Más allá de nuestros ojos Capítulo 68
91%

Capítulo 68

L a noche aparentaba estar terminando para Jerusalén, pero para nosotros, recién estaba por empezar, era otra fase de nuestro eterno y largo día. Ahora nos tocaba la mayor travesía hasta el momento, quizás no la más larga, pero sin dudas, la más intensa e importante.

Todos estábamos en la sala de la habitación, habíamos tomado tres copas de la vitrina para servirnos un vino tinto, el cual, al parecer según Cristopher, era indispensable antes de tomar el elixir.

Realmente nadie puso en cuestión si era verdaderamente necesario el vino para el viaje, o si solo eran ideas de un alma excéntrica.

Aunque no era necesario destacar que nos vendría muy bien...

—El elixir lo pondremos de a gotas directo en tu boca —manifiesta Ahron.

—Entiendo... ¿Y cuantas gotas se necesitan para cada uno? —expresé mi duda.

—Necesitaremos nueve gotas para ti Iroda, y con eso bastará para entrar a tu sueño profundo —responde el guía de mi hermano.

—Pero, no sé si termino de entender... —dije algo confusa con sus palabras—. ¿Solo yo tomaré las gotas?

—Afirmativamente, niña. Nosotros no las necesitamos para acompañarte. —Su respuesta es concisa, incluso pareciera que le llamó la atención tener que aclararlo.

—Pero... Isabelina y Maximiliano son humanos.

Después de decir esas palabras, cuando vi la cara de Isabelina, supe de inmediato lo confundida que estaba. Ellos no irían conmigo.

—Nosotros nos quedaremos aquí velando por tu cuerpo, que aquí permanecerá... —me explica Isabelina.

—¿Tú lo sabías Max? —pregunté a mi amigo. Preocupada por cómo se sentía él al respecto de que no formaría parte de las cuestiones más importantes.

—Si, ya lo sabía. Isa me había explicado cual sería mi función, en lo que quedaba del plan mientras estabas en la fosa... —aclara con una sonrisa bondadosa.

Al parecer, él se encontraba incluso más enterado que yo de lo que pasaría de aquí en adelante.

Por ende decido dejar el tema ahí, y me decido por sentarme a esperar que alguno tomara la iniciativa de comenzar con la nueva travesía. Pero para mi atención, Celestino se acerca bastante rápido a mí, se agacha para quedar a mi altura y me pregunta suavemente:

—¿Segura de que estás lista? —habla con una voz dulce y una mirada cálida, comprensiva.

—Lo estoy... —musité algo nerviosa pero decidida—. Quiero empezar y terminar con esto lo antes posible.

—Y así será —me observa afirmativo y brindándome seguridad—. Para eso deberemos comenzar ya...

Yo le asentí con mi cabeza, dándole la orden. El de inmediato se acercó a la mesa donde teníamos apoyado el frasco de elixir, lo sujetó con ambas manos y lo observó detenidamente, pensativo, se quedó así por unos instantes. Hasta que decide cambiar su punto focal de visión hacia mí.

—Deberás acostarte —me avisa, señalando con los ojos la habitación.

Todos de inmediato vuelven en sí, salen de sus propias conversaciones y se enfocan en lo que estábamos a punto de hacer.

—Así es, Irod a. Te recostaras, y hasta que el efecto se presente, todos deberemos velar por eso... sin nosotros no es posible, y luego Isabelina será la intermediaria entre nosotros y tu cuerpo.

Simplemente escuche las palabras de Cristopher, para dedicarle un gesto de compresión con mi cabeza.

Así que rápidamente me encamine hasta el cuarto y seguidamente a la cama.

Me recosté lentamente boca arriba, poco a poco todos llegaron hasta la habitación y se colocaron a mis laterales.

Celestino fue el primero en llegar y sentarse a mi lado, me observaba con sus ojos dulces y brillosos sin emitir palabra, por un momento, colocó su mano sobre mi frente, acariciándome con suavidad, pero rápidamente la retiró para comenzar a abrir el frasco.

En cuanto lo abrió, un espeso humo blanco hizo acto de presencia, el humo que salía de él era casi ficticio, se volvió cada vez más real a la vez que fue disminuyendo, hasta volverse casi nulo.

—Abre la boca, por favor —me pidió Celestino.

Algo nerviosa, lo hago lentamente, aunque sería mentir si no dijera que la situación me causaba algo de rechazo e inquietud.

—Tranquila... —vuelve a decirme Celestino—. Todo será muy rápido...

Y en cuanto terminó de decirme esas palabras, agarró firmemente el elixir, y avanzó a derramar las gotas dentro de mi boca.

Pero hubo dos que al parecer no tenían esa dirección, una fue directo a mi pecho y otra a mi frente, ambos lugares que de inmediato fueron cubiertos por sus manos.

Así fue como poco a poco, la cara de Celestino empezó a estar cada vez más lejos de mi.

Sentía mi cuerpo blando y pesado, me sentía incapaz de moverlo, hasta que un mareo se presentó en mi cabeza de forma repentina.

Sin dudas era una sensación súbitamente desagradable.

Llegado un momento, Celestino estaba tan lejos que desapareció y junto con él, mis sentidos.

Monte Sinaí, Iroda.

Poco a poco la luminosidad se fue apoderando de mis párpados, hasta que los obligó a salir de un cálido sueño.

Me encontraba acurrucada en un acogedor pastizal, verde y vivaz; las flores me rodeaban y las nubes se apreciaban grandes y esplendorosas.

No era similar a ningún lugar que hubiera imaginado jamás, algunas cosas llegaban a ser borrosas e indescifrables a la vez, los colores jamás habían tenido tantos matices.

Al observarme, pude notar como un vestido largo y amarillo cubría mi cuerpo entero, aunque su simpleza lo asemejaba bastante a una fina sabana.

Al voltear, y algo lejos de mí, pude apreciar como Celestino, Cristopher y Ahron, se encontraban parados en hilera el uno junto al otro, todos con una ligera sonrisa en sus labios, y las manos detrás de sus espaldas.

Ninguno parecía con las intenciones de acercarse, así que decido intentar ir hacia ellos.

—Iroda —siento como una voz melodiosa pronuncia mi nombre, pero resuena en mi cabeza casi como si fuese un pensamiento.

Al voltear, puedo divisar un ser lumínico, con apariencia femenina, era un ser bastante alto, aunque, de ser sincera, había algo que me impedía divisar sus detalles, la belleza que irradiaba su luz, era contradictoria.

—¿Dios? —musite dudosa y anonadada.

—No, pero he acudido a su llamado en su nombre —responde el ser.

—He venido a solicitar la aprobación divina —me expresé suavemente, manteniendo mi tono de voz.

—Sé a qué han venido, conozco bien sus planes y debo manifestar, la suerte y la fe que traen consigo para haber llegado tan lejos.

Generalmente, los seres humanos son cortos de miras y dudan antes de interponerse entre lo que transcurre en el mundo terrenal —sus palabras eran sumamente suaves y tranquilizantes—.

Pero de conceder el permiso, deberás de entender a qué te enfrentas y hasta dónde la ayuda divina estará con ustedes.

—Le agradezco infinitamente, mi alma vive por y para las fuerzas del bien —respondo de inmediato y con la misma tranquilidad.

—Debes saber que siempre hemos aprobado su misión en la tierra, y que siempre nos hemos negado al mal que se ha llevado a tu hermano.

Pero también debes saber, que no te brindamos ninguna certeza del resultado, deberás ir cargada de fe y coraje, enfrentarte a ellos cara a cara y serás tú la única lo suficientemente capaz de sacar a tu hermano con vida de esa oscuridad, te aseguraremos tu capacidad y tu fuerza, pero los resultados viven y vivirán en ti.

Esa fue tu elección al principio y debe permanecer en pie.

—Lo acepto totalmente, mi agradecimiento confiere a la oportunidad. Estoy dispuesta.

—Para liberar a tu hermano, y sobre todo, liberar las cadenas que tiene tu alma con ese ser, debes romper el contrato de sangre. Tu palabra, tu sangre y la fuerza de tu espíritu, debe ser suficiente.

—Usaré todas mis fuerzas para cumplir con el objetivo.

—Lo sabemos, y tu guía siempre lo supo, tu grado de voluntad por al cambio te ha traído tan lejos. Tu espíritu guía, siempre supo lo peligroso que era esto para ti, pero tu alma nació con una decisión.

—Mi guía... ¿Podré seguir en contacto con él? De salir todo como espero... —consulté, quizás con demasiada audacia.

—Él siempre estará a tu lado, tu contacto con él estará en tus manos, no hay nada que te impida que él forme parte de tu vida.

Sus palabras me habían dejado confundida... extrañada. Con mil preguntas.

—Pero lo último que debes saber —prosigue hablando el ser celestial— es que, de ir por tu hermano, deberá ser el tercer día, solo tres días y tres noches para su rescate.

—Eso significa que deberá ser mañana... —murmuré en una duda.

Ella me sonríe con toda la paz del mundo.

—Mucha suerte, Iroda. Nos volveremos a ver.