CAPÍTULO 3
Kael:
Ven a casa esta tarde cuando salgas de clase.
Tenemos que hablar con Charlie.
Me quedo mirando el mensaje varios segundos; solo dos líneas que hacen que un nudo mudo me oprima la mente al pensar en mi pequeño guerrero, demasiado valiente para alguien de su edad.
Aprieto el móvil entre las manos y noto cómo la ansiedad empieza a instalarse debajo de mis costillas. Cuando Kael escribe algo así, nunca son buenas noticias.
Dafne:
¿Ha pasado algo?
Los tres puntos aparecen, como que está escribiendo. Luego desaparecen y nuevamente vuelven a aparecer.
Kael:
No.
Solo quiero que llamemos juntos.
Suelto el aire lentamente y me tranquilizo un poco.
No tiene noticias nuevas, solo que también lo extraña.
No es fácil hablar con él, sobre todo desde que se mudó a una nueva casa.
Desde entonces, conseguir hablar con Charlie se ha convertido en una batalla y yo odio las batallas que no puedo ganar.
Dafne:
Voy para allá.
Guardo el móvil en el bolsillo de mi chaqueta y abandono el edificio de Periodismo. La lluvia ha parado, pero el cielo sigue cubierto de nubes grises. Como si Brakenhall se negara a parecer completamente perfecta, y eso la hace un poco más soportable.
La dirección que Kael me ha enviado me lleva hasta una zona del campus llena de casas enormes repartidas entre calles privadas y jardines perfectamente cuidados.
Algunas son de una sola planta, otras tienen dos pisos y balcones iluminados y las más grandes parecen directamente mansiones escondidas entre árboles y farolas antiguas.
Muchas de ellas tienen la luz del porche encendida y junto a las escaleras de entrada ondean banderas distintas dependiendo de la fraternidad a la que pertenezcan.
Lions.
Ravens.
Kings.
Omega.
Todo aquí parece tener jerarquías y, sinceramente, el campus de Brakenhall parece más grande que todo Milton junto. Y eso ya es decir mucho para alguien que creció rodeada de carreteras vacías, gasolineras perdidas y vecinos que sabían demasiado sobre la vida de los demás.
Brakenhall no se parece a ningún lugar que haya conocido antes. Aquí todo es demasiado grande, demasiado perfecto y demasiado incómodo para mí.
Me detengo frente a una casa de madera lacada en blanco de una planta. En la fachada, una bandera negra con letras doradas a juego con el dibujo de un león: Lions.
Subo los escalones del porche sin dejar de mirar el cartel negro sobre la entrada de la casa de Kael.
Por alguna razón absurda, todavía me cuesta creer que mi hermano viva aquí, en una casa enorme compartida con chicos ricos emocionalmente inestables.
Pero él, a diferencia de mí, prefirió pertenecer a una fraternidad.
Yo, en cambio, me hospedo en una residencia y comparto habitación con una chica para la que también es su primer año en Brakenhall.
Llamo al timbre, escucho pasos acercándose al otro lado de la puerta y espero a que abran. Pero cuando lo hacen, doy un paso atrás.
Madre.De.Dios.
Axel Blackwood aparece frente a mí con una toalla envuelta peligrosamente sobre sus caderas y el torso desnudo todavía húmedo.
Las gotas de agua resbalan lentamente por sus tatuajes negros y se pierden entre líneas de tinta y músculos marcados como si hasta el agua supiera exactamente dónde tocarlo.
En el pecho lleva grabada una frase que inmediatamente consigue captar mi atención. «No gods. Only demons». Y, por alguna razón absurda, pienso que esa frase le pega demasiado.
Sobre las costillas se distinguen unas coordenadas tatuadas y sus brazos están cubiertos de espinas oscuras que ascienden desde las muñecas hasta los bíceps, mezclándose con rosas negras y una serpiente que se enrosca alrededor del antebrazo derecho tremendamente realista.
Todo en Axel Blackwood parece diseñado para intimidar.
Los tatuajes oscuros, los abdominales tensos y una pequeña cicatriz en su clavícula. Su cabello oscuro mojado le cae sobre la frente, pero no es eso lo que lo vuelve peligroso… Son sus ojos.
Esos malditos ojos grises que parecen saber exactamente el efecto que tienen sobre mí. Axel se apoya relajado contra el marco de la puerta y sonríe con fascinación, como si verme aquí le hubiera alegrado la tarde. Y sinceramente… eso me pone muchísimo más nerviosa que sus tatuajes.
—Sabía que me buscarías, novata.
Parpadeo. No porque me impresione —bueno… quizá un poco—, sino porque es un imbécil que parece incapaz de mantener la boca cerrada más de tres segundos.
—Créeme, Blackwood, si hubiera sabido que me abrirías tú, no habría venido —respondo y su sonrisa crece.
Juro que el muy cabrón parece todavía más guapo cuando se divierte.
—Mentira.
—¿Perdona? —pregunto confundida.
—Admite que has venido a buscarme —susurra.
Pongo ojos en blanco y suelto un bufido, aburrida de su actitud de egocéntrico olímpico.
—Dios. ¿Eres insufrible por naturaleza o entrenas delante del espejo?
Su risa sale baja y ronca. Admito que es demasiado sexy para alguien tan arrogante. Antes de que pueda reaccionar, me agarra suavemente del brazo y tira de mí hacia dentro de la casa.
La puerta se cierra detrás de mí y mi cuerpo se tensa inmediatamente.
—¿Qué coño haces? —me quejo.
—Privacidad —responde con obviedad—. No voy a follarte ahí en la puerta.
Lo miro completamente horrorizada y él sonríe un poco más.
—No he venido a acostarme contigo —le aseguro soltándome de su agarre y él me mira como si acabara de decirle algo adorable.
—¿No has venido a eso?
—No todas las chicas quieren estar en tu cama, Blackwood.
Él inclina levemente la cabeza mientras me observa con demasiado interés. ¿Estará intentando averiguar si soy una extraterrestre?
—Claro que sí, pero no eres tan directa como otras chicas. ¿Prefieres ver una peli antes?
—Dios, eres insufrible.
—Gracias, novata.
—No estoy interesada en ti —le aseguro.
—No… tú pareces más del tipo de chica que se enamora del chico responsable —susurra poniendo las manos sobre sus caderas.
—¿Perdón? —Frunzo el ceño, confundida.
—Kael —dice y se encoge de hombros— es más tu estilo: chico protector, torturado y aburrido.
Chasqueo la lengua mientras paso a su lado y lo miro con soberbia.
—Vaya, Blackwood, y yo que pensaba que a pesar de tantos músculos en tu cabeza habría algo parecido a neuronas…, pero ya veo que no eres tan listo como aparentas.
Él suelta una risa ronca, sus ojos se achinan y deja de parecer peligroso; por un segundo parece más joven y despreocupado… Y la verdad es que eso resulta todavía peor, porque está demasiado guapo.
Voy a agarrar el pomo de la puerta para largarme de allí antes de que mi dignidad muera definitivamente, cuando siento de nuevo sus dedos rodeando mi codo. No lo hace con fuerza, pero es suficiente para detenerme.
Me doy la vuelta y descubro que Axel está demasiado cerca otra vez.
Me suelta a la vez que da un paso más en mi dirección.
Apoyo mi espalda contra la madera de la puerta y él pone las manos a cada lado de mi cabeza.
Está tan cerca que huelo su aroma a jabón y a algo peligrosamente masculino que me impide pensar con claridad.
Una de sus manos atrapa con delicadeza mi barbilla y me obliga a mirarlo. Mi respiración cambia y trago saliva; odio que mi cuerpo reaccione a él. Me humedezco los labios e intento controlar mi respiración, porque cuando sus ojos me miran de esa forma tan cercana, siento que puede ver toda mi alma.
Su mano sigue sujetando mi barbilla mientras me observa como intentando resolver un misterio que no logra entender, y odio admitir que me pone nerviosa.
—¿De qué conoces a Kael? —pregunta de pronto.
—¿Qué? —replico aturdida.
—Las clases han empezado hoy. Ayer fueron las presentaciones oficiales del comienzo del curso… —inclina un poco la cabeza y sigue mirándome pensativo—. Así que, ¿de qué conoces a Kael Mirror?
Su tono cambia ligeramente y entonces entiendo que el muy imbécil cree que estoy liada con Kael. La idea debería haber hecho que me carcajeara en su cara, pero, sinceramente, quiero divertirme y ver hasta dónde llega.
—¿Por qué? —inquiero despacio—. ¿Te molesta?
Sus ojos grises se oscurecen ligeramente, solo un poco, pero lo suficiente para notarlo.
—No me gusta la idea de que un tipo como Kael termine rompiéndote el corazón.
Y mi corazón se salta un latido, porque lo dice tan serio que parece que de verdad le importa mi integridad emocional.
—Qué considerado por tu parte —ironizo y Axel sonríe, aunque ya no parece tan relajado.
—No has respondido a mi pregunta —insiste.
—Quizá es porque no quiero hacerlo.
De nuevo sonríe, chasquea la lengua y, joder, la tensión entre nosotros empieza a ser demasiado densa.
Axel sigue sujetándome la barbilla como si hubiera olvidado apartar la mano, aunque yo tampoco me retiro.
Sus ojos grises bajan lentamente hacia mi boca y mi respiración me traiciona…
Porque este chico me pone nerviosa de una forma completamente absurda.
Y él lo sabe.
Maldita sea.
Se inclina un poco más hacia mí, su nariz roza la mía y sonríe de una forma tan sexy que debería de ser ilegal. Sus labios quedan peligrosamente cerca de los míos, su aliento mentolado acaricia mi piel y durante un instante ridículamente corto… pienso en besarlo.
Dios santo.
¿Qué coño me pasa?
Empujo su pecho con fuerza para apartarlo y rompo el momento, aunque no consigo moverlo. Así que me aparto yo y pongo distancia entre ambos.
Maldito armario tatuado.
—Ibas a besarme —me quejo.
—Esas son tus ganas.
—Eres un imbécil insufrible.
—Y aun así sigues aquí.
Odio la forma en que lo dice, porque parece que cree que tarde o temprano voy a caer en sus provocaciones.
—¿No podemos hablar como dos personas normales durante cinco minutos sin que quieras asesinarme?
—Depende —murmuro cruzándome de brazos—. ¿Siempre coqueteas así con todas o solo con las chicas que claramente te odian?
—Tú no me odias novata —afirma con una sonrisa peligrosa.
—Vete al infierno, Blackwood —mascullo, y el desgraciado suelta una carcajada que me descoloca un poco más y hace que mi corazón lata errático.