Capítulo 71 #2
—Hay que comenzar, nos los llevaremos.
Gabino quien claramente lo había oído desde el otro extremo de la habitación, nos observaba expectante, sarcástico y hasta quien lo ve, diría que muy divertido.
—Debo agradecerte por tan cálida bienvenida con toda tu familia, querido, pero nos iremos retirando —le informé con la misma falsa educación que siempre le he dedicado.
—Quizás querrías tú mismo escoltar a los invitados anteriores, ya hace mucho que vinieron a verte. —insinúa Celestino, haciendo referencia a que por cuenta propia liberé a mi hermano y sus dos cómplices víctimas.
—Realmente me sentiría muy solo de hacer eso, ¿verdad chicos?
—pregunta con ironía a los suyos Gabino—.
De liberar a mi Thomas y de no querer cobrarles a mis socios Victoria y Fernando...
necesitaría quedarme con una muy grata compañía de consuelo.
Me imagino que tu, Iroda, habrás venido dispuesta a ocupar su lugar, no habrás imaginado que yo me quedaría aquí solo después de tanto esfuerzo.
Finalmente, Gabino, mi eterno enemigo, mi antiguo adversario, mi torturador, mi viejo esposo, reveló lo que ya todos sabemos, él quería quedarse conmigo y con mi alma, ya sea a la fuerza o por mi propia voluntad de salvar a mi hermano.
Lo que no especificó, es que seguramente ni siquiera eso le sería suficiente.
—Y de quedarme contigo, ¿qué me aseguraría a mí, que liberarías a mi hermano y dejarías en paz a todos los aquí presentes por la eternidad? —pregunté cautelosa, siguiendo su engañoso trato.
—Deberías de saber que soy un hombre de palabra, llevo muchísimos años intentando cumplir con nuestra promesa, mi dulce esposa.
—Creo que no escuchaste, el “hasta que la muerte los separe” —le repliqué— eres libre hace mucho.
—Creo que tu no escuchaste el “estaremos juntos durante toda la eternidad” , o acaso tu sangre y tus palabras no tienen valor.
—No te imaginas el valor que tiene mi palabra.
Ríe con sutileza y falsa seducción, estira los brazos en gesto de “lo hecho, hecho esta”.
—Podrías volver a decir acepto, salvar a todos los tuyos y ahora, ya no habrá muerte que nos separe —me ofrece. Al mismo tiempo que estira una mano en mi dirección, con la intención de que me acerque a él.
Yo lo observo, detenidamente y en silencio, analizando sus palabras, para finalmente decidir dar un paso al frente y empezar a acercarme a él.
Celestino de inmediato da otro paso al frente a mi lado y me mira con extrañeza, intenta detenerme con la mirada, pero en cambio Cristopher, lo detiene a él con seriedad.
Yo los miro a ambos, pero decido seguir avanzando, lentamente hasta encontrarme enfrentada a él, cara a cara, para finalmente dar una respuesta a su tentador ofrecimiento:
—Querido... —comienzo a decir suavemente— no sabía que los demonios podían llegar a soñar tan alto, casi llegando a los cielos —le afirmé con altanería.
Su rostro da un giro asombroso, sus expresiones que se encontraban cautivadas y expectantes, fueron sustituidas por unos ojos aterradores que parecían arder en llamas, todo en él, por más cercano a lo bello que fuera, daba pavor.
Cada uno de sus falsos poros irradiaban la maldad, el odio que lo consumía.
—Tú has decidido, Iroda, pudo ser por las buenas —pronuncia con la mandíbula trabada, acercándose aún más a mí.
—Tienes razón, pudo ser por las buenas, pero el que decidió, fuiste siempre tú —sentencié, con lo que creí que era la palabra final.
Poco a poco un nuevo panorama se presentó delante de mis ojos, un hilo en color borgoña, lleno de nudos y enredos, comenzó a aparecer, saliendo de la palma de mi mano. Al seguir su trayecto, pude ver como esa macabra y algo translúcida cuerda, unía mi palma, directamente con la palma de Gabino.
Al verla, a Gabino se le volvió a dibujar una sonrisa en el rostro.
—El pacto que hicimos, que tanto quieres ignorar, que tanto quieres negar, aún está vivo entre nosotros. Y aquí tienes la prueba —sus palabras eran suaves, eran las palabras de alguien que tenía la batalla ganada.
Si bien era consciente de esa realidad, verla de forma materializada, me llevó a experimentar un temor que no me había permitido sentir ante la situación. Esa cuerda, heló mi sangre, pero el hecho de tener a mi hermano tan cerca de mi, de sentir que casi estaba abrazando
mi nueva vida y la magnanimidad del apoyo que tenía a mi lado, fue suficiente para volver a calentarla.
Por eso mismo, esta vez, soy yo la que tiene la iniciativa de acortar la distancia, dando un paso con mucha firmeza hacia él, quedando a pocos centímetros de su rostro, al punto de incomodarlo con la cercanía de mi mirada.
Poco a poco, voy suavizando mi mirada, mis facciones, tratando de desorientarlo.
Cuando menos se lo vio venir, coloque la palma de mi mano en su pecho.
—El pacto que un día nos unió, está irrevocablemente roto —afirmé con todas mis fuerzas, y con la rapidez suficiente para que nadie pudiera interrumpirme.
En cuanto aquello llegó a sus oídos, arranco mi mano de su pecho con desesperación, arrojándome al piso.
Pero en ese instante, extendí con rapidez mi otra mano, y me hice propietaria de toda la luz que me envuelve para que, con un solo movimiento, pudiera tirarlo hasta la otra punta de la habitación, dejándolo acorralado.
En cuanto dije aquella frase, la lucha comenzó, algo en mi se sintió fuerte, se sintió invencible, y pude ver no solo cómo mi hilo borgoña se esfumaba en el aire, sino también como cada hilo negro que unía a los míos con él se tensaba.
Todos los ángeles y seres que habían venido conmigo, que me habían guiado hasta aquí, se acercaban con rapidez quedando a mi lado, y entre todos, comenzaron a dedicar oraciones en un idioma que yo desconozco, pero que sí parecía molestar a los seres de la oscuridad.
Todos ellos se unieron y una densidad blanca comenzó a des prenderse de sus cuerpos, sus rezos eran cada vez más altos y poderosos, llegó un punto donde entendí, que ni siquiera estaban abriendo sus bocas o sus labios.
Yo mientras tanto había seguido presionando a Gabino contra la pared, pero llegado un momento, él recobró sus fuerzas y comenzó a anteponer su energía a la mía, y los suyos unidos como un clan, respondieron al combate de los seres de luz.
Al verlo por un lateral, parecería casi una lucha de energías, cada una densa, aunque con un matiz distinto.
Lo que era esperado, ya que un lado servía a la luz, mientras que el otro respondía a la oscuridad.
Sin importar el ímpetu y la furia que irradiaban los malignos, con el paso de los instantes, llegó un momento, donde la energía de los ángeles, logró un punto de no retorno.
La magnificencia que desprendían, era un reflejo encandilante de su fe.
Aquellos extraños y retorcidos seres del mal, los más insignificantes y lejanos al encanto, comenzaron a disiparse, o a reventarse en algunos casos, cada vez su existencia era menos factible, hasta que, llegado un punto, imitaron al polvo y al aire, y con el desaparecieron.
Eso nos probó, que no eran más que meras marionetas hechas por el mal, carentes de energía divina.
Ahora los números estaban equiparados, pero quizás, lo que nunca entendieron estos seres contrarios, es que ellos luchaban, con la fuerza de ángeles caídos, pero consumidos por una maldad muy diferente, no eran semejantes.
En cambio, a mi lado, habían seres que luchaban en nombre de la luz y ángeles elevados, ambos con las fuerzas de la divinidad de su lado.
Nosotros teníamos fe, teníamos luz, apoyo y motivos superiores a la tierra por los cuales debíamos luchar, en cambio ellos, solo tenían rencores terrestres en un plano espiritual, sólo tenían fuerzas prestadas, no más bien propias.
Llegó un punto donde mi luz no se enfocaba meramente en Gabino, sino más bien en los hilos que el sujetaba, eran lo único que le daba poder ahora, más bien sin eso, él ya no tendría nada.
Tome la decisión de focalizar una de mis manos en él, con la fuerza suficiente para contenerlo y otra con la mayor concentración de energía en los hilos.
Pero más que achacarse, su fuerza dio un pico y renació, su maldad se intensificó, uno de los suyos, por su espalda decidió darle vida, le traspasaba energía oscura que iba directo contra mí.
Esa nueva y ardiente fortaleza de la oscuridad, cada vez avanzaba más hacia mí, comenzó a ocasionarme dolor, empezó a desesperarme, comenzó a debilitarme, logrando casi que su energía llegara hasta mi ser.
Su mirada de satisfacción al verme cada vez más doblada era sin duda aterradora.