Más allá del hielo CAPÍTULO 9
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CAPÍTULO 9

A la mañana siguiente, Rick volvió a llamar a Aiden a su despacho. Esta vez su tono era distinto, mucho más controlado, pero tajante. Dejó una carpeta sobre la mesa.

—Tienes suerte, Benson. Hemos encontrado una forma de arreglarlo todo.

Dentro estaba el texto de una entrevista, con todas las respuestas ya escritas.

Aiden empezó a leer la parte principal.

«Para mí, Luke Moretti es solo un conocido. Nunca ha habido nada más entre nosotros. Las fotografías se han malinterpretado por completo. En este momento estoy centrado exclusivamente en mi carrera…».

Cerró despacio la carpeta y negó con la cabeza.

—No.

Rick parpadeó.

—¿Qué has dicho?

—He dicho que no. A estas alturas sería inútil negar la verdad. No puedo ser un cobarde, no más de lo que ya lo he sido. No quiero seguir con esta farsa.

El agente se tensó.

—Piénsalo bien. Esta entrevista puede salvar tu carrera.

Aiden guardó silencio. Pensó en su historia con Luke, en sus momentos juntos, en las risas que habían compartido, en los paseos junto al río Charles.

En sus besos, sus caricias, el aroma de su piel.

En cómo Luke lograba mirarlo y comprenderlo sin pedirle que fuera distinto.

Sin imponerle que cambiara para adaptarse a un mundo que le resultaba cada vez más estrecho.

Después habló con una serenidad que lo sorprendió incluso a él.

—Si tengo que mentir sobre quién soy para conseguir ese contrato… entonces ese contrato no vale lo suficiente para mí.

Rick se quedó sin palabras, mientras el entrenador Harris observaba la escena desde el otro lado de la habitación, con los brazos cruzados sobre el pecho. Por primera vez, en sus ojos severos apareció algo distinto. No era aprobación, sino respeto.

Cuando salió del Guardian Arena, Boston estaba bañada por la luz dorada del atardecer.

Aiden sacó el móvil y abrió el perfil de Instagram de Luke. Su última historia mostraba el escenario del Winter Lights Festival, uno de los mayores eventos musicales del invierno. Luke iba a actuar ante miles de personas.

Sin pensárselo dos veces, Aiden subió al coche. Atravesó la ciudad mientras las primeras luces de la noche se encendían a lo largo del puerto. El tráfico parecía interminable y cada semáforo en rojo, un obstáculo insoportable.

Cuando llegó al festival, la música ya había empezado. Miles de personas llenaban la plaza, mientras haces de luz coloreaban el cielo.

El ritmo de los graves hacía vibrar el suelo.

Sobre el escenario, Luke estaba concentrado en la mesa de mezclas.

Su rostro aparecía en las gigantescas pantallas laterales.

Parecía seguro y profesional. Pero Aiden reconoció enseguida aquella melancolía escondida tras la sonrisa que mostraba al resto del mundo.

Consiguió llegar a un lateral del escenario gracias a un vigilante de seguridad que lo reconoció y accedió a dejarlo pasar. Después se quedó allí, esperando.

Cuando Luke levantó la mirada, casi por casualidad, lo vio. Durante un instante se le escapó el ritmo en una transición musical. Fue casi imperceptible, pero para él fue como si el mundo entero se hubiera detenido.

Sus ojos se encontraron. Esta vez no había llamadas que evitar ni periodistas a los que contentar. No había agentes que decidieran por él.

Aiden no bajó la mirada ni se escondió. Permaneció allí, delante de miles de personas, con los ojos fijos en Luke. Cuando terminó la sesión, el DJ bajó del escenario sin acabar de creérselo.

Durante unos segundos se limitaron a mirarse; el ruido de la multitud parecía lejísimos.

—Creía que ya habías tomado tu decisión. Quiero decir… creía que los habías elegido a ellos. —La voz de Luke sonaba baja, herida.

Aiden dio un paso hacia él.

—Durante un tiempo yo también lo creí. —Inspiró hondo—. Después comprendí que seguir viviendo con miedo significaba perder a la persona en la que me estaba convirtiendo. A la persona que quería ser. Y no podía soportarlo.

Luke permaneció inmóvil. En sus ojos verdes brillaban emociones contradictorias: esperanza, cautela, ganas de creerlo, de confiar en él.

Aiden le cogió con delicadeza una mano y entrelazó los dedos con los suyos en un gesto sencillo, pero decidido.

—No sé qué pasará mañana. No sé si seguiré teniendo un contrato, ni siquiera sé si será más fácil. Pero sí sé una cosa, Luke. Esta vez no voy a huir de mí mismo ni de lo que siento por ti.

Por un instante, Luke no pudo hablar. Después, una sonrisa auténtica le iluminó el rostro.

Sin preocuparse por los fotógrafos, las cámaras o los miles de personas que aún seguían en el festival, se acercó a Aiden hasta rozarle la frente.

Le acarició los hombros y sus labios se encontraron en un beso suave, pero profundo.

Se quedaron así un momento, rodeados por el sonido de la música y los aplausos que aún resonaban en el aire. Por primera vez en semanas, Aiden sintió que el peso que le oprimía el pecho se aligeraba.

El miedo no había desaparecido. Pero ya no permitiría que nada ni nadie tomara decisiones sobre su vida y sus sentimientos. A partir de entonces, sería él quien elegiría. Y había elegido su amor por Luke, contra todo y contra todos.