CAPÍTULO 36 #2
Axel se acerca hasta el sofá y se deja caer al lado de Kael.
Para mi sorpresa, le da una palmada tranquila en el hombro y ambos guardan silencio sin decir nada.
No sé qué ocurrió realmente entre ellos para romper una amistad que en su día fue tan fuerte.
Pero basta un solo gesto para entender que, debajo de todo ese enfado, todavía queda lealtad.
Unas sirenas rompen la tranquilidad de la casa. Al principio apenas se oyen, como un murmullo lejano, pero cada vez las siento más cerca y tengo un mal presentimiento. Kael se incorpora del sofá sobresaltado, Apolo aparece de nuevo en el salón mirando a Ethan y este se levanta del suelo.
Siento un escalofrío recorriéndome la espalda.
No.
Charlie nos ve a todos en alerta y deja de sonreír cuando las sirenas están justo delante de la casa. Segundos después tres golpes secos resuenan en la puerta. Charlie busca automáticamente la mano de Kael y mi hermano lo sujeta con fuerza.
—Quédate detrás de mí, ¿vale, peque? —le pide y Charlie asiente muy despacio porque puedo ver el miedo en sus ojos.
Ethan mira a Apolo y después a Axel. Los tres entienden exactamente lo mismo sin necesidad de hablar.
Axel camina hasta la puerta y abre. Al otro lado están la trabajadora social, dos agentes de policía y, unos pasos más atrás, un hombre alto impecablemente vestido con un traje azul marino. Lo reconozco al instante, es el decano de la universidad, Arthur Crowe.
—Papá... —murmura Ethan a mi espalda.
El señor Crowe ni siquiera responde, porque su mirada pasa de Charlie, a Kael y después a mí. Nos mira como si fuéramos una piedra molesta en su zapato y, por último, vuelve a mirar a su hijo. No habla, pero su expresión ya lo dice todo.
—¿Podemos pasar? —pregunta la asistenta social dando un paso al frente, y Axel se aparta en silencio.
Charlie sigue escondido detrás de Kael y puedo notar cómo tiembla. Verlo tan asustado hace que algo dentro de mí me oprima el pecho, tanto que me duele respirar. La trabajadora social se agacha hasta quedar a su altura y le sonríe con cariño.
—Charlie, tenemos que volver.
Mi hermano pequeño baja la cabeza y, para mi sorpresa no protesta, ni tampoco llora. Solo coge su mano, y ese gesto duele mucho más que verlo gritar.
Cuando la mujer tiene sujeto a mi hermano, uno de los agentes da un paso al frente y nos mira directamente a Kael y a mí.
—Kael Mirror y Dafne Mirror, quedan detenidos por sacar con una autorización falsa a Charlie Mirror del centro de acogida donde reside.
—La idea fue mía. Yo fui a por el niño, falsifiqué el informe de ingreso en el hospital de Kael y falsifiqué la autorización para sacar a Charlie unas horas de la casa —confiesa Ethan, dando un paso al frente—.
Los hermanos de Charlie eran ajenos a todo.
Pero, una cosa, ¿cómo se han dado cuenta de que era falso?
—Solo tuve que llamar al hospital y me dijeron que Kael Mirror no estaba ingresado —responde la asistenta social.
—Mecachis… Bueno, puede ver que todo fue idea mía —insiste Ethan.
—Yo también participé desde el principio —dice Axel dando otro paso al lado de Ethan.
—Y yo fui el que conduje hasta esa casa para recoger al crío… —declara Apolo.
Los tres permanecen uno al lado del otro, como un signo de lealtad y unión, como si fueran los tres mosqueteros. Nos defienden para que la culpa no recaiga sobre Kael o sobre mí.
Noto cómo los ojos empiezan a llenárseme de lágrimas, porque nadie les ha pedido que se compliquen la vida por nosotros y aun así lo hacen.
El agente más mayor observa a Ethan durante unos segundos y después mira al decano quien, al ver autoculparse a su hijo, no puede hacer nada. El agente se dirige directamente a Ethan, Axel y Apolo.
—¿Son ustedes Ethan Crowe, Axel Blackwood y Apolo Raven? —les pregunta aun sabiendo la respuesta, y los tres asienten—. Quedan detenidos provisionalmente por su presunta participación en la sustracción de un menor tutelado por el Estado de la casa de acogida donde reside.
—¿Qué...? —susurro.
Los tres permanecen alineados, uno junto al otro, formando un muro invisible delante de nosotros para protegernos y cargar ellos con las consecuencias. El agente termina de anotar algo y cierra la libreta.
—Señor agente, son estudiantes ejemplares de Brakenhall University, no puede llevárselos detenidos.
Esta universidad es ejemplo de disciplina y buena conducta.
Esto sería un escándalo público, y le aseguro que yo mismo me encargaré de darles un castigo digno de la magnitud de las consecuencias —dice el padre de Ethan ajustándose la corbata, ligeramente incómodo por la situación.
El agente guarda silencio unos segundos y mira a su compañero que no se ha pronunciado hasta el momento.
—Señor Crowe —comienza a decir el segundo agente—. Dado que los implicados son estudiantes de Brakenhall, creemos conveniente que esta situación se gestione desde el ámbito disciplinario de la universidad, pero si algo como esto vuelve a suceder, nos veremos obligados a actuar por la vía judicial.
El decano asiente con una serenidad que impone más respeto que cualquier grito. Después, fija la vista en los tres chicos y niega para sí claramente molesto.
—Ethan, Apolo y Axel —dice con voz firme y fría—. Os quiero en mi despacho ahora mismo.
Ethan deja escapar un suspiro de alivio. Supongo que prefiere aguantar el sermón de su padre antes que pasar la noche en prisión.
—Mi padre va a matarme —murmura caminando hacia la puerta y Apolo sonríe divertido.
—Primero te echará la bronca y ya luego decidirá si te mata.
Y aunque Ethan intenta mantenerse serio, cuando pasa por mi lado me da un beso fugaz en la mejilla.
—Tranquila, estaré bien, pequeña Dafne —bromea.
—Venga, anda... —masculla Apolo dándole un leve empujón en la espalda—. No hagamos esperar al decano.
Axel los sigue en silencio, pero cuando pasa por mi lado, me lanza un guiño descarado junto con esa sonrisa casi imperceptible.
—Hasta luego, novata…
Los tres salen juntos cuales soldados marchando hacia una guerra que saben que van a librar unidos.
Charlie se detiene un segundo en el porche antes de marcharse, se suelta de la mano de la asistente social y corre para abrazarme.
Le devuelvo el abrazo y lo acuno contra mí con delirio.
Noto que esconde la cara en mi cuello y cierro los ojos con fuerza. Ojalá pudiera congelar este momento.
—Nos vemos pronto, peque —susurro contra su pelo.
Él asiente muy serio, como si necesitara creerlo tanto como yo, y después abraza a Kael. Mi hermano le besa la cabeza antes de dejarlo marchar. Le entrego su mochila, donde he metido sus galletas preferidas.
Charlie vuelve junto a la trabajadora social y por un instante mira a la casa, luego a los chicos, a Kael y por último a mí.
—Peque, se me olvidaba darte este regalo —dice Kael y le da una caja con las zapatillas que le ha comprado.
Mi hermano se suelta del agarre de la asistenta social y abre la caja con entusiasmo.
—Guau, me encantan. Gracias —exclama feliz abrazando a Kael, y sonreímos.
—Ya me cuentas cómo te quedan.
—Charlie, tenemos que irnos —le recuerda la asistenta, y él vuelve a cogerle la mano.
—¿Puedo volver otro día? —pregunta con ilusión y esperanza.
Ningún adulto responde. Ahora no sé cuándo podremos volver a verlo. Trago saliva y veo cómo Axel se agacha frente a él. Le revuelve el pelo y le aprieta el hombro con suavidad.
—Muy pronto, peque.
Charlie sonríe satisfecho y sé que para él esas palabras son más que suficiente.
Salgo fuera cuando veo que se sube al coche de la asistenta social.
Me abrazo a mí misma, intentando que mi cuerpo no se rompa en mil pedazos y veo cómo el coche se aleja lentamente por la calle hasta desaparecer al final de la avenida.
Los chicos también se marchan, y cuando me quedo sola en el porche, comprendo que aunque Charlie solo ha pasado unas horas en esta casa, han sido suficientes para hacerme sentir que tengo una familia elegida y que esta casa se ha convertido en mi hogar.