Más allá del odio. CAPÍTULO 23
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CAPÍTULO 23

Hay frases que se quedan atrapadas en algún rincón de la cabeza y, por mucho que intentes ignorarlas, vuelven una y otra vez. «Acabo de convertir tu problema en el mío». La voz de Axel no deja de repetirse en mi mente desde que me he despertado.

Intento concentrarme en la clase de Ética Política, pero cada vez que el profesor escribe una nueva idea en la pizarra, mis pensamientos vuelven al sótano de El Nido del Cuervo. A sus manos todavía vendadas sujetando mi cara con una delicadeza increíble y a la forma en la que pronunció mi nombre.

—El verdadero poder no consiste en hacer lo que uno quiere... —dice el profesor mientras pasea entre las filas de pupitres—, sino en decidir por quién estás dispuesto a asumir las consecuencias.

Ethan copia la frase, y yo sigo pensando en que quiero creerle y que todo saldrá bien con Charlie.

—Señorita Mirror.

Levanto la cabeza de golpe y el profesor me observa con una media sonrisa.

—¿Podría decirnos qué opina? —me pregunta.

Mierda, no estoy en mi mejor día… Carraspeo mientras intento recordar de qué estábamos hablando.

—Creo que... —improviso— el poder deja de ser un privilegio cuando empiezas a asumir las consecuencias de tus decisiones.

—Exacto.

Suelto el aire despacio y siento alivio porque al menos he salido de esta. Ethan me mira y sonríe. Cuando la clase termina, recojo mis cosas y salgo del aula junto a Ethan y Apolo.

—¿Alguien más se ha quedado dormido durante la clase o solo yo? —pregunta Ethan mientras se estira exageradamente.

—Solo tú —comenta Apolo sin mirarlo.

—No me lo creo.

—Créetelo —insiste su amigo y sonrío.

—Has estado bostezando toda la clase —le recuerdo, y Ethan se lleva una mano al pecho.

—No estaba bostezando, estaba oxigenando el cerebro.

—Claro —añado y sé que es imposible.

—La ciencia me avala —insiste y Apolo resopla.

—La ciencia lleva años intentando desentenderse de ti —masculla y no puedo evitar reírme.

—Bah, da igual… —protesta Ethan indignado—. Tengo hambre, reservé en el Isabella´s, ¿Te vienes a comer con nosotros, pequeña Dafne? —me propone y niego.

—No os preocupéis, no quiero molestar.

—Molestas bastante menos que él —dice Apolo señalando a Ethan.

—¿Ves? Apolo también quiere que vengas…

—Tengo que…

—No acepto excusas.

—Venga, vale —claudico y Ethan levanta los brazos en señal de victoria.

—¡Toma ya!

Cuando llegamos al Isabella's, está lleno como siempre. El olor del beicon y las patatas fritas se mezcla con el de las tortitas que salen sin descanso de la cocina.

La radio suena en una esquina, mientras varios jugadores del equipo de rugby ocupan las mesas del fondo entre risas. Nada más entrar, Ethan levanta una mano para saludar a la camarera.

—¡Dani!

La chica morena, de piel canela y rizos oscuros perfectamente definidos lo observa y le señala una mesa junto al ventanal. Al acercamos, ella se interpone entre la silla y Ethan.

—¿Para qué me pides que te reserve una mesa, Ethan? Llegas tarde —le recrimina y él deja la mochila en el respaldo de una silla.

—Vamos, Dani, si solo han sido diez minutos.

—Doce —recalca ella.

—Once y medio.

—Doce —repite y lo mira seria.

—Qué obsesión con la puntualidad —resopla Ethan.

—Qué obsesión la tuya con llegar tarde.

No puedo evitar sonreír, no sé qué tipo de amistad los une, pero está claro que entre ellos hay confianza, tanta que parece que esta conversación la han tenido más veces.

—Mira, para compensarte te dejo elegir mi postre —sugiere Ethan y Daniela arquea una ceja.

—Qué generoso —ironiza Daniela.

—Lo sé.

—Me vas a pagar el menú de una semana —le propone.

—¿Una semana?

—Tienes pasta, puedes permitírtelo —insiste y Ethan resopla.

—Te compensaré con un mes… —sentencia.

Justo entonces una sombra se detiene junto a nuestra mesa.

—Ey, ¿qué pasa chicos?

Todos miramos al chico alto, moreno, vestido con el uniforme impecable de la universidad y que tiene una carpeta de cuero debajo del brazo.

—¿Qué pasa, enano? —pregunta sonriendo a Ethan, que pone los ojos en blanco.

—Mido uno ochenta y cinco —se defiende el rubio.

—Pero sigues siendo el pequeño de la casa —bromea el moreno, que le revuelve el pelo antes de mirar al resto.

—Perdón por la interrupción, pero venía a preguntarle a Dani si hay alguna mesa para mí —comenta mirando con una sonrisa amable a Daniela.

—Para ti, siempre —afirma ella con amabilidad.

—Dafne, este es mi querido hermano John —me presenta Ethan resoplando aburrido.

—Encantado, Dafne —me responde—. Dani, espero a que termines y ya me atiendes.

—Claro, hasta luego.

Lo vemos marcharse y mientras Daniela sigue fija en la dirección por la que se ha ido.

—Ya puedes cerrar la boca —dice Ethan con una sonrisa ladina.

—¿Qué?

—Que te conozco —responde Ethan que se sienta en el sillón junto a la mesa—. Llevas colada por mi hermano toda la vida… —afirma y Daniela abre mucho los ojos.

—¡Ethan! ¡Cállate! —le pide avergonzada.

—¿Qué? Si es la verdad.

—No lo es —niega ella y Ethan sonríe con esa cara de hermano pequeño insoportable.

—Tranquila, el muy imbécil no se ha dado cuenta —afirma y Daniela le da una patada en la espinilla.

—¡Au!

—Bocazas…

No puedo evitar reírme, porque estos dos discuten como un matrimonio mayor que lleva haciéndolo toda la vida. Justo entonces, alguien se acerca a la mesa y sonrío al ver a mi amiga.

—¿Puedo sentarme con vosotros?

—Claro —dice Ethan al instante.

—No —dice Apolo al mismo tiempo y Ethan lo mira.

—No le hagas caso, siéntate.

—No hay sitio para ella —insiste Apolo serio.

—¿Qué dices? Buscamos una silla más y listo.

Beatrice observa la discusión con los labios apretados para no reírse y yo me encojo de hombros, porque cualquiera entiende a estos dos.

—Puedo buscar otra mesa.

—Ni hablar —dice Ethan mientras se levanta y acerca a la mesa una silla para ella.

Apolo se pasa una mano por la nuca, resopla y no vuelve a protestar, simplemente guarda silencio.

Beatrice termina quedándose con nosotros y cuando Daniela deja las cartas para que elijamos qué vamos a pedir, levanto la vista hacia la puerta y veo entrar a Axel, que cruza el local con la mochila colgada al hombro.

Saluda a Daniela con un gesto de cabeza y cuando parece que nos busca, Ethan levanta una mano.

—¡Blackwood! Aquí.

Al llegar, Axel deja la mochila en el suelo, agarra una silla y la pone justo a mi lado sin decir nada.

Coge una de las cartas que hay en la mesa y mientras la abre, apoya su brazo sobre el respaldo de mi silla, como si ese pequeño gesto fuera lo más natural del mundo.

Ethan tarda exactamente tres segundos en darse cuenta.

Alza una ceja, primero me mira a mí y luego a Axel.

—Vale… —comienza a decir—. ¿Me he perdido algo entre vosotros dos?

—Sí. Vas a perder el almuerzo si no eliges de una vez —responde Axel con total tranquilidad, sin levantar la vista de la carta.

Sonrío, porque todos saben que acaba de esquivar la pregunta, pero, además, está intentando que Ethan siga tirando del hilo.

—Es que juraría que Axel tiene una orden de alejamiento con el resto de la humanidad... —insiste Ethan y señala disimuladamente el respaldo de mi silla—. Y hoy está peligrosamente cerca de Dafne.

—Eso solo es casualidad —afirmo y Axel me mira y sonríe.

—Tengo hambre —dice sin apartar la mirada de mí—. ¿Qué vas a pedir?

—Creo que un menú de hamburguesa, patatas fritas y tortitas.

—Buena elección.

—¿Veis? —insiste Ethan señalándonos con el dedo—. ¡Eso también es nuevo!

Antes de que saque más teorías, Beatrice deja la carta sobre la mesa con un golpe seco y todos la miramos.

—Yo estoy más preocupada por otro motivo.

—¿Cuál? —pregunta Ethan.

Bea señala el enorme cartel que un estudiante acaba de pegar en el cristal del Isabella's. Fiesta de Halloween, Brakenhall University, 31 de octubre.

—La fiesta de Halloween —sentencia mi amiga.

—¡Hostia, es verdad! —exclama y se acerca al cristal para leer en voz alta—. Fiestas del terror, concurso de disfraces y baile de máscaras —dice con una sonrisa de oreja a oreja—. Pues ya tengo el plan perfecto para buscarme un ligue.

Daniela, que se acerca para tomarnos nota, chasquea la lengua y niega para sí.

—Pobre chica —murmura y las risas vuelven a llenar la mesa.

La conversación se centra en los posibles disfraces que van a llevar, que si un vampiro, que si Bea quiere ir de bruja. Yo dejo de escucharlos cuando a través del ventanal veo a mi hermano Kael caminando junto a Logan.

Como si sintiera que lo estoy mirando, levanta la cabeza y en el momento que nuestros ojos se encuentran, me sonríe y levanta una mano para saludarme.

Le devuelvo el gesto con una sonrisa antes de que se aleje.

Cuando desaparece de mi vista, siento cómo un nudo se formar en mi estómago, porque Logan no es trigo limpio.

Axel sigue sentado a mi lado, con el brazo descansando sobre el respaldo de mi silla, completamente ajeno al torbellino que acaba de instalarse en mi cabeza. Pienso en Kael, en cómo reaccionará el día que descubra que Axel Blackwood, su enemigo, se ha convertido en el chico que me roba el sueño.

Un escalofrío me recorre la espalda y el temor se instala en mi interior, porque si hay algo que tengo claro es que el día que mi hermano conozca la verdad, nada volverá a ser igual.