Mas allá del océano (Debajo de las Nubes 2) Capítulo 9 “Arcángel de la Justicia” #4
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Capítulo 9 “Arcángel de la Justicia” #4

Y de pronto la magia cayo, como un golpe estruendoso, fue tan fuerte, tan poderoso, tan imponente, que los ángeles pequeños que solo se quedaron a recibir el golpe no sintieron nada.

Zerachiel en el primer ataque vio todo en negro, pero esta vez, veía en blanco, como una luz cegadora, una tan luminosa que no entendía el cómo era capaz de seguir viéndola sin quedarse ciego.

Primero, fue la luz muda la que llego a ellos y después, llego el gran sonido ensordecedor, una tan resonante y potente que los ángeles sintieron todo a su alrededor retumbar, incluso ellos mismo. Pero, sobre todo, se escuchó el retumbar del gran hielo y gloriosamente.

Se escucho el hielo romperse.

(…)

El frio suelo y resbaladizo en la que una vez estuvo e incluso combatió, ya no estaba, en su lugar, un suelo rocoso y húmedo se sentía, el olor a humedad era perceptible pero no tanto para molestar, y el sonido del eco de los goteos fue lo que hizo despertar a Zerachiel.

Por la sorpresa trato de levantarse rápido, su cuerpo lo castigo por tal acto, dándole un dolor horrendo en su torso, aún tenía la herida fresca que le hizo aquel arcángel, y seguía doliendo, ardiendo.

Podía aun sentir el frio sentir de la lanza que le fue atravesada seguir recurriendo todo su cuerpo.

- ¿Dónde estoy?... - se cuestionó, mirando todo a su alrededor, parecía más que nada una habitación, una la cual era iluminada por unos pares de focos incrustados en la pared, aunque esa luz no era lo suficiente para iluminar enteramente la habitación, pues había partes oscuras.

Volvió a bajar su mirada para observar los cuidados que Kezef le había hecho, viendo como estos ya se encontraban algo manchados de su propia sangre, lo que sea que hubiera pasado, provoco que su cuerpo se moviera bruscamente, tanto para haberlo hecho sangrar más.

Con una mano en su herida, decidió levantarse completamente, dando quejidos en cada movimiento que hacía, una vez hecho se dedicó a indagar mejor la habitación.

Era pequeña y no había gran cosa, lo único a resaltar eran las paredes rocosas e irregulares, las cuales al pasar su mano, el ángel sintió como estas se encontraban húmedas, y que incluso si veías bien, podías ver gotas aun recorrer en la pared.

El suelo no tenía casi ninguna diferencia a las paredes, más que estas no tenían alguna irregularidad, y también se encontraba en la habitación una puerta metálica, claramente estaba cerrada por fuera, haciendo imposible que el ángel tratase de abrirla, Zerachiel se quedó en medio de la habitación pequeña, viendo confundido en donde estaba, era más que claro que no era por nada que lo habían puesto ahí, solo.

- ¿Dónde estarán los demás? - se preguntó a sí mismo, preocupado que sus compañeros, sus amigos estuvieran en problemas o en una situación peor a la de Zerachiel.

Pero esa duda no duro más, pues el sonido de un seguro metálico quitarse se hizo presente, poniendo en alerta máxima al ángel el cual rápidamente se fue a una de las esquinas de la habitación, tratando de cualquier forma en esconderse.

La puerta no tarde en abrirse de golpe, entrando a la habitación un demonio de altura alta y complejidad delgada, pero a comparación de los antiguos encuentros que ha tenido Zerachiel con demonios, este se sentía particularmente diferente.

La postura, la actitud, simplemente la presencia del demonio te daba la idea de que esa criatura era diferente a las demás que ha visto, no tenía ninguna actitud salvaje, aun imponía miedo, pero la actitud de aquel demonio se veía neutra, consciente, como los ángeles, como los humanos.

El demonio claramente no intento hacer algún intento de dialogo con el ángel, ambos sabían que sería inútil, así que apenas el demonio vio el ángel este se acercó a él, viéndolo de arriba hacia abajo, Zerachiel no entendía que estaba viendo del exactamente, pero después de segundos de un análisis intenso, el demonio lo tomo del brazo y se lo llevo arrastrando sin problema.

-…Q… ¿¡qué haces!?, ¿A dónde vamos? - a pesar de la apariencia delgada de aquel demonio, su fuerza era bastante, tanto que Zerachiel por más esfuerzos que pusiera jamás tuvo ni siquiera una pequeña oportunidad de zafarse de aquel agarre.

El demonio ni siquiera se tomó el tiempo de decirle algo, ni una mirada, ninguna acción en concreto, solo siguió caminando, llevando detrás de el al pobre ángel confundido.

Zerachiel no le tomo mucho tiempo en solamente aceptar que no tendría alguna respuesta, dignándose solamente a caminar junto al demonio, observando el largo pasillo en el que estaban.

Después de subir unas escaleras y pasar por varias puertas metálicas con seguro es que se dio cuenta que aquella habitación en la que había despertado no era más que una prisión, una prisión debajo de un lugar misterioso, Zerachiel no negaba que era elegante, se podía ver por la estructura que el sitio era digno de la realeza, pero aun así el misterio y la confusión de no saber exactamente donde lo llevan no permitían disfrutarlo.

No fue hasta que vio en una de las paredes del lugar una gran pintura enmarcada que colgaba en las grandes paredes del lugar, fue un leve reojo, pues el demonio que lo llevaba no le permitió que se quedara quieto, pero aun así lo vio.

La pintura de un trono, de una corona, de un puesto honorario, de un gran demonio, era una pintura tan elegante, tan sofisticada que solo podía pertenecerle a alguien de gran poder.

Y todo estaba claro ahora.

“Estoy en el reino de la Envidia…”