Más allá del odio. CAPÍTULO 48
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CAPÍTULO 48

Ordinary — Alex Warren

El aula del taller de redacción está prácticamente vacía cuando escribo el punto final. Durante unos segundos me quedo observando la pantalla sin poder creerme que tengo listo el borrador del artículo que tengo que presentar sobre Axel. Suelto el aire lentamente y lo releo por tercera vez.

Dentro de un mes se publicará la edición especial de Navidad de la revista de Brakenhall. La misma que se entregará durante la Winter Gala y, probablemente, leerán estudiantes, profesores, patrocinadores y, quizás, media universidad.

Alan dice que es una oportunidad importante para llamar la atención y que el comité del periódico decida darme la beca. Sonrío porque espero que así sea.

Vuelvo a leer las últimas frases del artículo.

Tengo esperanzas de conseguir la beca complementaria, aunque siento vértigo porque llevo muchos años sobreviviendo.

Porque, durante mucho tiempo, para mí la palabra futuro fue algo parecido a un lujo.

Yo no podía hacer planes ni a corto ni a largo plazo, porque si soñaba demasiado y luego perdía, dolía el doble.

Apoyo la espalda en el respaldo de la silla y pienso en Axel.

Últimamente me ocurre constantemente, parece que se haya colado en todos los rincones de mi cabeza.

Recuerdo la primera vez que lo vi, con esa sonrisa arrogante y esa capacidad casi sobrenatural para sacarme de quicio.

También pienso en que tras un falso envoltorio y la fachada de chico peligroso que todo el mundo ve, yo descubrí lo que intenta esconder, un hombre de otro planeta.

Porque resulta curioso que la mayoría de la gente de Brakenhall vea a Axel Blackwood y piense exactamente en lo mismo. En el prestigioso luchador con tatuajes, puños de acero y fachada peligrosa.

Pero yo conozco al chico que llama cada noche a su hermana para asegurarse de que ha tomado la medicación.

Sé que pelea hasta quedarse sin fuerzas para ayudar a su madre y al que fue capaz de arriesgarse a ser expulsado de la universidad por Charlie.

El Axel que yo conozco jamás presume de las cosas buenas que hace, porque ni siquiera se da cuenta de que son extraordinarias.

Y quizá sea su altruismo lo que más me gusta de él.

Axel es auténtico, leal, bondadoso y desinteresado.

Miro por la ventana. Los árboles del campus empiezan a teñirse de tonos anaranjados y al pensar en las próximas navidades, sonrío.

Porque hace apenas unas semanas la trabajadora social rechazó cualquier posibilidad de acercar a Charlie a nosotros y ahora, que hace unos días el abogado tramitó la petición de acogida con opción de adopción de la madre de Axel, el trámite sigue en marcha.

Las gestiones administrativas continúan.

Puede que todavía quede mucho camino, pero esta vez sí que existe una posibilidad real de tener a Charlie con nosotros.

Y todo empezó gracias a que Axel habló con su madre.

Mi móvil vibra sobre la mesa y sonrío incluso antes de desbloquear la pantalla.

Axel:

Hola, novata.

¿Ya has salido de clase?

Dafne:

Hola, Blackwood.

¿No estabas entrenando?

Axel:

Estoy descansando.

Dafne:

Ahora he quedado con Beatrice y Cloe

para comprar mi disfraz de Halloween.

Axel:

¿Ya has decidido de qué vas a disfrazarte?

Dafne:

No.

Axel:

Quedan tres días para Halloween.

Dafne:

Precisamente por eso voy de compras.

¿Y tú de que te vas a disfrazar?

Axel:

Ni idea novata, pero

pienso hincarte el diente igualmente.

Me río sola, niego para mí y me siento feliz. Sí, esa es la palabra exacta, hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien.

Dafne:

¿Nos vemos luego para cenar?

Esta vez tarda más en contestar, comienza a escribir y deja de hacerlo. Hasta que finalmente me llega su respuesta.

Axel:

Esta noche tengo pelea en el Cuervo.

Mi sonrisa desaparece y creo que la temperatura de mi cuerpo baja varios grados.

Me muerdo el interior de mi mejilla. No me gusta que vaya allí, me pone nerviosa pensar que sea un nuevo combate amañado.

Y es normal que lo piense después de lo que descubrimos en aquel despacho.

Hay alguien que paga mucho dinero para verlo caer.

La idea de que vuelva a entrar en esa jaula me revuelve el estómago.

No nos hemos olvidado de las apuestas contra Axel y de cómo compraron a su adversario, pero tampoco hemos encontrado ninguna respuesta, solo más preguntas. Y mientras intentamos averiguar quién quiere verlo destrozado, la vida sigue. Los tratamientos de Emma llegan y las facturas también.

Axel sigue sintiendo que todo depende de él, y en parte lo es, por eso no puedo enfadarme. Porque sé que él no pelea por orgullo, ni por adrenalina o porque le guste recibir golpes. Axel pelea porque está acostumbrado a cargar con el peso de todo. Mi móvil vuelve a vibrar.

Axel:

¿Estás ahí?

Tengo que contestarle. Cierro los ojos un instante. Hay una parte de mí que le quiere decirle que no vaya, pero sería egoísta. Ahora conozco el motivo por el que va a ese infierno. Así que termino escribiendo lo único que puedo decir.

Dafne:

Ten cuidado.

Su respuesta llega casi al instante. Necesito aferrarme a esa palabra.

Axel:

Siempre.

Quiero confiar en que la suerte estará de su parte esta noche. Porque Axel Blackwood nunca ha sabido cuidar de sí mismo, él solo sabe cuidar de los demás.

Y mientras observo la pantalla del móvil, con el corazón encogido y una sensación extraña instalándose bajo mis costillas, deseo con todas mis fuerzas que esta noche, por una vez, alguien también cuide de él.