Capítulo 67
El regreso por la fosa se desarrolló de una manera mucho más acelerada que la ida, aunque de forma relajada, diría que llegué a disfrutar la vista oceánica.
Después de todo, no todos los días uno tenía esos privilegios, mis ojos pudieron contemplar de una forma más apacible y segura mis alrededores, me sentí afortunada de poder visitar el hogar de tantos seres y animales.
Quizás, sentir a Celestino cerca de mí, me brindó una mayor tranquilidad, o al menos el alivio de saber que no estaba sola en medio de un océano, pero su silencio, y el hecho de ir varios pasos tras de mí, me trasladó al pasado, ese pasado donde yo estaba acompañada, pero ambos estábamos solos.
Volver a subir a la tabla flotante con el elixir en mi mano, se sintió como un triunfo, todos me dedicaron una mirada de ánimo, incluso los más cercanos me dedicaron palabras de aliento.
En toda esta travesía, por más que siempre me habían recordado lo importante que era mi presencia en ella, pocas veces las cosas importantes habían recaído en mí.
Cuando el plan había comenzado a tener forma, siempre tuve que aprender qué hacer, pero verdaderamente, nunca fui la que debió hacer cosas más importantes, mucho menos, la que sabía qué hacer.
Y quizás ahora, estaban llegando esos momentos para los que tanto me habían estado preparando.
El regreso a nuestra realidad, se dio de la misma forma que comenzó.
Primeramente, la ninfa nos condujo al mismo sitio de donde nos sacó y de la misma forma, para que posteriormente, nos correspondieran las nueve vueltas en reversa por el nuevo y viejo Monte de los Olivos, así fue como regresamos a nuestro preciado Jardín de Getsemaní.
Keita y Esmeralda quedaron en aquel sitio, con la promesa, de que se presentarían nuevamente en el momento justo, no me quedaba más que imaginar, que aún los veríamos dos veces más.
Habíamos decidido salir a cenar después del largo día, a un restaurante bastante bonito que no se encontraba muy lejos.
Aún no teníamos claro, al menos yo, que tantos días nos quedarían en Jerusalén, que tantos días faltaban para que culminara nuestra misión, para que empezara la nueva etapa de nuestra vida.
Ya solo nos faltaban unas pocas horas para dar comienzo a nuestra visita al Monte Sinaí, por estos momentos no nos quedaba más que descansar, intentar relajar cuerpo y mente, en nuestra cálida compañía.
El restaurante tenía una apariencia bastante clásica y elegante, en él eran muy destacados los candelabros finos y labrados, pisos estampados y coloridos, aunque ligeramente sutiles, la decoración era tenue, las flores estaban presentes en cada mesa, haciendo sintonía con los manteles blancos.
Para dar entrada a nuestra llegada, nos trajeron un pan pita con hummus, y un trago afrutado como invitación de la casa.
Era curioso ver cómo de las seis personas en la mesa, solo tres eran humanas que se dispondrían a comer.
Tanto Isabelina como yo, habíamos ordenado unos ravioles con una especie de estofado como especialidad de la casa, mientras que Max pidió un Shakshuka, lo que al parecer era una típica comida del Medio Oriente de la que ya había escuchado a su padre hablar.
Mientras esperábamos los platos, la conversación se había hecho presente en la mesa, por suerte habíamos elegido una mesa en el fondo para disimular los descoordinados diálogos.
—Aun aquí hoy me cuesta creer que sean Catalina y Fernando quienes tengan a Thomas... —murmura mi amigo con un dejo culpable.
—No puedes culparte por eso, querido... que sean tu familia no los vuelve como tu —lo anima Isabelina con la verdad.
—Me cuesta terminar de convencerme de que no es en parte culpa mía o de mi familia... —prosigue mi amigo.
Yo mientras tanto observaba atenta, pensativa, hasta que finalmente me decido a hablar:
—No tienes nada de qué sentirte culpable, como dijo Isabelina...
tú no eres ellos, y hasta ellos hoy en día llegarán a merecer el perdón —comencé a decirle a mi amigo—.
Sé que en ese momento no lo tomé de la mejor manera, pero vamos, no importa quién hubiese sido, que lo habría tomado mal de igual forma…
—suspiré con pesar—. Me arrepiento de haberte hecho sentir así, tu sos todo menos mi enemigo.
Max me sonrió y me dio un medio abrazo, su cara era de entero agradecimiento, ese chico ligeramente
caprichoso se había esfumado, ahí frente a mí tenía a alguien en la flor de sus sentimientos, a alguien conmocionado, tenía a mi amigo conmovido por la realidad y por haberse sacado un gran peso de encima, una culpa que jamás le correspondió.
—Además, chico, si hay una cosa que no puedes controlar, son las ideas de las personas —habla el guía de Isabelina—.
Hay mil cosas que pueden influir sobre ustedes en este mundo, pero siempre hay otras más fuertes.
Y si vamos a lo que es el mundo más básico, ustedes los humanos pueden tener millones de ideas, y jamás podrás responsabilizarte por algo que no salió de ti, por más simple y sencillo que sea.
—Justamente … —afirma Isabelina—. Nosotros los seres humanos somos mandados a hacer, para ser crédulos o incrédulos de tantas cosas —prosigue ya Isabelina desviándose sutilmente del tema principal.
Aunque pareció funcionar, la cara y postura de Max cambió mientras asentía.
—Imaginen que existen personas que jurarían que no hay nada más en este mundo que lo que ellos ven —empieza a opinar con ligera gracia Celestino—. Personas que darían su vida por negar nuestra existencia, y otras tantas que dan su vida por ideas y creencias bastante disparatadas.
—Quizás no todos den su vida... pero que el ser humano siempre ha sido propenso a cuestionar lo incuestionable, y jurar otras tantas cosas, que aún hoy nos preguntamos quién les ha metido en la cabeza —añade Ahron.
—Y hoy con las redes, cualquier idea que se le ocurra a alguien un jueves por la tarde podría ser la nueva religión, que vamos...
a veces se maneja cada teoría, lo peor es que a veces las teorías más llenas de fantasía las sacan a luz gente que se hace llamar escéptica.
—Con bastante gracia les siguió el hilo mi protector.
—Hay que pensar que algunos creen en teorías como “Gente de fondo” si no me equivoco —se suma Isabelina intentando unirse a la conversación—.
Donde algunos llegan a creer que la mayoría de las personas en el mundo son un decorado para darle sentido a la vida propia y de los suyos, o que incluso si hay muchas personas, pero estamos rodeados de personajes ambientales.
Realmente la primera vez que la escuché me dejó helada...
—Es que, de teorías conspirativas, gira el mundo...
—añade Celestino con ligera diversión—. Pero vamos, que no hace falta decir que muchas son reales y otras tantas, realmente se quedan en teorías que añaden misterio a muchas mentes.
En muchos casos los conspiranoicos son los cuerdos, pero entre tantas mentiras… la verdad se ve difuminada.
Yo conocía muchas, muchísimas, teorías conspirativas, pero realmente por miedo me limitaba a nombrar una, y si acaso justo la que yo tenía en la punta de la lengua, aquella que me parecía más disparatada, resultaba ser real.
—Y hablando de girar... —se suma Cristopher—. Ahora resulta que hemos retrocedido varios cientos de años, y habitan personas que vuelven a creer que la tierra
es plana, cada vez diría que son más… y sus ideas no son homogéneas pero tienen la idea de plana en común.
—Wow ... no puedo creerlo, que a ver, si sabía que existía, pero pensaba que eran casi como un mito urbano —agregué.
—No lo es, no recuerdo si alguna vez te lo dije, pero un conocido de mi padre maneja esa teoría, casi como si viviéramos en una eterno “The Truman Show” —manifiesta mi amigo también algo revolucionado por la noticia—.
Incluso él hace convenciones pequeñas con otros terraplanistas, es realmente extraño.
Yo lo observaba con los ojos como platos, claramente no me lo había comentado.
—Es hasta más predecible incluso de lo que podemos imaginar —interviene finalmente Ahron que se había mantenido en silencio—. Traen ideas de vidas pasadas, y entre tantas mentiras, todo parece una posibilidad.
—Me resulta demasiado llamativo... —murmuré pensativa, mientras Max me hace caras de, “yo también”.
—Verdaderamente yo no los culpo, a veces nuestra mente nos puede llevar a creer muchísimas cosas.
Por ejemplo, muchas personas creen que sería sumamente estúpido creer en las hadas y los duendes, y resulta que deambulan entre esta dimensión y la alterna constantemente, incluso estos chicos no estaban seguros de ello hasta hoy mismo...
—La opinión de Isabelina es sumamente tranquila, y como siempre comprensiva—.
Hay cosas que como humano, que puede ser complejo saber o tener claro sin ayuda...
Casi todos concordaron con las palabras de Isabelina, aunque claro que ella por más que fuera humana, tenía un alma que destacaba por su extrema comprensión y justificación hacia la humanidad misma.
La cena fue avanzando, y junto con ella los diversos puntos de conversación que fuimos tocando.
Aunque cualquiera podría pensar que nuestra misión sería nuestro primer foco de diálogo, nuestro primer foco de estrés, al menos para nosotros los humanos, nada resultó más lejano a la realidad.
Fue una noche de pura amistad, de pura tranquilidad, casi como si supiéramos lo cercano que podría ser el desenlace y que quizás, esa situación podría jamás volver a repetirse.
Para culminar la noche, después de haber degustado tan exquisitos platos típicos, decidimos cerrar la velada con dulzura, probando un postre llamado Halva, el cual consistía básicamente en una pasta de sésamo endulzada.