CAPÍTULO 37
Una nueva llamada del decano llega a las dos en punto de hoy lunes y no hace falta que nos diga el motivo, los tres sabemos por qué quiere vernos.
El sábado sacamos a Charlie de la casa de acogida y toca pagar las consecuencias.
Ethan camina a mi lado con las manos metidas en los bolsillos del uniforme.
—Todavía podemos fingir que estamos enfermos —propone Ethan.
—Conociendo a tu padre, mandaría a un médico —susurra Apolo.
—Qué hombre tan poco flexible —se queja Ethan.
Resoplo cuando llegamos al edificio de rectorado y su secretaria apenas levanta la vista al vernos aparecer.
—El señor Crowe os espera.
Entramos en el despacho y vemos que no está solo. Ethan silba alucinando tanto como nosotros.
—Esto tiene pinta de emboscada —asegura.
Tiene razón. Arthur Crowe permanece tras el escritorio, a su derecha está mi padre y a la izquierda, Richard Raven. Los tres nos observan y ninguno de ellos parece especialmente contento de vernos.
—Sentaos —ordena el decano y lo hacemos—.
Lo ocurrido el sábado no fue una travesura.
Fue el rapto de un menor que está bajo la tutela del Estado.
Y vuestro jueguecito de superhéroes ha puesto en riesgo el nombre de esta universidad —nos aclara, y no me sorprende que lo que realmente le importa es Brakenhall.
»Hace más de un siglo varias familias levantaron esta universidad para formar a quienes dirigirán este país —afirma el decano levantándose de su asiento y caminando por la oficina mientras señala tres cuadros colgados en la pared—. Algunas de ellas fueron los Crowe, los Blackwood y los Raven.
—Representáis grandes empresas, patrocinadores, inversores y futuros profesionales —interviene mi padre.
—Cuando lleváis nuestro apellido, cualquier error que cometáis deja de ser solo vuestro —aclara Richard Raven.
No me sorprende que no hablen de lo que ha ocurrido, sino de nuestros apellidos y de lo que siempre se espera de nosotros. Esto solo acaba de empezar.
Media hora después, estamos sentados en un reservado de un restaurante a las afueras de Boston. Ninguno de los tres hemos probado ni un bocado y a mi padre no se le pasa por alto nuestra falta de apetito.
—Todo esto empezó cuando aparecieron esos dos hermanos —masculla mi padre dejando la copa sobre la mesa—.
Hace dos años ya te metiste en problemas por su culpa.
¿Ya has olvidado todo lo que tuve que hacer?
¿Todos los favores que tuve que pedir para que nada de lo que hiciste saliera a la luz?
Pensé que habías aprendido la lección, pero veo que no.
—No los metas en esto —replico, pero me ignora.
—Podríamos solicitar una revisión de su beca —propone mi padre al señor Crowe, y en ese instante siento que el aire se escapa de mis pulmones.
—Claro, no te preocupes, Nick, y también podemos reconsiderar la permanencia del hermano en la residencia de los Lions con los chicos —sentencia el padre de Apolo, y noto cómo mi mandíbula se tensa.
—Son dos estudiantes sin recursos —aclara el padre de Ethan.
—Lo sé. Parte de la política universitaria de Brakenhall es conceder esas becas para mostrar una imagen ética y equitativa en la sociedad, pero también me consta que nadie del consejo estudiantil cuestionaría una decisión administrativa propuesta por tres de las familias fundadoras.
Mi padre asiente y sonríe satisfecho, dejo el tenedor sobre el plato con brusquedad y capto la atención de todos.
—¿Has terminado? —le pregunto.
—Todavía no.
—Pues yo sí —afirmo y me pongo de pie.
—Siéntate, Axel —me ordena mi padre.
—No. No mientras quieras utilizar a Dafne para controlarme; porque si le hacéis algo o le quitáis un mísero dólar de la beca, pienso quedarme fuera de la Fight Night.
—Eso es un farol… —evalúa el padre de Apolo.
—¿Usted cree? —cuestiono sin humor alguno—. Su hijo está lesionado y yo solo tengo que dejar que me ganen para que Brakenhall pierda el título de invictos.
—No puedes hacer eso —me contradice el decano.
—¿Quiere que se lo demuestre, señor Crowe? Dejad a la chica y a su hermano en paz y seguiré luchando por la universidad.
—Esa chica solo es una distracción —juzga mi padre con una risa seca y niego.
—No —aseguro, y mi padre se pellizca el puente de la nariz.
—Ya te complicaste la vida por Kael hace dos años… ¿Ahora también vas a hacerlo por su hermana?
—Sí.
—Esa chica va a destruir tu futuro —me grita mi padre.
—No. Mi futuro lo elijo yo, pelearé si no le hacéis nada a ella ni a su hermano —les propongo con firmeza.
Por primera vez, mi padre parece no reconocer al chico que tiene delante, pero ya no soy aquel niño que agachaba la cabeza con trece años y soportaba los golpes. Eso se acabó, sobre todo… si quiere tocar lo que es mío.
Richard Raven deja la copa sobre la mesa, se recuesta sobre la silla y carraspea para llamar mi atención.
—Estamos exagerando —dice al ver que estoy hablando en serio—. Han cometido una estupidez. Nosotros también lo hicimos en nuestra época y nos follábamos a las becarias. Solo es parte de la vida. Luego entenderán que esas mujeres nunca se sientan a nuestra mesa.
—Tienes razón —lo interrumpe el decano—. Convertir esto en una guerra contra dos becados haría mucho más daño a la imagen de Brakenhall que reconocer que tres estudiantes tomaron una mala decisión.
Detesto a estos hombres, solo llevaremos sus apellidos, pero no somos como ellos. Ethan se levanta y pone su mano en mi hombro para que me siente. Me cuesta mucho obedecerle, porque ahora mismo estamparía mis puños en la cara de estos tres cabronazos.
—Sabia decisión papá, solo ha sido la locura de la edad. Los ricos también nos aburrimos y nos distraemos haciendo idioteces —afirma Ethan.
—¿Qué titular preferís? —interviene Apolo que mira al decano—. «Tres universitarios pasan unas horas con un niño separado de sus hermanos» o «Brakenhall expulsa a dos estudiantes becados por querer pasar un rato con su hermano menor».
—Tiene razón —interviene su padre.
—Richard… —protesta el capullo del mío.
—No, Nick, déjalo.
—En ese caso, no habrá sanción disciplinaria. Hablaré con el inspector de policía; a fin de cuentas, me debe un favor —resuelve el padre de Apolo y el decano asiente.
—Es lo mejor, pero… —Hace una pausa y nos mira a los tres—. Una sola imprudencia más y esos dos hermanos desaparecerán de Brakenhall.
Guardo silencio porque sé que hemos conseguido, al menos, que todo vuelva a la normalidad como antes, o eso espero.
El resto de la comida sigo en silencio y aunque Ethan bromea con Apolo, yo sigo pensando en mi chica.
Le mandé un mensaje diciéndole que no me esperase para comer y sé que estará preocupada por cómo estará yendo la reunión; así que saco el móvil y le escribo.
Axel:
¿Me concedes una cita, novata?
Pulso a enviar y, mientras espero su respuesta, no puedo evitar sonreír. Porque si después de todo mi padre sigue creyendo que puede alejarme de ella, es que todavía no me conoce.