Más allá del odio. CAPÍTULO 17 #2
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CAPÍTULO 17 #2

—¿Qué quieres que haga, Dafne? —me pregunta acercándose más, y yo no respondo—. Dímelo. Porque llevo días intentando mantenerte lejos de mi cabeza. Solo quiero sacarte de ese sitio y no hago más que empeorarlo todo.

—No necesito que me salves —susurro y Axel niega lentamente.

—Nunca he intentado salvarte —afirma y traga saliva—. Solo intento que ese lugar no consiga quitarte la luz que tienes.

—¿Cómo? —digo confundida.

Axel me mira serio y noto cómo sus ojos recorren mi rostro despacio en busca de una respuesta escrita en él.

—La forma en la que sonríes, en cómo miras a la gente, como si todo el mundo mereciera una oportunidad.

Hablas con Siena, aunque nadie más lo haga, y te preocupas por Charlie, por Kael y hasta por mí…

—murmura pensativo—. No quiero que un sitio como el Nido del Cuervo consiga quitarte eso.

Porque cuando apaguen tu humanidad, ya no habrá forma de recuperarla —me asegura.

—No es tan fácil… —comento tragando saliva.

—Lo sé, pero anoche cuando te vi bajar al sótano tuve la sensación de estar viendo cómo alguien empujaba a una buena persona por un precipicio. No pienso quedarme mirando cómo hacen eso contigo.

Sus ojos grises vuelven a buscar los míos y esta vez no encuentro ni un ápice de arrogancia, ni orgullo o chulería; solo hay sinceridad y miedo.

No sé qué responder. Porque nunca antes nadie se había preocupado por mí de esa forma. Ver cómo me ha confesado uno de sus miedos mientras me miraba, como si la posibilidad de perderme también pudiera romper algo dentro de él, hace que un nudo de tristeza crezca en mi garganta.

Quiero decirle que se equivoca y que, aunque tengo miedo de que lleve razón, llevo toda la vida intentando convencerme de que yo sola puedo volver a unir lo que mi padre hace años rompió.

Pero ninguna palabra consigue salir de mis labios, solo soy capaz de mirarlo.

Entonces, él da un paso más hacia mí y no retrocedo.

Levanta lentamente una mano y sus dedos ásperos rozan mi mejilla con una delicadeza que jamás habría imaginado en alguien que los usa también para golpear a su adversario. Su pulgar acaricia mi piel despacio, haciendo un mapa de mi rostro y, una vez más, noto un escalofrío recorrerme la espalda.

Sus ojos grises buscan los míos y después descienden lentamente hasta mis labios. Vuelve a levantar la vista hasta que nuestras miradas se enredan y se acerca despacio, tanto que puedo notar cómo mi respiración se desordena antes incluso de sentir la suya.

Se detiene justo cuando un suspiro separa nuestras bocas. No dice nada, solo espera a que yo dé el paso. Porque, desde que lo conozco, Axel Blackwood no ha intentado salvarme, ni decidir por mí, solo me está dejando elegir.

Y, de repente, lo entiendo.

Entiendo que solo quiere lo mejor para mí, aunque para eso haya destrozado su cuerpo para llenar aquella bolsa de dinero. No es porque quiera controlarme, solo quiere protegerme.

Mi corazón golpea con tanta fuerza mi pecho que tengo la absurda sensación de que él también puede escucharlo. No aparta la mano de mi mejilla y su pulgar sigue acariciando mi piel con una delicadeza que contradice todo lo que sé de él.

El chico que hace unas horas se dejaba destrozar a puñetazos ahora parece tener miedo incluso de rozarme. Sus ojos permanecen clavados en los míos, esperando sin exigencia; y sé que ahora la decisión es mía.

Inspiro despacio. El aire a nuestro alrededor huele a hierba recién cortada, a tierra húmeda después de los aspersores y a ese perfume que solo puede ser de Axel.

Doy un paso hacia él y recorro el último centímetro que todavía nos separa. Nuestros labios apenas se rozan al principio, sin ser capaces de creerse que esto está ocurriendo de verdad.

El primer contacto es tan suave que casi duele, cierro los ojos y tengo la sensación de que el tiempo se detiene. Siento el calor de su respiración mezclándose con la mía.

Siento la caricia lenta de sus labios y la yema de sus dedos perdiéndose entre mi pelo, mientras su otra mano se desliza hasta mi nuca con una ternura que jamás habría imaginado en alguien como Axel Blackwood.

Mis dedos se aferran instintivamente a la tela de su camiseta y percibo debajo de ella el latido acelerado de su corazón, tan desbocado como el mío.

El beso es lento y cuidadoso, como si Axel tuviera miedo de romper algo demasiado valioso con sus manos.

Sus labios saben a menta y a ese café que seguramente ha tomado antes de entrenar; una mezcla extrañamente adictiva que me invita a acercarme un poco más.

Nuestras bocas se exploran con calma, mientras nuestras respiraciones terminan fundiéndose en una sola.

Un suspiro escapa de mis labios y él lo atrapa sin romper el beso, con un gruñido apenas perceptible que hace vibrar el aire entre los dos.

Mi corazón se desboca y, por un instante, el murmullo del campus, las voces de los estudiantes y hasta el viento desaparecen.

Solo existimos él, yo... y este beso.

Cuando nos separamos, ninguno de los dos da un paso atrás. Nuestras frentes quedan apoyadas la una contra la otra, con miedo de que cualquier palabra pudiera romper algo que todavía resulta demasiado frágil para ponerle nombre.

Él sonríe, pero no esa sonrisa arrogante que utiliza para esconderse del mundo. Es una sonrisa distinta, sincera y la siento como mía. No tengo ni la más remota idea de qué demonios acaba de pasar, porque acabamos de cruzar una línea que va más allá del odio…