Capítulo 11 “Tierra de la Envidia”
Estar en un mundo en el que ha sido descrito como el hogar de lo peor, la fosa donde yacen los pecadores y almas de aquellos que hicieron tanto daño a las personas y a la Tierra. No es algo tan reconfortante.
Olivia, como los demás ángeles, esperaban que la tierra de la Envidia sería un lugar lleno de caos, dolor, violencia, pero lo único que ha visto han sido solamente demonios que se preocupan por ellos mismos, claro, no son amables ni gentiles como los ángeles. Pero son civilizados.
-Jamás pensé que llegaría al infierno antes que el paraíso…- Olivia suspiro, viendo las lámparas que iluminaban el lugar, ¿acaso toda esta iluminada por luz artificial?
- ¡Zerachiel! - la voz de Helzion hizo que todos miraran frente suya
En uno de los pasillos que conectaba al gran salón estaba Zerachiel que se encontraba caminando mientras era escoltado por dos demonios, ambos teniendo una armadura casi idéntica a la del General demonio que los estuvo vigilando en todo este momento.
-Zera, ¿Dónde estuviste? - Naya al estar más cerca intento caminar hacia él, pero el General la detuvo de inmediato
-Alto…- el General dio una señal a los ángeles para que ninguno se atreviera a acercarse a Zerachiel mientras este se dirigía hacia los demonios que lo escoltaban.
Hubo unos minutos en los que entre los tres tuvieron una conversación usando su lengua nativa, conversación que Olivia trato de entender, pero hablaban tan bajo que no supo exactamente que dijeron, al final el General tomo a Zerachiel y lo llevo con sus compañeros, mientras los otros demonios se fueron.
- ¡Zerachiel!, ¿estas bien? - cómo era de esperarse, Kezef fue el primero en ir hacia su mejor amigo, tratando de ver si había alguna herida o que su amigo expresara algún dolor, pero este se veía más nervioso que adolorido
-Estoy bien…- aseguro Zerachiel, dando una sonrisa suave, suficiente para que todo el grupo entendiera que se encontraba sin ninguna herida
Los demonios que escoltaron a Zerachiel regresaron con un par de esposas idénticas a las que sus compañeros tenían, el General las tomo sin tardar nada ni explicar, se los puso al ángel de ropajes amarillentos, quien este vio tal cosa extrañada.
-Por seguridad de nuestra gente, creemos que es mejor que mantengan esas esposas…- el General aclaro al ángel
-Comprendo…- la respuesta de Zerachiel fue una sorpresa para los tres demonios que estaban ahí, había aceptado con tanta facilidad ser aprensado y quitado una parte de su libertad de movimiento
El general miro de arriba abajo a Zerachiel, aunque aquel casco de armadura no dejaba mostrar su rostro, se podía sentir desde lejos como este lo estaba sobre analizando.
Fue entonces que su mirada llego a las alas del ángel, mucho más pequeñas y débiles al resto, jamás se había visto algún ángel con esa discapacidad, las alas emplumadas era algo esencial para los ángeles, si no, ¿Cómo volarían?
¿Cómo ha logrado sobrevivir aquel ángel sin tener que volar?
-Leviathan está dispuesto a escuchar… - Zerachiel hablo con temor de haber dicho algo por adelantado - al menos, eso me dejo entendido…
- ¿Lo está? - Helzion miro sorprendido a Zerachiel, quien este asintió con su cabeza, las esperanzas comenzaron a florecer dentro del líder
-Como sea… - el General interrumpió la plática entre ángeles, con una voz enojada, casi disgustada - les daremos un lugar en el cual alojarse - el General chasqueo los dedos y uno de los demonios que seguían presentes en el salón comenzó a caminar, haciendo ruidos extraños, probablemente frases para que los ángeles lo siguieran.
Los ángeles se miraron entre ellos y sin muchas opciones, siguieron a aquel demonio que comenzó a caminar.
Olivia estaba al final del grupo y antes de que siguiera a su ángel, esta miro de reojo al General, este se quedó quieto en donde estaba.
- ¿No vendrás? ...- Olivia cuestiono, pero el demonio no se tomó las molestias de contestarle y solamente dio media vuelta para marcharse de ahí- oh…, ¿está bien?...
Los ángeles estaban más que cansados de tener que ser escoltados y caminar entre lugares sin ninguna libertad de observar, así que la noticia de que al menos les darán un lugar en el cual alojarse todos comenzaba a sonar a una buena idea
-¿Lo viste? - Helzion se puso a un lado de Zerachiel - a Leviathan…
Zerachiel miro al resto de sus compañeros, dándose cuenta de que no solamente Helzion era el que estaba intrigado por su encuentro.
-Si…, es…aterrador…- Zerachiel confeso, aun sintiendo la tensión sobre sus hombros que esa gran serpiente le daba-
-Hay mucho de lo que tenemos que hablar…, pero necesitaremos más privacidad para eso…- Adthor interrumpió a su propio líder, priorizando la confidencialidad, todos estuvieron de acuerdo, siguiendo, caminando ahora en silencio
(…)
-Nuestro rey siempre tiene de prioridad a su gente, él tiene en cuenta todos los riesgos puede tomar al recibir a los ángeles…- concluyo el General mandando a todos los demonios a volver a sus puestos, estos, a regañadientes y aun con dudas, se marcharon.
El eco de la gran puerta cerrarse fue lo único que acompaño al demonio de algo rango ante la soledad, aquel demonio no tardo en desmoronarse, soltando un suspiro profundo que se transformó en un quejido.
Deseaba que todas esas palabras que salieron de su boca para defender al Estrodemon marino fueran ciertas y genuinas, pero incluso él tenía sus dudas.
No entendía como su rey estaba tan dispuesto a escucharlos, mandarlos incluso las coordenadas una de las entradas directas al reino, no a cualquier otro terreno baldío, no, del reino, donde si alguno de los demonios residentes de ahí salía lastimado, todo un caos se desataría.
Hace mucho tiempo no veía un arcángel, tal vez no lo vio directamente, pero estuvo ahí cuando el portal fue congelado. Temió tanto que aquel arcángel dañara a su gente.
-Ese arcángel va a volver…, y si no, le dirá a los demás…- hablo para sí mismo, desmoronado recargándose en una de las columnas del lugar
- ¿Dudas de tu propio rey, Cassiel? - un susurro se metió como intruso en su mente
La habitación se comenzó a oscurecer, las luces que iluminaban el lugar comenzaron a perder intensidad, Cassiel, la mano derecha, tan acostumbrado a escuchar la voz de su rey que no se inmuto en su extraño murmuro y la oscuridad del lugar.
-Sus acciones están poniendo en duda a los demás, majestad - Cassiel dio su mensaje - ¿realmente está haciendo lo correcto?
-Jamás pongas en duda a tu guía, mi querido sirviente, él es el que te ha llevado hasta donde estas por algo - Levianthan con sus frases tan extrañas
-Usted vio ese arcángel - Cassiel sabía que si incluso él logro sentir la magia del arcángel, con mayor razón su rey lo haría - ese arcángel viene por él, ¿no es así? Viene por el hijo de la aurora
El sonido seseante del rey hizo eco en el lugar, mostrando su molestia ante las palabras de su general.
-Usted desde hace días lo supo, ese mensaje venia de ellos, y aun así decidió llamarlo y traerlo hasta aquí - Cassiel siguió hablando, sin importarle que su rey se comenzara a molestar - Ese arcángel ahora no solo sabe una de nuestras entradas, si no también que estamos resguardando a quien más buscan-
-No sabes todo sobre esta situación- Leviathan hablo con furia
- ¡Nos esta condenando! - pero a Cassiel no le importo
Las luces que apenas iluminaban la habitación comenzar a fallar para abruptamente ser todas rotas al mismo tiempo.
-¡¡Tu no entiendes esta situación!! - una voz estruendosa volvió a inundar la habitación
Repentinamente apareció el rey enfrente del general, esta vez haciéndolo sobresaltar, su grande cara estaba frente al pequeño demonio.
Su gran cara, cubierta de escamas verdosas y azulinas, perfectas para camuflarse ante las profundidades de cualquier tipo de agua, sus cuerpos que solamente le daban una silueta más puntiaguda y dominante, esos ojos flameantes que con solo verlos podías sentir el pesar de miles de almas en tu espalda.
Y finalmente el hocico de esa criatura, capaz de tragarte en un solo bocado si así lo desea.
Ángeles, demonios o humanos, no importaba de donde provengas, de que estes hecho o a quien le sirves.
Todos le temen a Levianthan.
-Hemos estado miles de años yo y mis compañeros manteniéndonos entre la oscuridad y el silencio - Leviathan prosiguió hablando ante el silencio de su general- todo para que esas bestias emplumadas e iluminadas jamás se enteren de lo que hemos hecho.
Así como Cassiel, todos los demonios residentes de la tierra de la Envidia sabían eso, el cómo no solo su rey si no los demás Estrodemons que acompañaron a su majestad en la gran guerra tuvieron que mantenerse ocultos, en silencio tuvieron que construir todo lo que ellos conocen.
Su hogar ha sido creado bajo la oscuridad, silencio y el miedo a ser descubiertos.
Pero, aun así, los Estrodemons se han logrado posicionar en un alto rango, jurando ante su trono y su gente que aprenderían de los errores y los pecados que han cometido las bestias emplumadas.
“Cada año que pasa, siento que olvidan más lo que juraron aquella vez”.
-Se lo mucho que ha sacrificado su majestad, ¿pero exactamente que quiere hacer con todo esto? - hablo con todo el respeto y calma posible el demonio - Ese ángel ni siquiera sabe por qué esta aquí, no sabe tampoco lo que tiene que hacer, ¿Cuál es el objetivo de todo esto?
Han estado por tantos años en paz con esos ángeles, cada quien, haciendo sus propios trabajos, todos ocupándose de sus asuntos, solamente la Tierra de los humanos era el terreno neutro.
-Ellos son lo que hemos esperado, finalmente el ciclo ha vuelto a comenzar, cual gota volviendo al océano - Leviathan comenzó a sumergirse nuevamente en la oscuridad - solo quiero que sigas confiando en mí, Cassiel, necesito que todos confíen en mí.
Solo hizo falta tener que cerrar los ojos un par de segundos para que todo volviera a su lugar nuevamente, la habitación parecía inmutada ante la presencia de esa criatura, las luces volvieron a estar intactas e iluminando como siempre.