la verdadera Diana Williams un traslado de destino para ejercer en ese planeta.

Sabes que en Nueva Ucrania hay universidades importantes y yo tengo todos los conocimientos de la auténtica Diana, gracias a su cerebro.

El fraude para mí no resultaría inmoral, pero para los demás tal vez sí.

Ellos, según su conciencia, podrían optar por mantener las apariencias y vivir para siempre con las familias de sus suplantados, conservando sus mismas costumbres y haciendo sus mismos trabajos, para los cuales estarían capacitados gracias a los conocimientos de sus cerebros.

Por el contrario, podrían decidirse por continuar con ese teatro solamente durante un tiempo, para no levantar sospechas, y después abandonar a quienes les conocían y vivir solos en algún otro lugar.

Es difícil opinar sobre qué es más inmoral; continuar con el engaño o abandonar a quienes te quieren.

—Pero a alguno de los otros cuatro le pueden descubrir —interrumpió Robert.

—Sí... lo sé. El plan puede fallar porque alguno de ellos no pueda mantener este teatro, o desde el principio no lo sepa hacer.

Es muy posible que sus familias o amigos descubran la diferente personalidad.

Ten en cuenta que somos muy parecidos de carácter a nuestros "modelos", pero no somos "ellos" al cien por cien.

Por eso Igor no quiere aceptar mi plan; está seguro de que sería un fracaso.

Pero yo pienso que, sin ser bueno, es el mejor. ¿No te parece, Robert?

El comandante de la Keops pareció dudar.

—Sí... no es perfecto, pero es la única solución aceptable para que vosotros sobreviváis sin que se descubra la existencia de vuestra raza y sin que mi tripulación sufra ningún riesgo. Una vez que se ha llegado a este punto, es el único camino que nos queda.

—Entonces... ¿nos ayudarás? —preguntó Diana.

—Sí... lo haré. Puede salirnos mal; pero al menos lo intentaremos.

Estoy dispuesto a hacerlo únicamente por ti, por lo que te quiero; y porque no deseo que se sepa de la existencia de vuestra raza.

Como bien dices, eso podría llevarla a su exterminio y esto sería completamente injusto.

Tus antiguos congéneres tienen derecho a la vida.

Todas las criaturas creadas por Dios lo tienen.

—Eres tan bueno, Robert...

—No... sólo procuro ser justo. Pero si tengo que cargarme a alguno de tus compañeros, lo haré sin el menor remordimiento.

Quiero que entiendas que lo hago por ti, no por ellos.

Los demás de tu grupo sólo son unos asesinos en potencia.

Están dispuestos a matar inocentes para sobrevivir ellos; y el que está dispuesto a matar también debe estarlo a morir.

No vacilaré en acabar con ellos si es necesario porque no tienen derecho a la vida.

No voy a arriesgar a mi tripulación por esos hijos de perra. Eso lo tengo muy claro.

—Te comprendo, Robert. Debes pensar así. La Keops y su tripulación son tu responsabilidad. Sé que harás lo que consideres más justo.

—Háblame de los demás, Diana. Debo saber todo lo posible sobre ellos.

—Después de Igor, que es el verdaderamente peligroso, hay otros dos que pueden darnos problemas, Mark y Giordano. Parecen seguir plenamente las opiniones de Igor; pero tienen una personalidad menos fuerte que éste. Si convencemos al falso ruso de nuestro plan, no nos crearán dificultades.

—Y... ¿si no le convencemos?

—Nos darán problemas. En la reunión votaron a favor de asesinar a toda la tripulación de la Keops.

—Lo tendré en cuenta... ¿Y el otro... Alan...?

—Él es bueno; no tienes que temerle. Alan no desea haceros ningún daño; sólo quiere vivir como humano el resto de sus días.

Piensa que ya se considera de vuestra raza y sería incapaz de matar a uno de vosotros.

Es extraordinariamente feliz con su nueva naturaleza y únicamente desea vivir para disfrutarla.

Ya te he dicho que fue él quien propuso el plan de secuestraros sin mataros. Es más, quería hacerlo descargando previamente las armas que debíamos robar para amenazaros. De esta forma, si surgiesen problemas, nunca podríamos disparar con fuego real sobre vosotros.

—Pero así podríais fracasar, o morir...

—Sí, ya lo sé. Pero Alan tiene un alto sentido de la justicia.

Piensa que nosotros ya estábamos previamente condenados a muerte.

Si consiguiésemos librarnos de nuestro fatal destino, esa suerte que habríamos tenido, pero si no, tendríamos que resignarnos a él.

Según Alan no tenemos nada que perder y sí mucho que ganar; pero en ningún caso es justificable asesinar inocentes para salvarnos nosotros.

Además, cuando yo propuse mi plan de mantener la suplantación de personalidad en lugar de secuestraros, Alan me apoyó entusiasmado.

Le pareció mejor idea que la suya. —Bueno...

si es sincero estará de nuestra parte —dijo Robert—.

De todas formas, en vuestro grupo, sois dos contra tres.

¿Se ha votado definitivamente el plan a seguir?

—Sí...

—Y, claro... habéis perdido.

—Sí... —reconoció la muchacha con un suspiro resignado.

—¡Perfecto! —exclamó Robert irónico.

—Pero, si saben que ahora contamos con tu ayuda, yo tal vez pueda convencer a los otros tres de cambiar de planes.

—Ya veremos... La verdad, lo pongo en tela de juicio. Caso de que se llegue a la violencia... ¿crees que Alan nos ayudará? —preguntó Robert.

—No lo sé... Sólo estoy segura de que no hará nada contra vosotros. El problema es que Alan es una persona de muy débil carácter. Ha asumido parte de la personalidad de un humano colonial que, al parecer, era un hombre tímido, asustadizo y poco decidido.

No nos dará problemas, pero tal vez no nos servirá de gran ayuda.

—¡Pues qué bien! —se lamentó Robert—. Vamos a tener graves dificultades con los demás de tu raza y, tal vez también, con algunos de la mía.

Tenemos que ser astutos y llevar adelante nuestro plan sin violencia.

Si llegamos a ella, las cosas se nos irán de las manos y será muy difícil mantener la suplantación de personalidad delante de los míos.

Si descubren la verdad sobre vosotros, informarán a las autoridades de la Liga y vuestra raza correrá grave peligro.

Por eso, sólo debemos emplear la fuerza como último recurso; si Igor no nos deja otra opción. ¿No te parece?

—Sí... es la única manera de que todo salga bien —admitió la chica.

—Para eso tienes que conseguir convencer a Igor y a los otros dos de seguir nuestro plan.

Respecto a mi tripulación, ninguno debe saber nunca la verdad.

Sólo Lisa e Iridu mantendrían el secreto y nos ayudarían si la supiesen; porque son dos magníficos amigos y tienen un elevado sentido de la justicia.

—La chica y el cheviano... ¿verdad? —preguntó Diana.

—Sí, ellos.

—El lagarto es muy simpático y parece un buenazo —opinó la muchacha—. Es el único con el que me he atrevido a hablar, aparte de contigo. A Lisa se le ve que te quiere mucho y te ayudaría llegado el caso.

—Sí, seguro que lo haría; igual que Iridu. Pero no quiero implicarles en este lío. Lo que vamos a hacer, además de peligroso, puede tener graves consecuencias legales en mi civilización. Podría arruinar sus carreras e incluso sus vidas.

—Es cierto... —admitió Diana—. Debemos ocultarles la verdad. Es lo mejor para ellos; pero... ¿te das cuenta de que tú también puedes arruinar tu vida y tu carrera por mi culpa?

—Diana... tú eres mi vida. Ahora siento que no he comenzado verdaderamente a vivir hasta el día en que te conocí. Tú eres mi mayor razón de existir.

Respecto a mi carrera... ¡me importa un comino!

Nunca he sabido exactamente lo que quería hacer en la vida.

De hecho, estudié la carrera de medicina para no ejercerla nunca.

La llamada del Cosmos fue más fuerte para mí.

Podré vivir aunque no esté en el Cuerpo de Rescate Espacial.

Hay muchas maneras de trabajar fuera de la Tierra; de disfrutar de las maravillas del Universo que nos rodea.

No voy a arruinar nada por hacer esto. Sólo puedo imaginar la vida junto a ti. Lucharé hasta la última gota de mi sangre para salvarte. Si fracaso, si tú mueres, no quiero seguir viviendo. O sea... ¡no vuelvas a hablarme de lo que me arriesgo a perder por ti!... ¿De acuerdo?

—De acuerdo, Robert. ¡Te quiero! ¡Te quiero tanto!

Se besaron de nuevo, abrazándose con infinita pasión.