Más allá del odio. CAPÍTULO 41
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CAPÍTULO 41

Axel detiene el coche frente a la residencia, la música de la radio sigue sonando muy bajita. Desde que recibió un mensaje, ha estado más callado que de costumbre. Me giro hacia él, me quito el cinturón de seguridad y me inclino para darle un beso corto, luego otro y después otro más.

—Vas a conseguir que me retrase —murmura sonriendo mientras me acaricia la mejilla con el pulgar.

—¿A dónde vas? —pregunto y Axel suspira.

—Esta noche tengo combate. He de ir a calentar un rato antes.

Mi sonrisa desaparece, trago saliva y sé que no necesito preguntar dónde, pero aun así lo hago.

—¿En el Cuervo?

—Sí.

—Axel… —susurro y noto cómo mi estómago se encoge.

—Escúchame, Daf —me pide y entrelaza sus dedos con los míos—. Lo que gane esta noche puede servir para contratar un buen abogado para Charlie. Así quizá tengamos más posibilidades de traerlo de vuelta.

—No quiero que pelees por mí ni por mi hermano —declaro y él sonríe.

—Ya lo hice hace dos años, y por aquel entonces ni siquiera te conocía —me recuerda y siento que mi respiración se detiene.

—Axel, esas peleas son peligrosas —le digo y su mano abandona la mía para sujetarme la barbilla.

—Novata, te prometo una cosa.

—¿Cuál?

—Que la cara no me la tocan —bromea y no puedo evitar reírme.

—Eres idiota.

—Y guapo, que no se te olvide —Sonríe y me da un beso fugaz—. ¿Vendrás a verme? —me pregunta y asiento.

—Voy a decírselo a Beatrice para que me acompañe.

—Está bien. Te buscaré entre el público.

Mi sonrisa crece un poco más y me besa una última vez mientras abro la puerta.

—Nos vemos luego, novata.

—Cuídate, Axel.

Salgo del coche y observo cómo se aleja. Debo ir; tengo que estar esta noche allí para apoyarlo aunque mi corazón sufra. Axel tiene una fachada de piedra ante quien no lo conoce, pero tiene un corazón que desborda bondad.

Tener un padre autoritario y agresivo, vivir con él y con la presión del apellido no ha debido de ser fácil, pero espero que algún día todas las cadenas que lo atan al apellido Blackwood se rompan y consiga la libertad que merece.

Cuando entro en mi habitación, veo a Cloe tirada en el pequeño sofá que tenemos y a Beatrice sentada a su lado.

—¡¡Por fin!!

—¿Qué? —pregunto y veo a ambas mirarme sonrientes.

—Nada —responde Beatrice.

—Nada —repite Cloe.

—Mentís fatal —aseguro dejando mi mochila sobre mi escritorio y sentándome en el borde de mi cama.

—Solo queremos saber por qué llevas toda la semana sonriendo a todas horas y por qué tus bragas se mojan al pensar en Blackwood —pregunta Cloe.

—Y por qué Axel parece dispuesto a arrancarle la cabeza a cualquiera que te mire más de tres segundos —añade Bea.

Pongo los ojos en blanco, pero sonrío delatando lo mucho que me gusta mi chico.

—Porque puede que me guste más de lo que soy capaz de admitir —susurro.

—Te lo dije —afirma Bea mirando a Cloe—. Axel va en serio con ella, de lo contrario no la habría traído hasta la puerta de la residencia.

—¿Ya te lo has follado? Te aseguro que medio campus ha desfilado por su cama —suelta Cloe sin tacto ninguno.

Trago saliva y no pienso responder ni permitir que ese comentario me afecte. Así que cambio de tema.

—Necesito hablar con Ethan.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Beatrice.

Les cuento, sin entrar en muchos detalles, que Axel quiere pelear para ayudarme económicamente a contratar un abogado y obtener la custodia de Charlie. Cloe no dice nada y se pone a mirar el móvil. Sinceramente, no sé cómo Bea puede pasar tanto tiempo con ella.

—Vale —dice de repente Cloe.

—¿Vale qué? —pregunto.

—Qué vamos contigo al Nido del Cuervo —sentencia sin alterarse.

—¡¿Qué?!

—No vamos a dejarte sola para que pases un mal momento viendo cómo Axel destroza a otro tipo —afirma Bea y sonrío.

—Vale, voy a llamar a Ethan. Ahora vuelvo —comento cogiendo mi móvil y saliendo al pasillo para tener un poco de intimidad.

Cierro la puerta y marco el número de la única persona que es capaz de cambiar el estado de ánimo de alguien en un segundo.

—Hola, cuñada.

—Ni se te ocurra decirlo delante de mi hermano.

—¿Cómo está mi chica favorita?

—Ethan...

—Vale, vale —claudica—. ¿Qué pasa, pequeña Daf?

—Necesito que hagas algo.

—Eso no suena bien si empiezas la frase así —me comenta.

—Hablo en serio.

—Está bien, soy todo oídos.

—Axel pelea esta noche y me ha dicho que lo que gane será para ayudarme con la custodia de Charlie.

—Lo sé.

—Y Kael tiene que saberlo —añado.

Oigo al otro lado de la línea que Ethan suspira, como si supiera lo que estoy a punto de pedirle.

—Dafne…

—No, escúchame. Kael necesita saber que Axel está intentando ayudarnos. Además, sé el motivo por el que se pelearon hace dos años…

—¿Te lo ha contado Blackwood? —me pregunta sorprendido.

—Sí. Y sé que Kael necesita recuperar la amistad que tenía con Axel. Por favor, ayúdame.

—He intentado infinidad de veces que dejasen atrás lo que pasó, pero tu hermano es muy terco —me recuerda.

—Lo sé, pero solo te pido que lo intentes una vez más. Llévalo al Nido del Cuervo.

—Si se entera de que Axel ha pasado el día dándote besitos en su habitación, va a matarlo —me comenta divertido.

—Esa parte no tiene que saberla aún.

—Valeeee. Haré lo que pueda.

—Gracias.

—No me las des todavía, pero si esos dos idiotas vuelven a hacerse amigos, te juro que voy a exigirte una medalla.

La llamada termina y, por primera vez desde que encontré aquella fotografía en la habitación de Axel, tengo la sensación de que quizá todavía no es demasiado tarde para ellos.