Más allá del odio. CAPÍTULO 9
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CAPÍTULO 9

Training Season — Dua Lipa

Llevaba toda la semana diciéndome a mí misma que la fiesta de comienzo de curso era una pérdida de tiempo.

Música demasiado alta, alcohol barato y mucha gente intentando impresionar a completos desconocidos.

Sin embargo, aquí estoy, delante del espejo de mi habitación, terminando de peinarme con una coleta alta, mientras Beatrice rebusca por tercera vez en el armario.

—¿El vestido negro o el verde? —me pregunta sosteniendo ambos frente a mí.

—El que te haga sentir más cómoda.

—No voy a hacer deporte como para ir cómoda… quiero ir guapa.

—Soy práctica, tienes que estar cómoda con lo que llevas puesto y ser tú misma.

—Tienes razón… —se ríe y acaba eligiendo el vestido negro.

Justo entonces llaman a la puerta. Beatrice corre para abrir y una nube de perfume caro entra en la habitación antes que su dueña.

—¿Todavía no estáis listas? —nos pregunta Cloe, la mejor amiga de Beatrice.

Esta chica es la prueba viviente de que algunas personas nacen convencidas de que el mundo entero existe para facilitarles la vida.

Rubia impecable, labios perfectamente perfilados, manicura recién hecha y un conjunto blanco que probablemente cuesta más que todo mi armario junto.

Camina con esa seguridad que solo tienen aquellos a los que jamás se les ha negado nada.

La chica perfecta para esta universidad.

—Necesito cinco minutos —responde Beatrice y Cloe me observa de arriba a abajo.

—Vas muy sencilla —me comenta.

Miro mis vaqueros negros, las zapatillas Converse y una camiseta ajustada de manga larga roja. Era lo mejor que había en de mi vestidor.

—Voy cómoda —replico y ella sonríe.

—Me gusta —responde sonando sincera—. Tienes personalidad.

Cloe, desde este momento, ya me cae bien.

Cuando salimos de la residencia y caminamos apresuradas hasta el restaurante Isabella's, vemos que está más lleno que de costumbre.

Las luces de neón iluminan los ventanales mientras suena rock clásico por los altavoces y el olor a hamburguesas recién hechas compite con el de las tortitas dulces.

No llevo ni un minuto dentro cuando reconozco a Daniela tras la barra. El uniforme beige le queda enorme y lleva el pelo recogido en una coleta alta, mientras anota comandas con una velocidad sorprendente. Nos ve entrar y levanta la mano para saludarnos.

—¡Buscad mesa! Ahora voy.

—¡Pequeña Dafne! Aquí hay sitio para vosotras también.

Giro la cabeza y veo a Ethan que levanta la mano desde una de las mesas del fondo. Y a su lado está Apolo, empezando a cenar.

Miro a Beatrice para preguntarle si le apetece sentarse con ellos, pero Cloe está dirigiéndose hacia allí sin molestarse en preguntar. Así que, suspiro y la seguimos.

—Buenas noches —nos saluda Ethan con una sonrisa en cuanto nos acercamos a la mesa.

—¿Seguro que no molestamos? —les pregunto.

—Si estuviera estudiando, sí —responde sonriente.

—Nunca lo dirías —añade Apolo sin levantar la vista de la hamburguesa que se está comiendo.

Cloe ni siquiera espera una segunda invitación. Deja el bolso sobre la mesa y toma asiento junto a Apolo.

—Me muero de hambre —afirma mirando a Apolo con descaro, quien, simplemente, la ignora.

No me he sentado aun cuando Daniela aparece con una bandeja y, sin preguntar absolutamente nada, deja una Coca-Cola delante de Ethan.

—Gracias, Dani.

—De nada —responde ella.

—¿Qué queréis? —me pregunta Ethan.

Pedimos unas hamburguesas y patatas con queso gratinado para compartir y, mientras esperamos, la conversación deriva hacia el único tema del que parece hablar toda Brakenhall desde esta mañana, la Fight Night.

—Por poco os perdéis el primer combate oficial —dice Ethan apoyándose en el respaldo.

—¿Es hoy? —pregunta Beatrice y Apolo suelta una risa por lo bajo.

—Así es, rubita… Y Blackwood va a recordarle a todo el campus por qué nadie quiere encontrárselo en la jaula —nos informa Apolo.

—Falta un rato para el combate, pero seguro que no llegan al tercer asalto —añade Ethan con orgullo.

Pienso que es una locura que luche esta noche; no sé cómo va a mantenerse en pie después de verlo ayer lleno de golpes.

—¿Tan bueno es? —duda Cloe.

—Mucho —responde Ethan sin dudarlo.

—Y él lo sabe —dice Apolo antes de beber un trago de su cerveza.

—Eso también aumenta su encanto —sigue Ethan.

—No sabía que tenía club de fans —comenta Cloe sonriente.

—No lo tiene… Tiene lista de espera —afirma Ethan.

—¿Y quién organiza esta liga? —pregunto.

—Brakenhall —responde Apolo.

—¿Cómo puede interesarle a la universidad ese deporte? —cuestiono sorprendida.

—La universidad tiene su propia liga —me informa con esa calma que parece rozar siempre la indiferencia—. Brakenhall tiene la mala costumbre de convertir cualquier competición en una tradición, sobre todo si tiene alumnos que la hacen destacar sobre las demás…

Desde que llegué al campus, tengo la sensación de que todo en Brakenhall funciona con dos reglamentos distintos.

El que todos vemos y el que solo conocen aquellos cuyo apellido es relevante para la universidad.

Es como si todo formase parte de un tablero de ajedrez con unas reglas que todavía desconozco.

—¿Vais a la fiesta de esta noche? —pregunta coqueta Cloe a Apolo, y sonrío porque es tan distinta a Beatrice...

—Claro, vosotras también, ¿no? —quiere saber Ethan.

—Sí, es una fiesta bastante exclusiva y he conseguido tres pases —informa con orgullo Cloe.

—Es exclusiva porque Logan es el hijo de una de las familias fundadoras de Brakenhall —dice Apolo.

Todo aquí lleva el nombre de alguien y empiezo a entender por qué sigo sintiéndome fuera de lugar.

No pertenezco a este mundo. No vengo de una familia importante.

Solo estoy aquí gracias a una beca y por la brillante idea de Kael de convencerme para venir a la universidad más elitista del país.

Todavía no sé si darle las gracias o estrangularlo.

—No pongas esa cara —dice Ethan leyendo mis pensamientos.

—¿Qué cara?

—La de sentirte fuera de lugar… —afirma y Beatrice se ríe.

—La pone bastante —añade mi amiga.

—Porque nunca pensé venir a aquí, de no ser por Kael…

—Bueno, se te pasará —me asegura Apolo.

—¿Cuándo?

—Cuando descubras que aquí todos aparentan tener la vida perfecta… —susurra Ethan y se inclina un poco sobre la mesa—. Y realmente ninguno la tiene.

—Tranquila, Mirror, nuestras vidas no son mejor que la tuya… Te lo aseguro —masculla Apolo.

—En eso tiene razón —asiente Beatrice.

Mientras ella habla, me percato de un pequeño detalle, y es que cada vez que interviene, Apolo la mira más de la cuenta. No es descarado, pero hay algo diferente en la forma en que lo hace y eso me hace pensar que entre ellos puede surgir algo.

Daniela vuelve con las hamburguesas y las deja sobre la mesa; antes de apartar la bandeja, Ethan le roba una patata. Ella le da un golpecito en la mano y él la mira con simpatía.

—Compórtate, Crowe.

—Lo intento, Dani —responde con una sonrisa inocente.

—Pues inténtalo de verdad…

Daniela se marcha negando para sí y veo de nuevo esa confianza que va más allá de esta cafetería. No sé quién era Daniela antes de llegar a Brakenhall, pero está claro que Ethan sí.

—¿Venís luego a la Fight Night? —pregunta Ethan robándome una patata y niego con la cabeza—. Empieza dentro de media hora.

—Lo sé, pero no es lo mío —contesto.

—Te va a gustar.

—No me interesa ver a dos personas dándose puñetazos —le aseguro.

—Entonces, ¿vas luego a la fiesta que se hace en honor a Axel?

—Iré por la comida gratis —aseguro y Apolo se ríe.

—Empiezo a entender por qué Blackwood te llama novata… —susurra Ethan y frunzo el ceño.

—¿Y tú cómo sabes eso?

—Porque cuando Axel habla de ti, siempre te llama así —responde Apolo.

Guardo silencio porque me sorprende que hablen de mí… aunque más me sorprende que no me incomode que él lo haga. Cloe se termina su hamburguesa en cuatro bocados y le da un sorbo a su refresco.

—Pues yo sí voy a la Fight Night —afirma Cloe con una sonrisa.

—Lo imaginaba —le dice Ethan—. Aunque este año va a ser raro sin este capullo.

—No empieces —masculla Apolo.

—¿Qué? Es verdad. La liga pierde gran parte del espectáculo sin ti.

—La gente va por Blackwood, no por mí —replica con naturalidad Apolo.

—Eso es discutible —insiste Ethan.

—El menisco opina otra cosa —dice Apolo, que niega con la cabeza y da el último sorbo a su refresco.

—¿Qué pasó? —pregunto y Apolo me mira tan serio que por un instante me gustaría retirar la pregunta.

—Final del curso pasado —explica Ethan—, se destrozó la rodilla en un combate.

—Menisco —corrige Apolo.

—Eso.

—¿Y no puedes competir este año? —quiere saber Beatrice.

—No, si quiero volver a caminar con normalidad dentro de diez años.

Ethan resopla y Apolo hace una mueca que es lo más parecido que he visto hasta ahora a una media sonrisa.

—Lo digo porque habría pagado por ver a Blackwood contra Apolo —añade Ethan y Cloe abre mucho los ojos.

—¿Quién ganaría? —pregunta ella, y Ethan se queda pensativo unos segundos.

—Depende del día —responde Ethan.

—Ya no podremos comprobarlo —asegura Apolo.

—Por ahora… —lo corrige Ethan mirándolo de reojo.

Por primera vez desde que nos sentamos, Apolo sonríe de verdad y eso me basta para entender que esta historia aún no ha terminado.

Cloe da una palmada sobre la mesa.

—¿Nos vamos ya para la Fight Night? —sugiere.

—Venga, vamos —dice Ethan, levantándose—. Daf dice que pasa de ir, ¿y tú? —le pregunta a mi amiga.

Beatrice duda unos segundos, mira a Apolo que está atento a su respuesta y luego me mira a mí.

—Prefiero ir directamente a la fiesta con Dafne.

No hace falta que diga nada más, sé perfectamente que se queda por mí. Y ese pequeño gesto me vale mucho más de lo que ella imagina.

—Entonces nos vemos luego —afirma Ethan.

Apolo también se levanta y antes de marcharse vuelve la cabeza. Sus ojos buscan a Beatrice una vez más.

—Pasadlo bien —dice Beatrice.

—Gracias —responde Cloe antes de colgarse del brazo de Ethan como si llevara haciéndolo toda la vida.