Capítulo 65 #3
—Quizás tú deberías dejar de mirar en pensamientos ajenos —responde con su típica altanería.
Entre medio de ese intercambio de opiniones algo astilloso, un hada se acerca a la ninfa, soltando algunos extraños sonidos. Ella procede a reírse.
—Pues ella sugiere que tú deberías fijarte en las personas que sí se fijan en ti —le informa la ninfa.
Mi amigo la observa enervado.
—Ya basta, Ágata. Deja al muchacho —le ordenó Berenice a la ninfa.
—Y tu chico ya es hora de que sepas que las hadas son temperamentales, y las ninfas... —intercede Ahron, dejando entrecortada su frase.
—Podríamos ir a lo nuestro —interrumpe Celestino.
—Me impresionas, no sabía que ahora los angelitos venían tan apurados. —Se burla la ninfa.
—Es importante que solucionemos esto... —asegura mi protector.
—Lo sé —responde con altanería—. No todos los días se solicita una visita al Monte Sinaí, y diría que no a todos se les confiere... Aunque me gustaría preguntar porque —continuó pensativa.
Nuestro silencio se hace presente, un cálido viento nos acompaña.
—Me impactan como siempre las resoluciones del señor destino, pero si responden un acertijo, los llevaré hasta el camino —nos asegura la ninfa.
—Esto no es un juego Berenice —replica tajante Cristopher.
—Continua ninfa —le ordena Ahron con seriedad.
Ella sonriente, retrocede unos pasos con elegancia para tomar asiento en la fuente, y comienza a relatar:
—Dentro de los humanos, muchísimos tienen problemas de visión, tienen la vista cansada y dañada, incluso algunos se apoyan en vidrios con aumento, la mayoría no son capaces de ver todo lo que los rodea. ¿Cuál es acaso el mal que los atormenta?
—Los problemas de salud —suelta Max de forma algo sarcástica.
Él sabía que no era la respuesta correcta, pero nunca había sido admirador de los acertijos, mucho menos aquellos que pretenden ser una trampa.
Todos la miraban, casi con fastidio, pero, ¿acaso ellos no sabían la respuesta?
—Quizás no fui clara para todos, pero la respuesta tiene que salir de labios humanos —manifiesta sonriente la ninfa—. Y preferentemente jóvenes me entenderán... —termina por decir mirando a Isabelina.
Después de sus palabras entendí el fastidio en las caras ajenas.
Yo sabía a ciencia cierta que no podría referirse a problemas de visión, me constaba que esos problemas eran humanos, e incluso insignificantes al lado de lo que ella hablaba.
Pero, hay tantas cosas que ignoramos en nuestra vida.
Podríamos empezar con la profundidad de nuestra existencia, con todos aquellos seres que nos rodean en mayor o menor distancia, sin que muchos de nosotros nos percatemos.
Con todo aquello que no se nos permite ver, por algún motivo no somos capaces de verlo.
¿Pero era acaso nuestra culpa carecer de esa virtud?
, ¿o quizás la ignorancia era la virtud que mantenía a muchos en paz?
Incluso aún hoy abundan aquellos ajenos a cualquier creencia, quizás ahora más que antes, llenos de ideas y preguntas, pero sin un eje fijo en que apoyarse, como serían capaces de ver o creer en cosas que ni siquiera piensan.
La mayoría de nosotros nos preocupamos por lo que nos rodea, por nosotros, por nuestra vida y nuestra realidad, muchos ni siquiera tienen tiempo para ellos, y son pocos los que dedican su vida a la ayuda.
Otros tantos que se creen dueños del mundo, incapaces de creer que hay algo por encima de ellos.
—¿Tienes ya para mí una respuesta, niña? —me pregunta la ninfa.
—No podría decir que es un mal lo que nos hace ajenos a las verdades —contradigo su acertijo, claramente sin una respuesta.
—Con que si... —musita ella irónica.
—Algunos de nosotros quizás tenemos una vida demasiado finita, como para ampliarla tanto. Nos falta quizás un empujón para eliminar la ceguera mental, y ser realmente capaces de ver lo que hay más allá de nuestros ojos. No creo que haya una respuesta verdadera para este acertijo.
Todos me observaban en silencio, la ninfa sonreía.
—Iroda... me han llegado gran parte de tus pensamientos en estos momentos, y debo decirte, que mi único objetivo era que entendieras la pequeñez de la efímera vida humana al lado del gran todo —me relata pacíficamente la ninfa—.
No hay respuesta, porque en realidad esto no es un acertijo, sino una pregunta abierta.
—Entonces, ¿nos guiarás? —le cuestioné...
—Así es... —Nos confirma la ninfa, con la mirada aparentemente satisfecha ante mis pensamientos.
Prosiguiendo a estirar su mano hacia nosotros, con el codo ligeramente doblado, colocando su palma hacia arriba.
Después de habernos mirado a los ojos uno por uno, los cierra.
Para esos momentos, un aura de variados colores comienza a resplandecer tras de ella, dando comienzo a lo que parecía un trance.
Varias de las ninfas comienzan a colocarse a sus laterales, tomadas de las manos entre ellas y también con los ojos cerrados.
Primeramente, Esmeralda por primera vez desde que llegamos, toma la iniciativa y coloca su mano por encima de la ninfa.
Isabelina la sigue, procede Cristopher, y le sigue Celestino, quien de inmediato voltea hacia mí:
—Ven, la guía ha comenzado —me informa con un tono suave—. Hagan lo mismo que todos.
Así fue como yo tras de él, coloque mi mano, y le hice señas a Max para que me siguiera, solo faltando Ahron.
Cuando él, por fin, colocó su mano, y formamos un círculo.
Las otras ninfas nos rodearon, y la luz de Berenice las siguió, una singular luz de colores nos recubrió, y por inercia todos cerramos los ojos.
Un estruendo se hizo presente, a lo que algo pareció ya no ser igual.