Más allá de nuestros ojos Capítulo 73
99%

Capítulo 73

Egipto, Mar rojo. Primeras horas de la tarde.

—S on incluso más hermosas de lo que imaginaba —asegura mi amigo Max al llegar.

—Y antes lo eran aún más... —añade Celestino.

—Creo que después de tanto, me gustarían unas lindas vacaciones aquí —dije yo con una risa.

—Y algún día las tendrás —aseguran ambos al uníson o.

Sin duda fue gracioso, tanto que al fin y al cabo ambos se rieron. Quizás llegaba un punto donde los dos chicos más importantes de mi vida, tenían demasiado en común, tanto, que ni Max realmente, en sus humanos sentimientos, sentía desprecio por él, más bien un extraño aprecio celoso y caprichoso.

—Antes de que el resto llegue, debo decirles a ambos, que les agradezco, ustedes fueron quienes estuvieron conmigo desde el principio.

Y sin ustedes y sin Isabelina esto no sería posible...

incluso, ni siquiera me imagino cómo podría haber sido mi vida, si alguno de ustedes hubiera estado ausente —les comuniqué a ambos con suma emoción, casi diría que alguna lágrima estaría por escapar de mis ojos—.

Ahora finalmente después de tanto, me siento libre, siento que la brújula de mi vida es libre de girar, volví a sentir emoción e incluso miedo, pero ahora todo estará bien, se los agradeceré eternamente.

—Cada una de mis palabras emanaba sinceridad.

Me hubiera gustado un discurso má s largo y elaborado, pero esas cosas jamás fueron propias de mí.

Ellos se miraron entre sí, pero no con rivalidad, sino con una sonrisa en sus ojos, ambos estaban felices, ambos se sintieron ganadores en el mismo equipo.

Ambos habían luchado por un bien común y habían ganado, y sobre todo ambos, me querían, querían a mi familia, querían lo mejor, y eso los hacía más felices.

Todos, aquella tarde soleada en la playa, éramos felices, éramos plenos, habíamos arriesgado más que nuestra vida por amor y convicción por lo que es correcto y habíamos salido vencedores.

No había nada en la tierra que nos pudiera apagar aquel momento, porque nosotros no nos sentíamos solo las personas que habían rescatado a Thomas, ni tampoco nos sentíamos privilegiados.

Porque ese día, incluso Celestino que no era humano, o Ahron que por mucho tiempo olvidó su rol de ángel, incluso Isabelina y Cristopher que están en la tierra para guiar a muchos, habían entendido lo que realmente prevalecía en el mundo.

Habíamos entendido que el poder en la tierra abunda y el bien está en todas partes, pero a veces solo la unión, la voluntad, la fe y el verdadero amor es lo que te lleva al destino.

Habíamos aprendido, todos y cada uno de nosotros, que la unión es la que hace la fuerza, que lo importante no es ser capaz, sino creerte capaz, que lo que realmente vale, no siempre es saber, sino estar dispuesto a escuchar, y lo diferente, no necesariamente es opuesto, sino que resulta complementario.

A los pocos minutos de estar tranquilos, conversando y recordando en esa cálida y árida playa, de aguas turquesa, aparecieron los ángeles esperados.

Cristopher apareció por detrás de nosotros caminando, Keita salió del agua en pie, mientras que Esmeralda, bajó como un ave de los mismos cielos.

Todos al llegar se saludaron con un movimiento de cabeza y una sonrisa en la mirada.

—Me imagino que será la última vez que estemos todos aquí juntos —les comenté—. Más considerando que hasta ahora mismo, falta Isabelina.

Esmeralda y Keita ríen con sutileza, con alegría.

—Es muy apresurado decir que será la última vez, cuando ni siquiera sabes cuál fue la primera —me dice Esmeralda—. No pienses en eso, ahora que hemos hecho tanto juntos, siempre habrá una próxima vez, a lo largo de la eternidad.

Yo solo asiento con humildad y una sonrisa hacia ella, queriendo entender que para ellos nada es un adiós sino un hasta pronto.

—Keita, te agradezco mucho lo que has hecho por nosotros, y también me gustaría que envíes saludos a Epifanía, quien supo todo sin necesidad de contarle nada —dije entre risas—. Pronto me pondré en contacto con ella y su familia para contarle todo.

Él asiente y me afirma que no me preocupe.

Celestino se acerca a mí, con el frasco en la mano y por inercia entiendo que ya es tiempo, tiempo de renunciar a él y esta travesía.

Me encamino hacia el mar, entrando por la orilla hacia él, mojando mis piernas con las pequeñas olas, para arrojarlo con todas mis fuerzas lo más lejos que pude.

—Gracias... —musité en un suspiro al océano, con la intención de que sea escuchado por todos los que lo merezcan.

Al voltearme nuevamente hacia la playa, veo como todos menos Max y Celestino, con sus manos se despiden, mientras desaparecen en la lejanía de la luz. Imito su gesto, y con una sonrisa me despido de aquellos seres que tanto habían hecho por mí.

Al acercarme pude ver como Max y Celestino no habían dejado de hablar ni por un solo momento, incluso hasta cuando ya me encontraba muy cerca pararon y me sonrieron al instante. Celestino es el primero en dar un paso al frente y ofrecerme su mano.

—Quiero que hablemos un momento, Iroda —me pide el chico de cabellos dorados. Confundida, le doy mi mano, encaminándonos hacia la playa.

—Te escucho... —le afirmé con sutileza y felicidad.

—Hace unos momentos, dijiste que al fin habías encontrado la dirección de tu vida, que al fin tenías paz y eras feliz. Yo siempre supe que este sería el final de la historia —me dice él, mientras sujeta una de mis mejillas, parado muy cerca de mí.

—Así es... al fin, hoy y ahora todo tiene sentido, ya no siento esa extraña presión sobre mi...

—Dijiste… que no te imaginas como hubiera sido todo sin nosotros, y realmente es algo que no debes intentar imaginar, porque estuvimos y estaremos a tu lado —afirmó con suavidad—.

Tú sabes que yo te amo ; sabes que estuve a tu lado casi desde que empezaste a existir.

Yo he decidido pasar todos mis días a tu lado, antes como mortal y ahora como protector, pero esa fue mi decisión, yo elegí estar contigo, yo elegí y luché por ocupar este lugar y por existir de esta manera.

Pero tú, mi cielo, tú tuviste que vivir esto por necesidad y no por elección, yo vine a tu vida porque me necesitaste con todas tus fuerzas, y ahora ya no me necesitas.

Su mirada, que se encontraba posada en la mía, me transmitía mil emociones.

—Yo también te amo, y quizás antes no lo sabía y me costó entenderlo... pero yo no elegí, porque no tuve oportunidad —le aseguré insistente.

Al escuchar mis palabras, él agacha la cabeza y ríe con armonía. Sus ojos me miran sin ganas de despedirse, pero con seguridad.

—Tú no elegiste, porque no estaba dentro de tu vida humana hacer esa elección... yo siempre estaré contigo cuando me necesites, pero hoy sos libre... —termina por decir, mientras que sujeta mi mano con firmeza y la acaricia—. Extrañaré tus palabras y me quedaré con muchas incógnitas.

—No tienes que extrañar, también puedo elegir... —le aseguré.

Pero él en esos momentos desvía su mirada hacia Max a lo lejos, trayendo nuevas elecciones a mi mente.

Finalmente decide acercarse poco a poco, y estando a unos centímetros de mí, me pide finalmente:

—Jamás olvides... —susurra suavemente.

Me mira fijamente a los ojos y se acerca, casi como si fuera a besarme, agarra mi mejilla con su mano sobrante, y se acerca tanto a mis labios que siento un cálido roce, tan efímero que pareció jamás haber ocurrido, pero tan real que llegó a brillar de forma enceguecedora y dejo mi frágil corazón latiendo como un torbellino.

Aunque la siguiente vez, que volví a abrir mis ojos, ya no había nadie frente a mí.

El anillo que mi dedo sostenía, había desaparecido y Celestino junto con él.

A lo largo de toda esta travesía, pensé que este momento me llenaría de tristeza, pero en cambio, la plenitud que sentía mi alma y mi cuerpo era demasiada.

Quizás, me sentía extraña, no sentía haber tenido la posibilidad de despedirme.

Pero, al fin y al cabo, hay cosas que viven en la esencia y no en los ojos.

La primera vez que vi a Celestino, estaba en una playa muy similar a esta, en aquel entonces preguntándome por qué aquel chico estaba conmigo, y ahora tantos meses después, parada en aquella orilla frente al océano, había logrado entender incluso más de lo que alguna vez me había preguntado.

Logré entender, que la esencia de lo que es real, de lo que nos hace felices, y de lo que verdaderamente importa, se encontraba, mucho más allá de nuestros ojos.