Más allá del ruido (Fuera de foco nº 2) Capítulo 17
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Capítulo 17

A David las palabras de Ruth se le quedaron grabadas y supo que tenía a su lado a una mujer excepcional, una mujer que lo amaba como nunca antes habría podido imaginar. Pero saberlo y ser capaz de darle lo que ella merecía eran dos cosas que él no lograba encajar.

Durante la comida en casa de Mara intentó mantenerse tranquilo.

Era la primera vez que llevaba a Ruth a casa de su hermana y no quería que pudiera existir tensión de ningún tipo.

Pero, durante las dos horas que estuvieron allí, lo único que David escuchó fue a Mara preguntándole una y otra vez qué le habían dicho, qué tratamientos le habían propuesto y, por supuesto, dándole todo tipo de ánimos y consejos mientras restaba importancia a cualquier cosa que ella anticipara que a él le podía preocupar.

—Porque lo importante, David, es que tú estás bien.

Repitió tantas veces esa frase que ahora, casi un mes después, mientras esperaba a que su mánager entrara por la puerta para cerrar con él unos contratos, la voz de su hermana seguía retumbándole en la cabeza.

Porque, si había algo que David no se sentía, era bien.

Había intentado disimular, especialmente por Ruth.

Tan solo tres días después de la consulta, habían comenzado las sesiones de montaje musical de la banda sonora.

Ambos se habían trasladado a un estudio de postproducción de sonido en Zúrich.

Primero llegaron los visionados, donde Ruth trabajaba al milímetro junto con el equipo dónde debía entrar la música y dónde era mejor dejar que el silencio respirara.

Después, las pruebas en la sala de edición y, finalmente, David fue parte y testigo del montaje.

David conocía la adrenalina de llenar escenarios enteros, de sentir a miles de personas cantando una canción suya antes incluso de que él acercara la boca al micrófono. Pero ver su música y su voz acompañando a esos personajes en los que Ruth había puesto el alma le pareció otra cosa.

Le pareció pura magia.

Porque allí no había focos ni una multitud devolviéndole la energía.

Allí solo estaban la respiración de los actores, los planos que Ruth había peleado durante meses y esa melodía suya, junto a su voz, entrando despacio, hasta encontrar el lugar exacto donde la música se convertía en un diálogo más, en un lenguaje universal capaz de traspasar la pantalla.

Y la emoción que sintió y la que vio reflejada en los ojos de Ruth y en todo el equipo cuando vieron, escucharon y sintieron el resultado final fue una de esas sensaciones que supo que se quedarían con él para siempre.

Y es que Ruth había conseguido de él cosas inimaginables incluso para él mismo, no solo al crear esa banda sonora gracias a su confianza y a toda la ayuda que le había ofrecido su equipo, incluido Lars, tenía que reconocerlo.

También había conseguido que asistiera durante días a reuniones de trabajo con él sin levantarse a mitad de ninguna.

Que escuchara sus opiniones sobre la película sin sentir que cada palabra venía cargada de una amenaza.

No habían sido amigos ni probablemente lo serían jamás, pero el último día de montaje, después de una comida con el equipo de la película donde celebraron el resultado, Lars se acercó a él antes de marcharse.

—Me alegro de que hayas encontrado a Ruth igual que yo encontré a Lena. Ahora te toca saber quererla —le había dicho, ofreciéndole la mano.

David había apretado su mano y había asentido.

Porque no supo qué más contestar.

Porque, al levantar la cabeza, la vio a ella al otro lado del restaurante, jugando con la bebé de Lena y Lars, haciéndole pedorretas y poniendo caras absurdas para hacerla reír.

Y vio cómo Ruth sonreía de una forma distinta cuando tenía a un niño en brazos.

Con una luminosidad que a su lado terminaría perdiendo.

Entonces la frase de Lars cobró un significado especial.

Saber quererla.

Y tenía razón. Lo único que Ruth merecía era que la quisieran.

Y que la quisieran bien. Y eso él no podía hacerlo.

No al menos como ella merecía. No si tenerlo a su lado significaba renunciar a una parte de sí misma.

No si algún día la convertía otra vez en una mujer que dejaba sus deseos en segundo plano por un hombre que no podía darle lo que quería.

No si, en el caso imposible de que pudieran tener hijos, ambos tendrían que vivir con el terror de haberles dejado una carga genética de la que jamás podría protegerlos.

Por eso ahora, cuando él estaba a punto de comenzar su gira y ella iba a meterse de lleno en la promoción de Eternity por España, Francia e Italia, cuando Safien quedaría atrás durante semanas y el mundo volvería a abrirse entre ellos con aeropuertos, hoteles, ruedas de prensa, conciertos y alfombras rojas, David había decidido que tenía que hacerlo, por mucho que doliera, por mucho que ella no lo entendiera y por mucho que él mismo supiera que, al hacerlo, iba a traicionar a la única mujer que había amado de verdad y la única vida que, gracias a ella, había deseado vivir.