Más allá del odio. CAPÍTULO 46
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CAPÍTULO 46

Llevo varios días rechazando llamadas del Buitre, ignorando sus mensajes y diciéndome a mí mismo… no más peleas en el Nido del Cuervo. Las fotos que hice de aquella carpeta siguen guardadas en mi móvil y cuanto más las miro, más furioso me siento.

Mientras tanto, la situación de Charlie no había mejorado. Kael terminó aceptando el dinero que gané en aquella pelea a regañadientes para contratar a un abogado famoso de Boston. Había presentado una solicitud de adopción de Charlie y la respuesta llegó solo dos días después.

Rechazada.

La trabajadora social había descartado cualquier posibilidad de tutela parcial, de acogida temporal o de ampliar las visitas. Así que esta mañana, Dafne, tras recibir la noticia, se había quedado con Kael porque no quería dejarlo solo. Necesitaba el apoyo de su hermana, y ahí estaba mi chica.

Yo he venido a comer con mi madre y Emma al centro de la ciudad. Y, por primera vez en toda la semana, siento que puedo respirar. Después del almuerzo, mientras tomamos café en una cafetería, Emma se queda dormida sobre el regazo de mi madre.

Y, entonces, aparece él.

Nick Blackwood.

Mi padre.

Él nos ve. Se quita las gafas de sol y nos mira cuestionándose si merecemos que pierda un instante de su vida. Se acerca despacio y su vista se fija primero en mí, después, en mi madre y, finalmente, en Emma.

—No la mires así —dice mi madre antes incluso de que él hable.

—Así ¿cómo? —pregunta mi padre arqueando una ceja.

—Como si te molestara que exista.

—Porque me molesta —asegura.

—¿Por qué no sigues tu camino? —le digo.

Mi padre ignora mis palabras y me mira con acritud.

—Llevo días llamándote —me recuerda.

—Lo sé, no quiero hablar contigo —le explico y su expresión no cambia, pero sus ojos sí. Ahora me mira furioso.

—Ayer tampoco peleaste en ese garito al que te gusta ir para pavonearte con nuestro apellido.

Tengo una corazonada, una de esas que te ponen en alerta.

Porque ese comentario es raro. Nadie fuera del círculo cercano del Buitre conoce el calendario de las peleas clandestinas.

Ni quién pelea, ni cuándo… La mayoría de los luchadores descubren a su rival minutos antes de subir a la jaula, porque así es como funciona el negocio en el Nido. Entonces ¿cómo cojones lo sabe él?

—¿Ahora también sigues mis peleas ilegales? —pregunto con ironía y mi padre esboza una sonrisa fría.

—Sigo todo lo relacionado contigo. Y tu carrera se está yendo a la mierda desde que apareció esa chica.

—No empieces —le pido soltando una risa sin humor.

—Lo estás tirando todo por la borda.

—No.

—¿No? —cuestiona dando un paso hacia la mesa para intimidarme. —Estás sancionado y has rechazado dos peleas en el Nido del Cuervo.

Mi corazón vuelve a acelerarse, porque son exactamente las peleas que he rechazado desde que Dafne encontró aquella carpeta. Mi padre continúa hablando, pero ya casi no lo escucho. Porque algo empieza a encajar dentro de mi cabeza y no me gusta nada.

—Te comportas como un idiota. Todo por una chica a la que te estás follando por rebeldía y por querer ser el héroe que la ayuda a conseguir la adopción de su hermanito.

La silla de mi madre chirría contra el suelo, mientras ella sujeta en brazos a Emma.

—Vuelve a hablar así de ella y te juro que te arranco la lengua —le amenaza mi madre y él ni se inmuta.

—Siempre tan vulgar, Ava —afirma con una sonrisa llena de desprecio.

—Y tú siempre tan miserable. ¡Lárgate!

Durante unos segundos se sostienen la mirada, como dos personas que llevan años odiándose. Finalmente, mi padre se ajusta los puños y antes de marcharse se dirige a mí.

—Cuando quieras comportarte como un adulto, llámame.

Se da la vuelta y observamos cómo se aleja. Cruza la cafetería y espero a que desaparezca por la puerta para volver a respirar. Mi cabeza va como una locomotora porque… ¿cómo diablos sabe mi padre sobre las peleas del Nido si es algo prácticamente confidencial?

—¿Es verdad? —pregunta mi madre sacándome de mis pensamientos mientras se sienta de nuevo con Emma en brazos.

—¿El qué?

—Que peleaste por Charlie.

—Sí.

Y entonces se lo cuento todo. Le recuerdo lo que pasó hace dos años y su asombro va en aumento cuando le hablo de la última pelea, del amaño, de las apuestas que hemos descubierto.

También sobre el dinero que conseguí gracias a que se cancelara el combate y lo que tuve que insistir para que Kael contratara a un abogado.

Le explico la batalla que tienen por conseguir la custodia de Charlie y, por último, del rechazo de los servicios sociales tras haber presentado la demanda el abogado. Mi madre escucha sin interrumpirme.

—La trabajadora social dice que necesitan un hogar estable —explico—. Un adulto responsable, con ingresos fijos y tiempo para cuidar del niño. Básicamente, todo lo que dos universitarios no tienen.

El silencio se instala entre nosotros. Mi madre baja la mirada hacia Emma, que sigue dormida sobre su regazo, y entonces vuelve a levantarla hacia mí y me sonríe.

—Creo que puedo ayudarles.

—¿Qué?

—Quiero hablar con el abogado y hablaremos de nuevo con la trabajadora social que lleva el caso de Charlie.

—Mamá… ya tienes bastante con cuidar a Emma —le explico, y me mira como si acabara de decir la estupidez más grande del mundo.

—Axel, soy adulta. Tengo una entrevista de trabajo de contable en una empresa de marketing. Si me contratan, mi economía mejorará y dejaré mi actual trabajo. Además, tengo experiencia criando niños.

—Mamá…

—Axel, cariño. Llevo toda mi vida cargando con responsabilidades. Sé lo que te estoy diciendo.

Su afirmación me deja sin argumentos porque tiene razón. En silencio, lleva la mano a la cabeza de Emma y acaricia el pañuelo mientras su mirada se pierde en la máquina del café. Parece que su mente que se ha ido a un lugar muy lejano.

—¿Sabes qué es lo peor que le puede pasar a Charlie? —pregunta y niego—. Que ese niño tenga que crecer sin el amor de sus hermanos.

Sus palabras me golpean con fuerza porque sé que no está hablando solo de Charlie. También está hablando de mí, de Emma y de todos los años que ella pasó intentando compensar el vacío que dejó mi padre en nosotros.

—Ningún niño debería sentirse solo cuando todavía tiene una familia dispuesta a luchar por él —afirma y asiento.

No soy capaz de responder. Porque, por primera vez desde que empezó toda esta lucha, quizás Charlie tenga una oportunidad real para volver a estar con sus hermanos.