CAPÍTULO 34
Euphoria — Loreen
—Oye ¿vas a dejar de mirarme? Porque empiezas a parecer un pervertido.
—Puede —susurro sonriendo mientras me acerco un poco más a ella.
—Axel…
—¿Qué? —pregunto sin apartar mis ojos de los suyos.
—Llevas diez minutos mirándome mientras busco el libro—responde.
—¿Y? —vuelvo a preguntarle alzando las cejas.
Ella alza los ojos al techo y niega para sí antes de darme un golpe suave en el brazo.
—Eres insoportable.
—Y tú te pones muy bonita cuando intentas fingir que no tienes ganas de besarme —contesto acercándome más a ella.
—¿Perdona? —protesta soltando una risa incrédula.
—Llevas diez minutos intentando estudiar y otros diez mirándome la boca.
Abre los labios para replicarme, pero no le doy la oportunidad.
Acorto la poca distancia que nos separa hasta que su respiración se mezcla con la mía.
La beso despacio y sin prisas, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo.
Sus labios son suaves, cálidos y, joder, saben exactamente igual que la primera vez.
Joder, qué dulce sabe.
La siento sonreír contra mi boca, y ese pequeño gesto basta para hacerme perder la poca cordura que me queda. Sigo besándola hasta que todo mi cuerpo se tensa, reaccionando a ella, y mi mente me recuerda dónde estamos.
Cuando intento separarme unos centímetros, ella sigue sujetándome por la camisa del uniforme para no dejarme ir.
Sus ojos castaños brillan de una forma que me desarma por completo.
Vuelve a morderse el labio inferior de forma inconsciente y, joder, no tiene ni idea de lo mucho que me cuesta no volver a besarla cada vez que lo hace, ni de la necesidad absurda que tengo de besar cada centímetro de su piel.
Paso una mano por su cintura y la atraigo hacia mí hasta que apenas queda espacio entre los dos.
Mi erección crece y sé que ella también lo nota.
—Eres un tramposo... —susurra todavía demasiado cerca de mi boca, y sonrío.
—Puede.
Vuelvo a besarla todas ganas que le tengo. Me encantaría memorizar el sabor de su boca y la forma en que suspira en mis labios.
Ella deja escapar un gemido que consigue desordenarme las ideas. Sus dedos se aferran un poco más a mi camisa, arrugando la tela con sus puños, mientras mis manos descienden lentamente por su cintura y se colocan por debajo de la falda de su uniforme para acariciarle el culo.
Noto cómo se estremece.
Me detengo un segundo y la miro para comprobar que está bien. Dafne sonríe y asiente sin articular palabra. Sabe perfectamente lo mucho que la deseo. Vuelve a besarme y eso basta para encenderme de nuevo y querer perderme en ella.
Apoyo mi frente sobre la suya durante un segundo en un intento por recuperar el aire y el sentido común, porque estamos en un pasillo de la jodida biblioteca principal de Brakenhall.
—Dafne...
Ella me mira con deseo y sonríe buscando mis labios para provocar. Seguimos besándonos sin prisa. Cuando su lengua acaricia la mía, olvido dónde estamos y que cualquiera podría doblar aquella esquina y encontrarnos. Porque, ahora mismo, todo mi mundo cabe exactamente entre sus brazos.
Mis manos sujetan más fuerte su trasero, clavo mis dedos en su piel y la atraigo para mí. Ella sonríe al notar mi erección clavarse en su vientre. Una de mis manos se mueve despacio por la liguilla de sus braguitas, las aparto y con la yema de mis dedos acaricio sus pliegues húmedos.
Dafne gime en mi boca y ahogo el sonido con mis labios.
—Shh… —susurro y ella sonríe.
Mis dedos siguen acariciando la suavidad de su piel y noto cómo un escalofrío recorre su cuerpo cuando mis dedos calientes tocan su clítoris.
Sigo acariciándola y con cuidado introduzco un dedo en su apretado coño que consigue que su espalda se arquee.
Verla tan excitada hace que mi mente colapse y cada músculo de mi cuerpo se tense como un arco a punto de disparar una jodida flecha.
Mantengo el ritmo lento y profundo con mi dedo mientras la beso y, entonces, introduzco un segundo dedo que hace que un jadeo entrecortado se escape de sus labios.
Sonrío dichoso al ver cómo cierra los ojos y su cuerpo se deshace sujetándose a mis hombros y dejándose llevar.
—Axel…
—¿Sí, novata? —le pregunto y ella sonríe y niega.
—Nos pueden pillar —susurra en mi oído.
—Daf, déjate llevar.
Noto lo húmeda que está, mis dedos siguen entrando y saliendo de ella, mientras que con un tercero acaricio su clítoris.
Dafne suspira y yo vigilo la entrada del pasillo para asegurarme de que seguimos solos.
Apoyo la mano que tengo libre en la estantería y me muevo ligeramente para que mi cuerpo la cubra de forma que si alguien entra en el pasillo, no puedan verla.
Sigo acariciándola y cuando veo que su boca se entreabre, vuelvo a besarla para ahogar sus gemidos de placer mientras el deseo recorre en oleadas cada músculo de mi cuerpo. El suyo tiembla y su coño se contrae sobre mis dedos.
Sigo besándola y ahogando sus gemidos en mi boca. Cuando su cuerpo deja de estremecerse, saco mis dedos despacio. La miro y me recreo en sus labios hinchados y su mirada salvaje.
Dafne sonríe avergonzada y yo me siento feliz por saber que soy el causante de ese rubor en sus mejillas. Nuestros labios vuelven a rozarse un instante, lo justo para que se me acelere otra vez el pulso y sentir un fuerte deseo de volver a devorarla. Pero me quedo con las ganas de mucho más…
—Señor Blackwood.
El carraspeo hace que los dos demos un pequeño respingo. Nos giramos al mismo tiempo. El bibliotecario nos observa por encima de sus gafas desde el otro extremo del pasillo, con los brazos cruzados y esa expresión de aguafiestas, porque acaba de cortar el momento haciendo su trabajo.
—Esto sigue siendo una biblioteca —me recuerda.
—Tiene razón —afirmo con la mayor seriedad que soy capaz de fingir—. Ya nos vamos.
Entrelazo mis dedos con los de Dafne y tiro suavemente de ella hacia la salida.
—¡Axel! —protesta entre risas—. ¡Necesito encontrar el libro!
—El libro lleva ahí años, puede esperar diez minutos más.
—Axel...
—Necesito estar contigo antes del combate.
—¿Y es más importante que el libro? —me pregunta divertida y la miro de reojo mientras bajamos las escaleras.
—Muchísimo.
—Eres una mala influencia, Blackwood.
—La peor, novata.
Salimos entre risas de la biblioteca. La suelto de la mano porque sé que quiere que seamos nosotros quienes se lo digamos a Kael y no cualquier cotilla del campus. En la calle, el sol empieza a esconderse tras el edificio central de Brakenhall y el aire ya huele a otoño.
En un rato tengo combate de liga y es la primera vez que ella me va a acompañar. Hace unas semanas habría preferido mantener nuestros mundos completamente separados. Ahora, no quiero que esté en ningún otro sitio que no sea cerca de mí.
Caminando por el sendero de piedra que atraviesa el campus, me doy cuenta de que hay algo que de repente ha cambiado en ella. Noto tensión en la forma en la que mira hacia el pabellón deportivo que se ve a lo lejos.
—¿Estás nerviosa? —pregunto y niega demasiado deprisa.
—No.
—Mientes fatal —aseguro y ella resopla.
Ese gesto tan pequeño consigue parecerme la cosa más adorable del mundo.
¿He dicho adorable?
Joder.
¿Qué demonios me está haciendo esta chica?
—Admite que estás nerviosa porque se te nota.
—Puede que un poco.
—¿Por qué?
—Porque nunca te he visto pelear aquí.
—Solo es un combate.
—Claro —ironiza—. Lo dice el chico que termina lleno de moratones después de cada pelea.
Se me escapa una carcajada y niego para mí, porque me parece increíble que el hecho de que Dafne se preocupe por mí consiga desarmarme más que cualquier puñetazo.
—Estoy acostumbrado.
—Eso no significa que me guste verte golpeado y magullado.
—Intentaré que no me toquen la cara —bromeo intentando que no se preocupe.
Seguimos avanzando unos metros más. Estoy deseando llegar al pabellón, no por la pelea, sino porque podré ir con ella al vestuario y allí no habrá excusas para volver a besarla.
—Luego tenemos la Fiesta de Otoño —dice de repente.
—Lo sé. Prométeme una cosa.
—¿Cuál? —pregunta con curiosidad.
—Que te divertirás y disfrutarás de la fiesta.
—Lo intentaré —acepta risueña.
Joder… Ojalá pudiera verla reír así todos los días.
Doblamos una esquina del edificio de Humanidades, miro que no pasa nadie y, entonces, aprovecho. Me detengo de golpe y la hago parar.
—¿Qué...?
No dejo que termine la pregunta. La sujeto por la cintura y tiro suavemente de ella hasta que su espalda choca contra la pared de ladrillo. Sus ojos se abren por la sorpresa.
—¡Axel...! —me intenta reprender con una sonrisa sin reproche en su voz—. Kael puede vernos...
—Entonces tendremos que besarnos rápido —susurro y me inclino hasta rozar su nariz con la mía.
—Estás loco…
—Loco por ti, novata.
Nuestros labios colisionan, siento que mi mente colapsa y todo a nuestro alrededor deja de existir.
La rodeo por la cintura y la atraigo más hacia mí.
Mis labios encuentran los suyos con necesidad.
Dafne responde al beso sin dudar, pasando sus brazos por mi cuello para acercarme hacia ella y eliminar el espacio entre nuestros cuerpos.
Noto que suspira contra mi boca y, joder, cuando su lengua acaricia la mía, siento un hambre insaciable por seguir besándola hasta quedarme sin aliento.
Por un instante me olvido del combate, de dónde estamos, de mi padre, de las facturas por pagar…
Cuando estoy con ella, todo desaparece y solo quedamos nosotros.