Más allá de nuestros ojos Capítulo 71 #3
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Capítulo 71 #3

Fue entonces cuando más me mentalicé, cuando más recordé mis motivos, cuando más recordé que si había algo bueno en este mundo, no me habría permitido llegar tan lejos para perder.

Fue cuando Celestino, mi guardián, se colocó tras de mí para darme la fuerza que me faltaba, y cuando Ahron, me dio la fuerza que necesitábamos Thomas y yo, para cortar con el vínculo.

Esmeralda y Keita, al ser dos ángeles, eran más que suficientes para anteponerse a los miserables acompañantes

de Gabino, los cuales cada vez se los veía más debilitados, incluso diría que más viejos y desvanecibles.

Todo el malestar que había invadido mi cuerpo desapareció, e incluso podía afirmar que una nueva

fuerza se había unido a mi, Gabino ya no era una competencia aparente.

Acudió a mi mente un llamado, escuche una voz decirme “pedile ayuda a todo lo bueno en este mundo, pedile ayuda a todas las fuerzas de la naturaleza, el cielo, ya está de tu lado”.

Volver a ver a los ojos a Gabino, fue casi una despedida, el ser que se encontraba tras de él se volvió inútil, ya no le quedaba nada con que luchar, mientras que él, él mismísimo Gabino, embustero ayudante del mal, se encontraba prácticamente solo y acorralado.

En ese momento lo miré a los ojos y le dije:

—Te perdono —le dije con sinceridad y suavidad—. Y ojalá un día tú te arrepientas, para que puedas ser perdonado. Yo cierro mis cuentas contigo hoy.

—Eso jamás... —dijo él con una voz entrecortada y aguda. Yo solo pude mirar con pena lo que iría quedando de él.

—Yo tengo el cielo de mi lado, y tengo motivos por que luchar, le pido a todo lo bueno que este en este mundo, que corte esos hilos y libere esas almas en el nombre del perdón. Porque yo hoy, Iroda Domine, perdono a Gabino por todo mal y me libero —dije con una voz firme y alta.

Cerré mis ojos, y entonces, fue cuando mente y cuerpo se unieron para recibir la luz como un torbellino.

Sentí que me iba, que todo lo que estaba en mi se estaba moviendo.

Fue casi como caer de un precipicio, cuando volví a ver, ya no había nada a donde dirigir las energías, los hilos estaban rotos.

Gabino estaba arrodillado en el piso, observándome.

A medida pasaban los segundos, cada uno de sus aliados desaparecieron de la sala.

Mientras que él, fue despojado de su belleza y su fortaleza, sus cabellos comenzaron a caer y volverse grisáceos, arrugas comenzaron a aparecer en su rostro, y su cuerpo comenzó a llenarse de cicatrices ajenas por mano propia.

Eran quizás cientos, cientos de marcas avasallando su derrotado ser.

Él me miraba, directamente a los ojos, no bajó su mirada ni por un momento de mí.

Poco a poco pareció que el viento se lo llevaba, hasta que fue ajeno a nuestros ojos.

Realmente, jamás supe que pasaría el día que fuera vencido, pero jamás imaginé una escena tan desgarradora delante de mis ojos.

No sabía que había pasado con él, nadie emitió palabra, pero el fondo, una parte de mi creía que él aún existía, de algún modo y en algún lugar, y quizás, hasta para él, aún no era tarde.

Sin dudas me sentía feliz, me sentía aliviada, pero una parte de mí, sentía que hubiera querido rescatar a todos en aquella sala, incluyéndolo a él.

Ya que jamás imagine que esos retorcidos ojos, pudieran transmitirme tantos pensamientos.

A pesar de todo, en ese instante decidí no cargar con su pérdida, ya que es bien conocido que la energía solo se transforma, más no se destruye.

Yo había aceptado mi liberación en todas su formas, y el perdón que me libero, también me incluía a mi.

—Vámonos... ya todo está resuelto —dice Cristopher, cuando ya se sentían las bocinas de la policía llegar.

Todos asentimos en silencio, mientras que yo decidí subir rápidamente las escaleras para ver a mi her mano que aún dormía. Había cambiado tanto, que quizás si no hubiera visto su heterocromía cuando apareció, casi que no lo hubiera reconocido.

No podía creer que ya volvería a vivir, que volvería a conocer a mi hermano, porque el día de hoy, él volvió a nacer.

Imaginar las lágrimas de mis padres al saber que su hijo volvería, era algo en lo que casi no había pensado, como es que ellos solo anhelaban enterrarlo, y sin embargo les queda una vida entera con él.

—Iroda... —me dice Ahron— debemos irnos, el pronto despertará...

Yo asiento, y observó a Catalina y Fernando sentados en el suelo, mirando y pensando, sin siquiera ser capaces de emitir palabra. Celestino se acerca a ellos y les dice:

—No se preocupen, sus almas están salvadas y estarán protegidas, no les puedo asegurar que no paguen sus deudas con la justicia, pero su alma tendrá paz, la misericordia es grande. No será la última vez que nos veamos...

—Muchas gracias... —musitó la señora—. Ojalá me hubiera encontrado con ustedes hace nueve años cuando pedí ayuda...

La mirada de Celestino se cargaba de compasión y a muchos metros de distancia, se notaba la tranquilidad en el alma de esa señora.

Así fue como casi en total silencio y con extraña rapidez nos retiramos. Yo desperté en mi cuerpo en el hotel, junto con Max y Isabelina a mi alrededor, lo único que alcanzo a decir con mi agotamiento es:

—Lo logramos —en un suspiro feliz— y debemos irnos...