27. Quinton #2
—Ya me he dado cuenta —comenta su padre, mirándonos a uno y a otro—. No digo que seas mal chico, para nada, pero jamás pensé que os vería a los dos comportándoos civilizadamente, y mucho menos que Oakley te traería a casa a cenar tan tranquilo.
—Créame, señor, yo tampoco pensaba que esto fuera a pasar nunca.
—Supongo que Oakley por fin me ha hecho caso y ha decidido medirse con otro jugador de su nivel para seguir mejorando.
Frunzo el ceño.
—No estoy seguro de haberle entendido. El nivel de Oakley está muy por encima del mío...
—No hace falta que seas modesto, Quinton.
Tus estadísticas esta temporada son fantásticas.
De hecho, están a la altura de las de Oakley.
Claro que tus minutos en el banquillo de penalización podrían ser menos.
.. —añade, dedicándome una sonrisa cómplice—, pero, en general, eres un jugador sólido y constante.
Cualquier equipo de la liga tendría suerte de ficharte el próximo año.
Me quedo mirándolo, boquiabierto, porque... esto me lo está diciendo un jugador que fue diez veces All-Star y que estuvo doce años en la NHL. Está aquí, sentado a la mesa, diciéndome que yo también tengo lo necesario para llegar a la liga.
Es verdad que Oakley y el entrenador me han dicho lo mismo, igual que otras muchas personas muy respetadas de este mundillo. Pero estamos hablando del puto Trevor Reed.
—Yo... Eh... Gracias —acabo diciendo, sin saber muy bien qué más añadir.
—No me des las gracias; tú eres quien ha hecho todo el trabajo duro.
No es fácil mantener una media de casi dos puntos por partido, pero de algún modo lo estás consiguiendo.
Y luego está el número de goles que has marcado en general, por no hablar de todas las asistencias que les has dado tanto a Oakley como a Rossi esta temporada.
.. —Hace una pausa y niega con la cabeza—.
Las cifras no mienten, y si mantienes este nivel durante el resto de la temporada, tienes muchas papeletas para salir entre los primeros del draft de este año. Eso, claro, si piensas presentarte.
Me aclaro la garganta y asiento.
—Sí, claro. Así que cualquier consejo sería... más que bienvenido.
Se recuesta en la silla.
—¿Tienes agente?
—No —respondo despacio, y enseguida sé que es la respuesta equivocada.
Hace poco el entrenador comentó que algunos agentes estaban interesados en hablar conmigo, pero al final no se concretó nada.
Y, por cómo me mira Trevor, quizá ya va siendo hora de que tome las riendas de mi futuro en lugar de esperar a que llegue solo.
Sobre todo si presentarme al draft termina de romper por completo el vínculo que aún queda entre mis padres y yo.
—Bueno, aun así sigue siendo muy impresionante, la verdad. —Su atención va de mí a Oak y de Oak a mí—. Entiendo por qué Oakley cree que serías un buen...
Se oye un golpe seco bajo la mesa; la superficie de madera vibra por el impacto y Logan se gira para mirar a su hermano con rabia.
—Me acabas de dar una patada, idiota —gruñe.
—Logan —advierte su madre desde la cocina.
—Lo siento, Loge —murmura Oakley, distraído. Pero no está mirando a su hermano cuando lo dice. En cambio, tiene la vista clavada en su padre, al otro lado de la mesa.
Mis ojos van de uno a otro, haciendo todo lo posible por descifrar qué mierda se están diciendo con la mirada. Creo que percibo un leve movimiento de cabeza de Oakley antes de que rompa el contacto visual con su padre y me mire a mí.
—Tal vez deberíamos irnos ya —murmura antes de mirar por la ventana panorámica del comedor—. Parece que ha empezado a nevar y me gustaría volver al campus antes de que las carreteras se pongan hechas una mierda.
—Esa boca, Oakley —lo reprende su madre desde la cocina, asomando la cabeza.
Él se encoge a mi lado bajo su mirada severa.
—Lo siento, mamá.
—Más te vale —dice ella, antes de volver a la cocina.
Regresa unos segundos después con dos recipientes llenos de sobras y nos da uno a cada uno—.
Son para vosotros. Un par de minutos en el microondas y listo.
—Hace una pausa y me mira, con un destello en los ojos marrones que me recuerda mucho a Oakley—.
Personalmente, creo que está aún más rico recalentado.
—Gracias, mamá —dice Oakley antes de abrazarla.
Ella le rodea los hombros con los brazos y lo estruja contra sí.
—De nada, cielo. Nos vemos después del partido de este fin de semana.
—Sí, perfecto.
Se me hace un nudo en la garganta al verlos abrazarse y, de repente, me siento como un intruso en un momento privado entre ellos. Pero la sensación dura poco porque, cuando la madre de Oakley termina con él, se gira hacia mí y me atrae para darme un abrazo.
Uno que me hace sentir más en casa que nunca.
Después de que me suelte, le estrecho la mano al padre de Oakley y me despido de Logan con la mano, intercambiando las típicas muestras de cortesía antes de irnos.
Mientras tanto, Oakley abraza a su padre antes de acercarse a su hermano y darle un golpecito en la cabeza, como si siguiera siendo un crío.
Todo esto me resulta extrañísimo, igual que toda la noche, la verdad. Pero también es algo a lo que creo que podría acostumbrarme con muchísima facilidad.
—Ha sido... —digo, sacudiendo la cabeza con asombro mientras caminamos por la acera nevada hacia el coche de Oakley, que está aparcado en la calle.
No tengo palabras para describirlo. Solo sé que quiero más.
Sentir que pertenezco a algún lugar.
—¿Ha ido bien? —pregunta, rascándose la nuca—. Siento que mi padre te haya puesto en esa situación, pero te prometo que lo ha hecho con buena intención y...
Lo interrumpo con un beso lleno de urgencia, porque no hay nada más que decir. Nada más que pensar ni que hacer salvo besarlo otra vez. Empujarlo contra la puerta del coche y besarlo con más ganas.
Con más fuerza. Con toda la pasión y toda la gratitud que soy capaz de sentir.
Quiero dejarlo sin aliento, igual que él me deja a mí.
Constantemente, y en todo momento.