Capítulo 11 “Tierra de la Envidia” #4
- ¡Mi ala! - Zerachiel se siguió quejando del dolor, aquel demonio le había cortado un par de plumas sin descaro al pobre ángel, Zerachiel no pudo defenderse pues ni siquiera pudo verlo
-¡¡Ya es suficiente!! - finalmente, el general hizo su intervención antes de que algún ángel comenzara una pelea en honor a su amigo
La simple voz fuerte y golpeada del demonio fue suficiente para que los demonios alrededor se detuvieran y se dieran cuenta de la presencia del general
Varios demonios rápidamente fingieron no haber visto nada y retomaron sus caminos, sabían lo que significaba cuando el general o alguien residente del castillo intervenía en este tipo de situaciones, y a ningún demonio le gustaba recibir las consecuencias de sus acciones.
A excepción de los demonios tercos que se quedaron en la escena del crimen sin ningún miedo o vergüenza de lo que hicieron.
-Cassiel, veo que por fin te dieron un buen grupo de ángeles después de tanto tiempo- el demonio saludo al general con la misma mano con la que sostenía las plumas, no parecía preocuparle lo que acababa de hacer
-Estos ángeles no están para venta - Cassiel sentencio, el demonio se quedó en silencio, entendiendo de lo que se trataba todo esto
-Ya veo…, ¿el rey nuevamente está poniendo esperanzas en esas cosas emplumadas? -aquel demonio miro fijamente al general, extrañamente, Cassiel se mostró nervioso ante tal acusación
- ¿Cosas emplumadas?, ¡tenemos un nombre! - Eban hablo indignado, pero su queja fue ignorada completamente
- ¡No puedo creerlo!, el rey nuevamente está poniendo en peligro a su gente por unas criaturas que le dieron la espalda - el demonio se rio a carcajadas, toda esta situación parecía tan irónica que le parecía gracioso
Los ángeles no sabían cómo sentirse o cómo reaccionar al respecto, no solamente los residentes del castillo no los querían aquí, sino que también los demonios de la ciudad, al parecer el odio y desprecio jamás se acabara sin importar que tipo de demonio se trate.
-Nuestro rey tiene sus razones y nosotros como su gente, debemos de confiar en él y apoyarlo…- Cassiel aun así no se dejó llevar por las palabras que decía aquel demonio, siguió hablando con firmeza, provocando solamente que el demonio se riera aún más fuerte
-No te mientas a ti mismo Cassiel, todo demonio ha dejado de confiar en ese rey, hemos solamente seguido sus palabras por el miedo que sentimos ante el - el demonio escupió cada palabra sin parecer querer guardarse nada - él ha cometido tantos errores, mismos que todos nosotros hemos tenido que recibir, él sabe perfectamente que sigue siendo el rey por que puede acabar con todos nosotros de un bocado…
Conforme las palabras eran soltadas los residentes y compradores del mercado comenzaban a soltar susurros, algunos preferían ignorar la pelea que se estaba desatando, la mayoría, se quedaba a ver y estar del lado del demonio con las tijeras.
-Nuestro rey ni siquiera se ha hecho presente… - un demonio se quejo
-Nuestro rey hará sus apariciones pronto- Cassiel respondió de inmediato
El General, el mayor mando y el que recibe y da la mayoría de los mensajes directamente a su rey, por más que se vea leal al trono y a Levianthan, Cassiel realmente quiere lo mejor para su gente, demostrándolo en sus peleas, en toda la sangre que ha derramado por el bien de todos.
Pero ha llegado en un momento en el que pelear por tu gente se fue convirtiendo poco a poco en una pelea contra los que defendiste tanto.
-¡Nuestro rey ni siquiera es un demonio! - las voces comenzaron a volverse tan borrosas, sucumbiendo, rodeando al general que solo quería buscar lo mejor de todo
-Esto ya es suficiente…- la voz del general se escuchó como una gota ante la ola desenfrenada, incluso los ángeles sintieron pena por Cassiel
- ¡¡De no ser por ti, no hubiéramos perdido a Sinoday!! - pero esa voz surgió más fuerte que las demás, escuchándose y sintiéndose como una daga que dio justamente en el blanco, una chispa finalmente tocando la gasolina
SUFICIENTE - y de pronto el lugar tembló, los ángeles, los demonios, la ciudad quedo en silencio y quieto ante el gran demonio, Cassiel había tenido un día pesado para aguantar algo como esto.
- ¿Sinoday?... - Olivia rompió el quejumbroso silencio con un murmuro lleno de nervios.
La pregunta quedo varado en el viento, los demonios que estaban buscando el conflicto solo se fueron, no sin antes soltar sus últimos murmullos de odio, poco a poco todo volvió a su ritmo natural, los demonios ignoraron la presencia de los ángeles, pero la tensión y pesadez jamás se iría si seguían ahí.
Los ángeles ya no dijeron una sola palabra más, al parecer habían visto lo suficiente, tal vez más de lo que deberían haber visto, incluso Zerachiel, el más curioso del grupo deseaba irse de ahí.
Pero había un integrante del grupo que escucho algo más allá que las lenguas demoniacas, Olivia, la única del grupo de los ángeles que fue capaz de entender el lenguaje, pero más que nada, lo que estaban discutiendo, había algo más enterrado en este lugar, la tierra de la Envidia tenía en sus espaldas un gran pesar.
¿Qué fue exactamente Sinoday?