CAPÍTULO 32
Estaba en el almacén hablando con Kristin, cuando oí un grito y reconocí su voz.
No lo pensé ni un segundo y salí disparado por la puerta que da al callejón.
Ahí estaba, frente a tres hombres, y al ser consciente de cómo esos hijos de puta la miraban, lo vi todo rojo y no recuerdo ni cómo conseguir salir con ella de allí.
Necesitaba alejarla de aquel maldito lugar. Estaba tan furioso que la cabeza me iba a mil por hora. Mi mente me gritaba que respirara y yo solo quería darme la vuelta para cortarles la polla a cada uno de ellos.
El volante cruje bajo mis manos, ella guarda silencio y mi móvil vuelve a sonar. Sé que es el Buitre, pero no pienso responder. Conduzco hasta las afueras de Brakenhall y cuando aparco en el mirador, apago el motor.
Ninguno de los dos se mueve, el silencio nos envuelve, y mi vista se pierde en la inmensidad de la noche. No soy capaz de girarme, porque si la miro, solo puedo recordarla rodeada de aquellos tipos. Noto sus dedos fríos rozándome la mandíbula con cariño.
—Eh… Axel —susurra y su mano sube hasta mi mejilla—. Mírame —me pide.
No puedo negarme, y cuando nuestras miradas se encuentran, trago saliva al sentir su tímida caricia.
—Estoy bien gracias a ti.
Algo dentro de mí termina de romperse por completo. Tengo que serenarme por ella, porque, joder, estoy loco por Dafne, y ella no tiene ni idea.
—Si te llega a pasar algo… No me lo hubiera perdonado jamás —digo con voz rota, y ella niega despacio.
—No es culpa tuya que yo tenga muy poco sentido del peligro —afirma con una sonrisa y resoplo al oírla—. ¿Eso ha sido una sonrisa, señorito Blackwood?
Niego con la cabeza, pero no puedo evitar que las comisuras de mis labios se muevan un poco.
—Ven aquí, novata —pido tirando de ella.
Mi chica no duda, se desabrocha el cinturón de seguridad, pasa por encima de la consola central y acaba sentada sobre mi regazo, entre el volante y mi pecho. Sus brazos rodean mi cuello y los míos encuentran su cintura por pura necesidad.
Me besa, una, y otra, y otra vez. Son pequeños besos que me traen al momento presente y hacen que poco a poco me vaya tranquilizando.
Joder, toda la rabia, la ansiedad y el miedo van desapareciendo con cada beso que me da.
Cuando se separa unos centímetros de mí, acuna mi cara entre sus manos y me mira como si yo fuera mucho mejor de lo que realmente soy.
—Gracias por cuidarme.
Apoyo mi frente contra la suya y cierro los ojos.
—No vuelvas a hacer una estupidez así. Promételo.
—Te lo prometo —susurra.
Respiro por primera vez desde que salimos de aquel callejón y entonces recuerdo el sobre vacío.
—¿Cuánto dinero les has dado?
—Setecientos dólares —responde y tardo unos segundos en reaccionar.
—¿Todo tu sueldo? —pregunto y ella asiente.
—Vuelvo a la casilla de salida con Charlie.
—Podemos… —comienzo a decir, pero ella me pone su dedo índice sobre mis labios y niega.
—Shhh… —Sonríe—. Ya has hecho demasiado por mí —sentencia y vuelve a besarme.
De nuevo, me besa sin parar hasta que se me escapa una risa baja, porque es imposible seguir enfadado con ella así. La abrazo con ganas y acaricio su espalda. Dafne entierra su rostro en mi cuello.
—Tenemos un problema —susurro.
—¿Otro más? —pregunta divertida.
—Sí, tenemos que hablar con tu hermano antes de que nos pille…
—Tenemos muchos problemas, Axel Blackwood.
Rompo a reír porque tiene razón. Su hermano va a querer matarme cuando se entere que estamos juntos.
Su padre es un cabrón egoísta. Charlie continúa esperando volver a estar con sus hermanos.
Emma sigue enferma y el mundo no ha dejado de ser una mierda ni un solo segundo…
Pero, mientras ella siga riéndose entre mis brazos, empiezo a creer que quizá pueda con todo.