Más allá del odio. CAPÍTULO 59
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CAPÍTULO 59

Qué bonito es querer — Manuel Carrasco

Terminar los exámenes es una liberación, pero cuando salgo del último no pienso en notas ni en vacaciones, sino en todo lo que ha cambiado mi vida en estos últimos meses.

Cuando llegué a Brakenhall, solo tenía treinta y dos dólares en mi cuenta, una bolsa vieja y el firme convencimiento de que si bajaba la guardia, el mundo volvería a romperme.

Tenía miedo de esta nueva etapa tan desconocida para mí. Creía que no iba a encajar aquí. Sin embargo, ahora camino por este campus y siento que por fin he encontrado mi lugar.

Sonrío cuando atravieso la puerta del periódico universitario. Alan está trabajando en uno de los ordenadores y levanta la vista al verme.

—Mirror —me saluda sonriente.

—Hola, jefe.

—Enhorabuena —me felicita señalando un ejemplar impreso del periódico—. No has escrito sobre el campeón de Brakenhall, has escrito sobre el chico que hay detrás.

No puedo evitar sonreír, porque tiene razón. No ha sido un artículo sobre una leyenda universitaria, sino sobre un chico que pasó demasiado tiempo luchando e intentando ser suficiente para un hombre que jamás iba a quererlo.

—Supongo que he escrito sobre el amor de mi vida —concluyo con una sonrisa idiota, y Alan suelta una carcajada.

—Sí, se nota que has puesto el corazón. Se ve en cada línea —confirma Alan con una mano apoyada sobre el periódico—. Sin ninguna duda, es el mejor artículo que he leído en esta sección desde hace años.

—Gracias —respondo sonrojándome mientras él me entrega un ejemplar impreso.

—La beca del periódico es tuya.

Por un instante me quedo inmóvil. Hace unos meses habría dado cualquier cosa por escuchar esas palabras.

Porque cuando llegué a Brakenhall, necesitaba más que una beca para sobrevivir y luchar por Charlie.

Ahora que está con nosotros, tengo la gran oportunidad de estudiar lo que realmente quiero: Periodismo.

Pero supongo que todo pasa por algo, porque gracias a esa necesidad me esforcé más para entrar en el periódico y eso me llevó a Axel.

Ahora estoy aquí, con un artículo publicado sobre él y una beca que se suma a la que ya tengo.

Las lágrimas me empañan la vista y bajo los ojos hacia el periódico para disimular la emoción.

—Gracias, Alan.

—No me des las gracias. El mérito es tuyo, Mirror. Te lo has ganado.

Asiento incapaz de decir nada más, porque si abro la boca, probablemente me ponga a llorar aquí mismo.

Así que abrazo el papel contra mi pecho, me despido con una sonrisa y salgo de la redacción.

El aire frío de finales de diciembre me golpea el rostro al pisar el exterior.

Camino por el campus bajo las luces navideñas que decoran algunos edificios y los estudiantes comienzan a marcharse para pasar las vacaciones con sus familias.

No puedo evitar sonreír. Tiempo atrás estaba convencida de que la vida era siempre una sucesión de golpes que solo había que resistir. Ahora sé que también puede sorprenderte, porque, a veces, con resiliencia las cosas cambian para mejor.

Podría ir directamente a casa. Las chicas y los chicos han quedado para celebrar el final de los exámenes, y podría esperar a Axel allí, pero necesito verlo cuanto antes.

Lo encuentro entrenando en el gimnasio. Porque Axel Blackwood no sabe quedarse quieto ni cinco minutos seguidos.

Ni siquiera después de ganar la Fight Night.

Ni siquiera ahora que los ojeadores profesionales se pelean por llevárselo.

Axel está terminando una serie de bíceps con las pesas cuando levanta la vista y me descubre observándolo desde la puerta.

Sonríe, y me siento dichosa porque esa sonrisa solo es para mí y tiene exactamente el mismo efecto que la primera vez que la vi.

Mi corazón se alborota, empieza a galopar como un caballo salvaje y creo que nunca va a dejar de hacerlo cuando él está cerca.

Gracias a él ya no me siento rota ni desconfiada en el amor.

Ya no soy aquella chica, aunque él tampoco es el mismo chico que conocí.

Quizá por eso, mientras camino hacia él con el periódico en mi pecho, siento una sensación que durante mucho tiempo creí imposible.

Paz.

Tranquilidad.

Saber que, después de todo lo que hemos tenido que pasar hasta llegar a aquí, por fin estamos exactamente dónde queremos estar.

—Novata.

—Campeón.

La sonrisa aparece en mis labios incluso antes de llegar hasta él. Dejo el periódico sobre el banco que hay a su lado y lo abrazo. Escondo mi cara en su cuello y cierro los ojos un instante. Porque todavía hay una parte de mí que necesita comprobar que él es real, que todo es real.

Los brazos de Axel me rodean, como si siempre hubieran estado destinados a ser mi lugar favorito del mundo.

—Hola, cariño —murmura sobre mi pelo y sonrío.

—Hola, guapo.

—¿Qué haces aquí? ¿No habíamos quedado en vernos en casa? —me pregunta.

Me separo lo justo para estirar mi brazo y coger el periódico.

—Te he traído algo —le comento y sus ojos grises descienden hasta el ejemplar.

—¿Los papeles para casarnos? —bromea y se me escapa una carcajada.

—¿Casarnos?

—Sí. Pensé que después de ganar la Fight Night y ser el mejor de la MMA de todas las universidades del Estado ya estábamos preparados para todo.

—Qué valiente, Blackwood. Pero me temo que eso de la boda puede esperar.

—¿Para qué esperar novata? —cuestiona y niego entre risas.

—Venga anda, léelo, aunque no sean los papeles que tú quieres —le aclaro risueña.

—Entonces me decepcionas.

—Tendrás que sobrevivir con ello.

—¿Estás segura? —insiste con una sonrisa canalla.

Antes de que pueda responder, me atrae hacia él por la cintura y, sin darme tiempo a reaccionar, sus labios encuentran los míos y el mundo desaparece.

Porque los besos de Axel Blackwood tienen el superpoder de hacer que todo lo demás deje de importar.

Cuando se aparta, apoya su frente contra la mía y se humedece los labios, como si todavía estuviera saboreando el beso.

—Vale —murmura con una sonrisa torcida—. Ahora sí puedes darme lo que has traído.

—Eres imposible —me quejo fingiendo estar enfadada.

—Y aun así sigues besándome con ganas —se jacta.

—Mentira.

—Ah, ¿sí? —susurra contra mis labios.

—Sí —afirmo, y sonreímos.

—Admite que estás loca por mí.

—Solo un poco.

—Algún día te casarás conmigo.

—Puede que algún día —asiento y su sonrisa se ensancha.

Me quedo observándolo y me encanta verlo tan despreocupado, tan libre y tan en paz con la vida liberado de cargar un peso que nunca le perteneció. Le entrego el ejemplar y cuando lo mira, su expresión cambia apenas un instante.

—Léelo —le pido.

Axel se sienta en el banco y abre el periódico con cuidado, tratándolo con delicadeza. Yo me quedo frente a él para observarlo en silencio mientras sus ojos recorren las primeras líneas y espero ver su reacción.

Mientras Axel lee, recuerdo cuando antes escribía creyendo que servía únicamente para contar historias y para narrar hechos.

Ahora sé que escribir es sentir que una parte de mí encuentra por fin su lugar en el mundo.

Y en este artículo he transformado su dolor y sus cicatrices por palabras y sus silencios por verdades.

Para mí, estudiar periodismo, me ha llevado a encontrar mi vocación. Creo que contar historias tiene un poder inmenso que no solo entretiene a los que nos leen, sino que también acompaña, abraza, informa y, en ocasiones, puede cambiar una vida.

Por eso escribo, porque hay personas que merecen ser vistas a través de las palabras y siempre habrá historias que merecen la pena ser contadas.

MÁS ALLÁ DEL ODIO

El verdadero Axel Blackwood

Por Dafne Mirror

Edición especial - Diciembre 2026

Si preguntas en Brakenhall quién es Axel Blackwood, la mayoría de los estudiantes te dará la misma respuesta. Axel es el campeón de la Fight Night, el jugador invicto de artes marciales mixtas y la estrella de la liga universitaria de MMA.

Muchos conocen a Blackwood por ser el chico que siempre llena las gradas cada vez que sube a un octógono. Y no están equivocados, porque la mayoría solo lo conoce por sus victorias.

Yo tuve la gran suerte de acercarme a él para escribir este artículo y conocer también sus cicatrices.

Durante años ha sido fácil admirar al luchador. Lo verdaderamente difícil era comprender al hombre que existía detrás de cada victoria con la presión constante de querer cumplir unas expectativas casi imposibles y con la necesidad de demostrar, una y otra vez, que era un Blackwood.

Este chico, que hoy es motivo del titular del periódico, sacrificó gran parte de su infancia por la disciplina, el esfuerzo y el amor por el deporte.

Es un hermano mayor capaz de arriesgarlo todo por una simple sonrisa de su hermana.

Es un amigo que siempre aparece cuando lo necesitan, incluso en aquellos momentos en los que él mismo apenas consigue mantenerse en pie.

Porque si algo he descubierto durante estos meses, es que para Axel Blackwood nunca se ha tratado de únicamente del combate en una jaula.

También ha luchado contra el peso de las expectativas por su apellido y contra esa sensación persistente de no ser suficiente.

Y, aun así, nunca dejó que esa presión definiera quién es.

Axel Blackwood es un campeón y no solo es capaz de llenar las gradas al entrar en una jaula. También es una gran persona cuando los focos dejan de apuntarle.

Es un hombre que esconde un corazón inmenso detrás de una colección de tatuajes, una mirada gris intimidante y una sonrisa arrogante que utiliza para convencer al mundo de que nada puede hacerle daño.

Quise contar su historia porque nunca me han gustado los héroes perfectos, ya que en la vida real no existen. Pero sí están las personas llenas de cicatrices que crecen en la adversidad. Y Axel Blackwood es una de las mejores personas que he tenido la suerte de conocer.

Él es un ejemplo de resiliencia e inspiración para los estudiantes de esta universidad. Este artículo no trata sobre el ganador de la Fight Night.

No cuenta los récords.

No habla sobre el futuro prometedor que le espera. Y tampoco lo hace sobre su apellido o el legado familiar.

Este artículo habla sobre un chico que pasó demasiado tiempo intentando demostrar al mundo que merecía la victoria hasta que comprendió que lo más importante no se consigue sobre la lona de un octógono, se logra cuando aprendes a ser tú mismo, cuando dejas de vivir para cumplir las expectativas de otros y empiezas a construir tu propio camino.

Por eso espero que cuando en Brakenhall se recuerde al campeón que conquistó la Fight Night de la MMA universitaria, también se recuerde al hombre que había detrás de los titulares de la prensa.

Porque con los años, los trofeos terminan acumulando polvo, pero el valor de una persona… eso es lo que realmente deja una huella imborrable.

Mientras Axel lee estas líneas, comprendo que este artículo nunca habló realmente sobre un campeón, ni sobre trofeos, ni de un chico capaz de derribar a cualquiera dentro de una jaula.

Siempre habló del hombre que existía debajo de todos esos títulos, de alguien que pasó media vida convencido de que tenía que luchar para merecer ser querido y que, aun así, nunca dejó que el odio terminara de consumirlo.

Este artículo fue artífice de la causalidad de que dos personas rotas se encontrarán cuando más lo necesitaban y aprendieran que siempre existe otro camino para seguir adelante.

Cuando termina de leer, Axel permanece unos segundos en silencio con el periódico en las manos. Me mira y no necesito preguntarle qué piensa, porque puedo verlo en sus ojos llenos de emoción y en la sonrisa más increíble que una persona puede emitir, desde el alma.

—¿Sabes qué es lo peor? —me pregunta y me muerdo el labio inferior.

—¿Qué?

—Que vas a hacerme llorar en un gimnasio lleno de gente.

Suelto una carcajada y niego para mí. Axel se pone de pie y me atrae hacia él. Respiro para intentar calmar mi frenético corazón y él apoya su frente contra la mía.

—Gracias, novata —susurra esa sonrisa única que solo aparece cuando baja todos los muros. Es auténtica.

—¿Por qué?

—Por verme, más allá del odio.