Mas allá del océano (Debajo de las Nubes 2) Capítulo 6 “Los Arcángeles”
24%

Capítulo 6 “Los Arcángeles”

Entre las nubes esponjosas que decoraban el hermoso paisaje azulado del cielo, varios edificios se asomaban imponentes, sus arquitecturas tan divinas y los colores que cada uno portaba coloreaba todo el cielo con un toque etérea, místico y puro.

Entre todas las ciudades que se dispersaban con el vasto cielo, entre todos los edificios y nubes, ante toda esa belleza magnifica había un joya que brillaba mucho más que las demás.

Aquella joya era no era nada más que el Gran Imperio, hogar de los divinos Arcángeles, de aquellos que tanto se habla, que tanto se alaban y veneran.

Podía notarse a kilómetros como aquel lugar era la cúspide de todo lo que los ángeles han llegado a tener, tenía lo mejor, desde las flores más hermosas que han descubierto en el planeta Tierra hasta los detalles brillantes del oro y cuarzo combinaban de una forma mágica, como si ambas cosas hubieran sido hechas para estar juntas y ser combinadas entre ellas solamente.

Pero la belleza del exterior era incomparable a la interior, donde aquellos ventanales coloridos que decoraban cada pasillo eran iluminados ante la puesta del sol, incluso pareciendo que aquella gran estrella que ilumina nuestros días se colocara en ese punto exacto solo para que los ventanales pudieran hacer florecer su belleza.

Esos pasillos no estaban solamente coloreados por la hermosa luz natural de aquella estrella amarilla que iluminaba los días de todos, pero si no que también había varios recuadros con pinturas las cuales contaban mediante su arte la historia de los ángeles y todo lo que han logrado, desde su nacimiento hasta los descubrimientos que han tenido.

Entre esos pasillos limpios y blancos había un arcángel que paseaba con tranquilidad, tarareando mientras miraba aquellas flores que unos ángeles le habían dado en muestra de veneración, apreciándolas y quitándoles cualquiera imperfección que tuviera, volviéndola perfectas ante sus manos.

Ese era la magia de Barachiel, la perfección.

-Un día tan encantador…, ¿no lo creen mis hermosas flores?

- hablo con esa voz tan dulce, dejando aquellas flores en un jarrón que tenía detalles artísticos imprentados- oh…

parece que se me olvido esta imperfección…

-hablo con tristeza, arrancando un pétalo que sobresalía de aquella flor, volviendo simétrica por completo

Admiro aquellas flores por unos segundos, viendo su gran trabajo que ha logrado, antes de proseguir con su camino, acomodo la jarra moviéndola solo un poco, después de eso siguió con su rumbo.

Después de pasar aquel largo pasillo, el arcángel se encontró con una gran puerta, la cual llegaba hasta el techo, era tan inmensa, incluso era mucho más grande que el propio arcángel, esta misma tenía varios detalles de ángeles y del cielo imprentados en toda la puerta, se podía notar como estas habían sido pintadas a mano, con lujo de detalle, uno podría pasar horas observando aquellos detalles.

Barachiel tomo una de las grandes manijas y empujo sin mucho esfuerzo, entrando a aquella habitación igual de imponente que la puerta que te dirige a esta.

Una vez entrabas lo primero que te recibía era un gran ventanal circular la cual dejaba entrar la luz natural, siendo la iluminación principal de toda la habitación, alrededor del lugar había varias columnas talladas con cuidado y perfección, siendo en total seis columnas las que se encontraban en aquella habitación, siendo estas repartidas por todo el lugar simétricamente.

Cada una se podía notar que tenían un tallado único y especial con sus propias facciones únicas y personalidad, así como los arcángeles que tendrían una reunión en esa misma habitación.

Y en el centro de todo ese cuarto, se encontraba una mesa circular y seis inmensas sillas, de las cuales solo una ya yacía ocupada por otro arcángel que habría llegado antes que Barachiel.

-Llegando temprano igualmente al parecer, Barachiel- Aquel arcángel de vestimenta elegante con detalles y accesorios de mariposa agito sus alas blanquecinas, mucho más blancas de las que cualquier ángel.

-La puntualidad es una de mis más grandes virtudes- Gabriel, aquel arcángel que había llegado primero solo rodo los ojos para seguir en lo suyo

- ¿Qué le hiciste a la piedra con la que mandaste a…él? - Gabriel después de quedarse unos segundos en silencio volvió a hablar, dando un comentario más directo y serio

-Esa ‘piedra’ está en un lugar seguro…- Barachiel comento con calma, Gabriel no le gustaba ver mucho esa actitud por parte del Arcángel de los ángeles de la guarda.

-Dicen que el lugar donde los mandaste esta infestada de demonios…- Barachiel tardo unos segundos en responder, cambiando su postura

-Si lo que quieres hacer es incriminarme de que fue mi culpa de que ellos sepan sobre él, déjame recordarte que tu fuiste quien le dio esas ‘misiones’ a ambos ángeles- Barachiel ataco sin dudar, aquel arcángel de ropajes amarillentos podrá aguantar cualquier tipo de comentarios, pero cuando lo culpa de haber cometido un error, que no hizo su trabajo perfectamente.

Ahí es cuando esa fachada de amabilidad cae.

Gabriel seguiría aquella tensa conversación, pero nuevamente las grandes puertas fueron abiertas, entrando dos arcángeles más que se encontraban conversando con tranquilidad.

-Raguel, Uriel…, gusto en verlos de nuevo- Gabriel les dio la bienvenido, misma que fue agradecida por ambos arcángeles que no tardaron en tomar sus respectivos asientos

-Miguel ha estado muy centrado en sus propios asuntos, el único momento en que lo veo es en estas reuniones- Uriel se acomodó sus alas rojizas como el fuego para sentarse en su asiento.

En el otro lado Raguel, que tenía un aura más frio como el mar ártico siguió su camino para llegar en el asiento de Gabriel, sentándose a un lado de él y ambos saludándose con la mirada en silencio.

Los arcángeles tenían sus propias responsabilidades, cada uno teniendo su propio trabajo que fue asignado desde el momento en que fueron creados por el Señor, aquellas vidas longevas de los arcángeles han sido llenas de responsabilidades, pero aun así aquellas criaturas perfectas y místicas tenían sus momentos para pasar el rato, después de todo, técnicamente eran como hermanos.

Y los seis compartían los mismos ideales y metas, así que, ¿Por qué no llevarse bien?

- ¿Todos sus trabajos han sido hechos sin problema? - Gabriel comento en general, siendo esta pregunta algo habitual de responder, viniendo de Gabriel.

Los arcángeles respondieron positivamente, alguno que otro dando comentarios extras y detalles que compartir sobre su ‘jornada de trabajo’.

No fue hasta que aquella luz natural que iluminaba la habitación de reuniones desapareciera de un momento a otro, todo esto causado por la presencia o venida de cierto arcángel que se dedicaba a tomar las almas humanas y guiarlas.

Aquel ventanal que una vez Barachiel admiro tanto por su belleza fue tapada rápidamente por una magia negra, impidiendo que la luz entrara, las paredes blanquecinas, los detalles en oro, todo fue entintándose poco a poco de un color oscuro convirtiendo ese cuarto puro y luminoso en algo pútrido y oscuro como la muerte.

Los arcángeles no parecieron sorprendidos de todo este cambio, solo quedándose en silencio esperando a que el arcángel hiciera su entrada de siempre.

-Me sorprende que Miguel aún no se haya hecho presente- Azrael emergió de uno de los rincones más oscuros siendo este el costado de una columna.

Aquel arcángel de alas oscuras se sentó en su debido asiento, los demás arcángeles solo esperaron a que la oscuridad en la que estaba sumergida la habitación se fuese, pero no fue así, Barachiel miro a Azrael esperando una respuesta al por que las auras tétricas no se iban, pero el arcángel de la muerte parecía evitar la mirada de Barachiel, de todos en realidad, quedándose en un momento tenso de silencio, no fue hasta que Gabriel se decidió en interrumpir ese silencio, tosiendo.

-Al parecer tus...energías andan más presentes de lo habitual- Gabriel menciono, dando un vistazo nuevamente a la habitación

Azrael solo se encogió de hombros, apoyando su barbilla en su mano, no mostrando ninguna incomodidad por las auras de la habitación.

-Últimamente estas auras han estado más descontroladas, las almas en pena han aumentado demasiado…- Azrael explico con simplicidad, como si fuera algo obvio, Azrael ha guiado almas en pena en una cantidad más grande de lo habitual.

No habría gran problema en eso, pero lo malo es que aquellas almas todas vienen cargadas de energía negativa en sus espaldas.

-Yo no veo mucho problema, un cambio de estética siempre viene bien- Raguel menciono sin importarle que la oscuridad de cuarto y las auras se volviesen aún más pesadas después de decir eso, incluso comenzándose a escuchar pequeños susurros y murmullos, como si las paredes pudiesen hablar.

-Perfecto…, los motivaste- Uriel agito sus alas, en segundos sus plumajes comenzaron a iluminarse levemente, como una pequeña fogata, haciendo que la habitación no estuviera tan oscura gracias a las alas luminosas del arcángel Uriel

-Creí que ya habíamos hablado todos sobre la “perfección”- Barachiel se quejó, sobresaltándose al escuchar un susurro detrás de su oreja.

-La perfección no es más que un extra, Barachiel- una nueva voz se unió entre las quejas de los demás arcángeles, aquella voz provenía del último integrante que apenas había entrado a la habitación- El orden es lo importante aquí

Aquel arcángel que parecía ser un poco más alto que los demás presentes, dio un simple chasquido con sus dedos y aquella oscuridad y terrosidad en la que estaban todos consumados se desapareció.

-Pensé que eso es lo que ya lo teníamos claro después de tantos años…- Miguel concluyo, acomodando su traje bien cuidado mientras caminaba a su respectivo asiento

- ¿El trabajo te mantuvo ocupado hoy? - Gabriel miro a Miguel mientras este se sentaba en el asiento que estaba en el centro de los demás, dándole espaldas justamente al gran ventanal circular.