Capítulo 4 “Avisos y cartas”
El cielo, un lugar que conforme los años ha sido algo tan difícil de recordar, una memoria que tú mismo quieres quitar, al menos eso era lo que Zerachiel deseaba, un lugar donde tuvo momentos de tranquilidad y paz, pero todos esos momentos al costo de la ignorancia.
Era tan ingenuo, cada vez que pensaba en esos momentos que estuvo en la academia se cuestiona si realmente debe recordarlos con alegría.
“No es tu culpa, no sabias lo que pasaba debajo de las nubes” ese pensamiento era lo que lo consolaba en las noches.
Al menos ahora está aquí, donde puede saber la verdad y tener un pensamiento propio, pero en esos días de silencio y tranquilidad, es difícil de evitar no pensar en eso.
Pensar en todos los demás ángeles que siguen ahí, ignorantes de lo que está pasando, Zerachiel desearía que todos supieran, pero está soñando demasiado grande, al menos, es algo imposible en este instante, quizás logre su deseo si es paciente y perseverante.
Algún día sabrán lo que hay debajo de ellos.
Por mientras, Zerachiel reza porque sus conocidos se encuentren bien.
(…)
Era un nuevo día en las ciudades más avanzadas de los ángeles, el sonido de aleteos se escuchaba por todos lados, notándose como varios ángeles de diferentes tamaños y colores iban de un lado a otro, listos para servir con sus deberes del día y contribuir a esa pequeña ciudad.
En uno de los tantos edificios que destacaban por su hermosa y exótica arquitectura se encontraban un par de hermanos que paseaban por los primeros pisos de los edificios, ambos platicando con tranquilidad y paz, teniendo en mano un par de registros que les habían encargado hace unos días, yendo en camino a entregarlos.
La de mayor estatura fue quien se encargó de entregar los registros en donde se encontraban las secretarias del edificio, siendo una de estas quien tomo aquellos registros y se los llevo, no sin antes agradecer por su puntualidad.
El otro hermano, quien tenía menor estatura saco un reloj de bolsillo, dando un suspiro, algo que la hermana noto, captando la atención de su hermano posando su mano en el hombro
-Palmerlight, ¿todo bien? Has estado algo distraído- el ángel acomodo sus lentes, mientras apartaba con delicadeza la mano de su hermana
-No es nada…, es solo que, estos días algunos ángeles de la guarda han regresado de sus misiones y…y bueno, no…no les ha ido tan…bien- Palmerlight confeso con nervios en su voz, no queriendo demostrar la preocupación que sentía por el excito que Zerachiel y Kezef tendrían en sus misiones
Aunque también debía admitir, que había un miedo diferente, pero eso estaba escondido muy dentro de su ser, como una pequeña suposición, una voz susurrante que le habla desde su nuca, pero prefiere ignorar esa voz molesta.
-Nuestros queridos Kezef y Zerachiel lo están haciendo bien, de eso estoy segura- Palight hablo con confianza, algo que necesitaba escuchar Palmerlight- ellos no han regresado aun así que debemos suponer que es porque lo están haciendo bien-
-Si, tienes razón Palight…, ellos pueden, ambos son amables, inteligentes y valientes…-
-Así son los ángeles de la guarda, además, podremos verlos en unos cuantos meses más, solo hay que ser pacientes- Palight termino la conversación en cuanto vio a una de las secretarias que estaba ahí despejar su mirada de lo que estaba haciendo para mirar a ambos ángeles de la tercera edad
-Oh… ¿aun no lo saben? - Aquella ángel de cabellos rizos dejo de hacer su trabajo para mirar a los hermanos- los arcángeles dieron el aviso que en unas semanas todos los ángeles de la guarda deberán de regresar a la academia
- ¿Desde cuándo dijeron eso? - Palight miro confundida a la secretaria, mientras esta sacaba una hoja que tenía doblada en su bolsillo
-Suelo visitar de vez en cuando la Academia para entregar algunas cosas del trabajo, estos avisos los estaban dando hoy, supongo que es algo reciente- Palight tomo aquella hoja, desdoblándola para mirar aquel aviso, sus ojos cansados se abrieron de la sorpresa, pasando de inmediato aquel aviso a su hermano para que él también lo viera
No es que no estuvieran contentos de ver a sus pequeños aprendices volver, es solo que se les parecía extraño, los Arcángeles eran benevolentes pero muy estrictos en lo que venía siendo la divina trinidad, no harían algo como esto si no hubiera una muy buena razón.
Les daba un mal presentimiento
- ¿Se sabe el por qué hacen esto? - Palmerlight pregunto con lentitud, la secretaria alzo los hombros
-No podría darles una idea clara, tal vez si van a la Academia a preguntar-
Ambos hermanos se miraron, para asentir e irse del edificio, yendo directamente a la Academia a aclarar sus dudas y esperar a que realmente las razones no sean peligrosas para sus pequeños.
-Y aquí está el papel para la siguiente…semana- la secretaria que se había llevado los registros volvió con una carpeta en mano lista para dársela a los hermanos Light-… ¿señorita Palight? - miro a todas partes no encontrando a ninguno de los dos ángeles-
(…)
La Academia no podía verse más llena de vida que antes, por todos lados podías encontrar ángeles caminando o volando en los pasillos y campos abiertos, algunos tenían varios libros en mano, otros simplemente unas cuantas hojas o incluso nada.
Los salones de la sección de los ángeles de la guarda estaban dando sus clases con naturalidad, teniendo tanto alumnos como maestros.
El ruido y la vida era algo que se hacía notar mucho en la Academia.
Pero entre los pasillos, entre los alumnos que pasaban a sus clases o sus descansos, entre los maestros que caminaban, encerrados en su propio.
Entre todo ese sistema que se ha creado por varios años, entre todo eso, estaba un ángel alto, callado y frio, caminando con un paso firme, dando esa aura de no querer ser molestado, algo lo cual se le fue concebido sin problema.
Parecía que ni siquiera era visto, ignorado, como si ni siquiera estuviera existiendo en ese mismo mundo que los demás alumnos y maestros, todos pasaban de largo al lado de él, con sus sonrisas llenas de vida, con esos ojos con brillos esperando un futuro prometedor después de salir de la academia.
Definitivamente, Elyon no estaba en el mismo mundo que esos ángeles que ahora mismo pasaban por los pasillos junto a él, podían compartir esa academia, pero no compartían la misma visión.
Como dos personas en una misma habitación, sentados dando la espalda, al contrario, compartiendo un lugar, pero sus vistas, sus experiencias, su perspectiva era diferente.
Elyon ha visto cuatro veces lo que puede llegar a hacer esta academia, ha visto cuatro ángeles caer hacia el pozo de la humanidad donde la última imagen de ellos ha sido confusión, miedo, nervios o ni siquiera llegaba a percibir algo.
Y el hecho de que no los vuelve a ver o si lo hacen, regresan de una forma diferente, el brillo la esencia que todo ángel puro tiene se esfumo completamente, eso, eso es lo que lo hace sentir escalofríos.
Por qué tal vez los conocimientos que él tiene del mundo humano, lo que esta debajo de las nubes, sean mucho peor.
La imaginación puede llevarte a escenarios horrendos.
Pero de una manera poética, irónica y aterradora, la realidad siempre supera la imaginación.
Elyon paso por pasillos, pareciendo que solo estaba caminando por caminar, no teniendo un salón al que ir o alguna oficina, lo cual era verdad, ya no tenía el puesto de maestro que antes solía tener, no después de lo que hizo cuando ese pequeño ángel Zerachiel fue mandado al mundo humano.
Aun así, Barachiel lo quiso de cerca, no permitiéndole que se fuera de la Academia hasta las horas de clausura, era como una prisión, así que eso era lo único que hacía, Elyon pretendía.
Pretendía que aún era un maestro, que tenía cosas que hacer, pero solo daba vueltas, como un animal en una jaula rodeado de ojos.
La Academia era un ligar grande, cientos de lugares al que ir, desde los edificios de los ángeles de la guarda, hasta las arenas de los cazadores.
Pero para Elyon cada día era más, y más pequeño, asfixiante lugar.
Pero hoy se sentía diferente, no sentía ese peso de miles de ojos vigilándolo, no sentía esa respiración en su nuca, ese escalofrió de alguien tocando su espalda, ese frio de alguien suspirando detrás de su oreja.
Así que aprovecho y se fue a uno de los pocos lugares que se suele sentir seguro, caminando a un paso rápido, ignorando a los ángeles que pasaban en esos pasillos, así como ellos lo ignoraron a él.
Entro en un pequeño cuarto, uno donde solo él tenía la puerta y donde solo se metía cuando no sentía esas miradas, los cuales esos momentos eran contados,
Parecía ser como un cuarto donde guardaban cosas de limpieza, pero en realidad era su nuevo escondite.
Apenas cerro aquella puerta soltó el aire que estaba manteniendo, podía sentir su corazón golpeteando su pecho, sintiéndolo como trataba de salirse de su cuerpo por los nervios, sus ojos se movían de un lado a otro, mientras su cerebro comenzaba a correr del pánico.
Le tomo unos buenos minutos en recuperarse, retomando esa postura que tenía fuera en los pasillos de la Academia, miro a sus espaldas, específicamente la mesa que había en el fondo del pequeño cuarto ahí yacía varios papeles en blanco, una pluma y tinta.
Elyon saco del bolsillo de su pantalón un sobre, el mayor solo suspiro con alivio mientras una sonrisa dulce se formaba en su rostro.
Acercándose a aquella mesa, dejo aquel sobre encima mientras se sentaba y abría un cajón, sacando un pequeño cuchillo para abrir aquel sobre.
Pero justo cuando estaba a punto de abrirlo, el sonido de alguien tocando la puerta lo hizo sobresaltar, casi tirando la tinta, su corazón comenzó a latir nuevamente del miedo, pero su cerebro racional lo hizo callar, tranquilizándose, pensando en que tal vez eran alumnos que estaban perdidos.
Pero al abrir la puerta, sus ojos se abrieron de la sorpresa a ver no dos jóvenes ángeles, pero dos ángeles mayores, viéndolo con una mirada preocupada