Mas allá del océano (Debajo de las Nubes 2) Capítulo 11 “Tierra de la Envidia” #3
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Capítulo 11 “Tierra de la Envidia” #3

-En los inicios no existía esto en realidad - Cassiel caminaba lento entre la multitud, más que nada para que los ángeles no lo perdieran de vista y a la vez tuvieran el debido tiempo para admirar el lugar - pero luego vimos como los humanos sacaban sus propios beneficios ante esto y pensamos que sería buena idea hacerlo también

Los ángeles se miraron entre ellos, hasta lo que habían visto, los demonios se han mostrado mucho más cercanos hacia los humanos en comparación de los ángeles, mientras los ángeles eran selectivos a las hora de saber qué humanos tendrían contacto con ellos y quienes no, los demonios directamente aprendían de todos los humanos en general.

Tienen una cultura casi parecida a el de los humanos, pero eso no quita que también se le pegaron algunas costumbres no tan buenas.

Detrás del grupo se encontraban Olivia y Kezef caminando mientras seguían al grupo lo más cercano que podían, Olivia podía sentir los nervios y el miedo recorrer cada musculo y hueso de su ser, rogando en que los demonios siguieran en lo suyo y no se detengan a verla.

La aglomeración es algo que no le molestaba tanto a Olivia, siempre lo ha tenido que vivir en su ciudad, pero el simple detalle que en este caso Olivia este rodeada de demonios, no ayuda nada.

- ¿Crees que nos hagan algo? - Olivia susurro a su ángel, quien se veía más tenso, tratando de mantener encubierta a la humana bajo su ala

Aquellos demonios que pasaban muy de cerca del grupo parecían tener una pizca de curiosidad en quedárseles viendo, pero apenas se daban cuenta de la presencia del demonio que los escoltaba, rápidamente volvían a sus riendas y los ignoraban completamente.

Por suerte tenían a aquel demonio, quien no mentía para nada del estatus y respeto que tenía en estas tierras.

-Estaremos bien, no te preocupes…- Kezef aseguro a su humana

Olivia ante esto, prefirió seguir caminando, viendo de reojo algún puesto o edificio que le llamara la atención, debía admitir que si quitaran la basura, los gritos fuertes y la aglomeración de demonios violentos, el lugar sería bastante lindo.

-¡¡Mira por dónde caminas!! - Olivia descuidadamente choco con un gran demonio, provocando que las pertenencias que llevaba cargando cayeran al suelo, provocando que el demonio se enfureciera aún mas

-Yo…yo lo siento mucho… - la culpa y los nervios del momento le provocaron que se disculpara de inmediato

El demonio se encaró a la chica listo para iniciar una pelea, pero en su lugar se detuvo, se quedó mirándola extrañado, solamente para que la expresión de la criatura cambiara a una de sorpresa.

-Vámonos…- susurro entre dientes Kezef arrastrando a su humana para reincorporarse al grupo nuevamente

Aun que se volvieran a reagrupar con los demás y estuvieran cerca del General, fue inevitable que la noticia se comenzara a esparcir, los susurros se volvieron más presentes y ruidosos, sobre todo para la humana, quien entendía cada palabra de lo que decían.

“Una humana, hay una humana aquí”

“No puede ser posible, los humanos no pueden llegar aquí por su cuenta”

“Alguien debió traerla, seguramente aquella criatura emplumada”

“¿Emplumada?, ¿¡acaso hay ángeles aquí también!?”

-Nos miran mucho…- Olivia murmuro a su ángel, Kezef la miro de reojo para seguidamente ver a su alrededor, confirmando que era verdad

- ¿Están diciendo algo de nosotros? - Olivia asintió de inmediato, dejándole en claro a su ángel que incluso ya llevaba varios minutos escuchándolos

-Debí haber sido más precavida, tal vez si no hubiera chocado con ese demonio no se darían cuenta…- Olivia comenzó a sentir la culpa carcomer cada rincón de su mente, recordando la mirada que el demonio le había dado.

Siguieron caminando por unos minutos mientras Cassiel les explicaba como algunas cosas funcionaban en estas tierras, pero era difícil de ponerle atención cuando la mirada de los demás demonios del mercado se incrementaba y se volvían aún más intensas.

-Uhm…general…- Kezef se acercó a su guía, quien dejo de hablar para mirar al ángel.

-Cassiel, ese es mi nombre… - Cassiel le corrigió ante de que prosiguiera con lo que quisiera comentarle

-Cassiel, si, solo una duda…, ¿Qué tan peligroso es que estemos nosotros aquí, rodeados de demonios? - Kezef siguió mirando a su alrededor, Cassiel pudo ver desde kilómetros los nervios que expresaba físicamente ese ángel, algo había pasado.

Los habían visto.

-No debería de haber ningún problema, yo estoy aquí con ustedes, básicamente me tienen un gran respeto - Cassiel trato de restarle importancia, incluso alimentando su ego en el proceso, algo lo cual no tranquilizo para nada a Kezef.

Y mucho menos cuando sintió un fuerte jaloneo en sus pequeñas alas, haciéndolo casi perder el equilibrio.

-Pero que tenemos aquí, ¿acaso son esto plumaje celestial? - un demonio observo las alas de Kezef, jaloneando bruscamente sin preocuparse de que el dueño de esas plumas estuviera molesto por sus acciones

-¡¡Suéltame!!…- Kezef trato de salirse del agarre del demonio, pero de alguna manera aquella criatura tenía un agarre excepcionalmente fuerte, tanto que cada vez que Kezef trataba de zafarse solo se hacía más daño a sí mismo.

- ¡Kezef! - Naya dio un paso para ayudar a su amigo pero fue detenida por Cassiel, quien no le permitió que diera un paso más - ¡¿Es enserio!?, no podemos dejar que le hagan algo

-Créeme si tú te metes en esto solo vas a empeorar más la situación

-Después de siglos tenemos finalmente un ángel en estas tierras, ¡vaya! - aquel demonio miro con detenimiento a Kezef, todo el ruido solo hizo que los demonios alrededor que estaban ocupado en sus intercambios ahora estuvieran poniendo atención al grupo de ángeles.

-Mira, ¡Este tiene plumas azuladas! -otros tres demonios tomaron las alas de Adthor el cual ya estaba preparándose para comenzar una pelea sin duda

La situación comenzó a sentirse claustrofóbica para los pobres ángeles, pues la cercanía y cantidad de los demonios no parecían parar, puede que estos demonios ya no los quieran comer vivos con sus dientes ni infectarlos, pero aun así los ángeles se sentían en una situación de extremo peligro.

Sus alas eran las victimas principales ante todo esto, podían sentir miles de manos recorrer cada parte de sus alas, tocándolas y viéndolas con esas miradas, miradas que expresaban un deseo profundo, tan brillante y grandes. Llenos de Envidia.

Pero la gota que colmó el vaso fue cuando de pronto se escuchó un quejido de dolor en el grupo de los ángeles.

- ¡Esto es una mina de oro! - un demonio se rio a lo alto, podía verse como de una mano tenía unas tijeras y del otro su “mina de oro”, un par de plumas amarillas