CAPÍTULO 33
—¿Cómo llevas tu artículo, Mirror? —me pregunta Alan mientras recoge unas hojas de la mesa.
—Bien, todavía estoy reuniendo información.
—No quiero un resumen de peleas, quiero que la gente conozca a la persona que hay detrás del luchador.
—Lo sé.
Se aleja hacia otro grupo de estudiantes que está con el profesor Parker. Hace una semana habría sabido perfectamente cómo empezar ese artículo.
«Axel Blackwood es la gran promesa del equipo de MMA de Brakenhall University».
Ahora esa frase me parece una mentira. Porque el Axel que todos conocen lleva el uniforme de la universidad y una sonrisa arrogante.
Y el que yo conozco tiene los nudillos destrozados porque pelea en un sótano clandestino y convierte cada victoria en una factura pagada para que su hermana siga recibiendo tratamiento médico.
¿Cómo escribes sobre alguien cuando conoces sus dos caras y la verdadera la esconde al mundo?
Por primera vez desde que entré en este periódico para conseguir la beca, no sé si tengo derecho a contar su historia.
La siguiente clase es Ética y Política. Ethan y Apolo me saludan con la mano cuando entro en el aula y me siento tres filas por delante de ellos.
No tengo fuerzas para enfrentarme a sus preguntas.
Esta mañana Axel me ha escrito para saber cómo había dormido.
Me contó que los chicos y Kael sabían lo que me ocurrió anoche…
y no necesito que nadie más me recuerde lo estúpida que fui.
—La justicia es fundamental en la sociedad para que… —dejo de oír la explicación del profesor.
Bajo la mirada y pienso en qué fácil es hablar de justicia dentro de un aula, en lo fácil que es hablar de justicia cuando nunca has tenido que elegir entre salvar a tu padre o salvarte a ti.
Ayer elegí salvarlo a él, y lo peor de todo es que volvería a hacerlo.
No porque lo merezca, sino porque no habría podido soportar verlo morir delante de mí.
Cuando termina la clase, me dirijo hacia Isabella's con el estómago rugiendo.
—¡Daf! —exclama Beatrice, que prácticamente me embiste porque me abraza tan fuerte que casi pierdo el equilibrio—. No vuelvas a darme un susto así.
—Prometido. —Sonrío contra su hombro.
—¿De verdad estás bien? —me pregunta separándose de mí y asiento.
—Sí, aunque me muero de hambre.
Entramos en el Isabella´s y el olor a beicon hace que la boca se me haga agua.
—¡Aquí! —levanta la mano Ethan desde una mesa del fondo.
A su lado están Apolo, Kael… y Axel. Todos nos miran y cuando me acerco a ellos, sus rostros están serios.
—Hola, chicos… —saludo.
—¿Qué tal, Superwoman? —pregunta Apolo cuando me siento junto a Axel, y Bea lo hace a mi lado.
—¿Piensas seguir evitándonos como has hecho en clase? —me pregunta Ethan molesto y resoplo.
—No quiero hablar de anoche.
—Pues deberías —sentencia Kael que me mira con los brazos cruzados—. Porque la próxima vez no pienso esperar a que alguien me llame para enterarme de que casi te matan.
—Kael… —comienzo a decir.
—No —me interrumpe—. ¿En qué estabas pensando?
—Era papá —le explico.
—Precisamente porque era él.
—No podía…
—¡Sí podías! —insiste mi hermano dando un golpe con la mano sobre la mesa y ese gesto hace que varias personas se giren—. Ese hombre habría vendido hasta el aire que respiras si con eso conseguía otro día más de vida.
—Relájate tío, está viva, eso es lo que importa. Está bien —le interrumpe Axel tranquilo.
Esas palabras bastan para que mi hermano cierre la boca y asienta dándole la razón. Noto a Kael bastante recuperado del accidente, porque viendo el golpe que ha dado a la mesa debe tener energía; mejor para él.
—¿Podemos intentar comer en paz? —pregunta Ethan y cuando los cinco lo miramos, él levanta las manos—. Vale, solo era una sugerencia…
Apolo se ríe, Beatrice me vuelve a abrazar y, contra todo pronóstico, Kael resopla en un intento por ocultar una pequeña sonrisa.
—Está bien. Vamos a tener la comida en paz —acepta Kael y mira a Axel muy serio—. Gracias.
—¿Por qué? —pregunta Axel.
—Por sacar a mi hermana de allí.
—Lo habría hecho por cualquiera —miente mientras me mira y me sonríe.
—No es cierto. Sabes que ella es muy importante para mí. Gracias, tío.
—No me las des…
Axel baja la mirada, incómodo, porque si algo sé de él es que no le gusta aceptar cumplidos. Beatrice me da un codazo para que deje de mirarlo embobada y delate yo sola que estoy colada por este chico.
Daniela aparece con varias cartas y las deja sobre la mesa.
—Os dejo esto y ahora vuelvo para tomaros nota.
—Gracias —agradecemos al unísono.
El móvil de Kael empieza a sonar, lo saca del bolsillo del pantalón y al mirar la pantalla su expresión cambia.
—Es la asistenta social… —dice antes de responder y dejándolo con el altavoz activado sobre la mesa—. Hola.
—Hola, Kael —saluda la mujer al otro lado de la línea con una voz tranquila—. ¿Te pillo en mal momento?
—No, estoy con mi hermana.
—Perfecto, porque prefiero que los dos escuchéis que he estado revisando vuestro expediente durante toda la mañana.
—¿Y? —pregunta mi hermano.
—Entiendo perfectamente que queráis llevar a Charlie con vosotros, pero no es únicamente una cuestión de dinero como me proponías hace unos días…
—Entonces, ¿qué necesitamos? —inquiere Kael.
—Estabilidad. Sois muy jóvenes. No tenéis ingresos suficientes, ni una vivienda propia… y ninguno de los dos puede demostrar que dispone del tiempo necesario para hacerse cargo del menor.
—Pero puedo contratar a un abogado —replica Kael.
—Puedes hacerlo, pero, aunque contrates al mejor abogado del país, la resolución seguiría siendo la misma. Charlie necesita una familia, más… madura.
Noto cómo mi estómago se encoge, trago saliva e intento respirar para mantener la calma.
—Charlie permanecerá, por ahora, en el sistema de acogida y adopción.
El mundo se congela, como si alguien hubiera detenido el tiempo. Miro a Kael, tiene la mandíbula apretada y las manos cerradas en un puño. Niega y suelta un bufido.
—Lo siento mucho, chicos —continúa la mujer—. No dejéis de luchar por él. Podréis seguir visitándolo cada vez que os corresponda.
—Gracias… —No sé cómo soy capaz de decir.
La llamada termina y todos nos quedamos en silencio. Ni siquiera Ethan encuentra una broma que hacer. Kael mantiene la vista fija sobre la mesa y yo no tengo ninguna respuesta para mi hermano.
—Joder... —murmura Apolo.
Beatrice busca mi mano debajo de la mesa y la aprieta con fuerza. Axel no dice nada, pero noto su rodilla rozando la mía. Es un gesto tan pequeño que cualquiera podría pensar que ha sido casualidad, pero sé que no lo es, es su forma de decirme que está aquí.
Daniela carraspea con la libreta en la mano. Nos observa y sé que ha oído suficiente.
—¿Puedo decir una cosa? —pregunta y asiento.
—Claro —responde Kael con la voz apagada.
—¿Y si hablas con Isabella? —me sugiere.
—¿Para qué?
—Justo hoy se ha ido una de las camareras, y paga bien.
—No creo que un trabajo cambie nada —comenta mi hermano.
—Quizá hoy no —responde Daniela—. Pero dentro de unos meses puedes tener contrato, ingresos estables, referencias buenas para la asistenta social... Si queréis demostrar que podéis cuidar de Charlie, habrá que empezar por algún sitio.
No tenemos una solución instantánea, pero trabajar aquí creo que es un primer paso. Kael me mira y yo lo miro a él; no hace falta decir nada, porque sé que los dos estamos pensando exactamente lo mismo.
Vamos a encontrar la manera de tener a Charlie con nosotros. Axel, que me observa serio y en sus ojos encuentro la promesa silenciosa de que no piensa marcharse de mi lado, pase lo que pase.