Más allá de nuestros ojos Capítulo 64 #3
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Capítulo 64 #3

Maximiliano me observa con resignación, traga saliva y termina por mirar hacia otro lugar.

—En realidad si... ya los tienes —me observa Cristopher—. Comenzaremos a entrar en los detalles con todos aquí, y para eso tendrán que ser las doce en punto del medio día para ver su llegada.

—¿Y eso a que se debe? —intercedió mi amigo esta vez.

—La posición del sol en pleno medio día, recubre en un ángulo celestial el huerto, esa armonía es perfecta para su llegada y la posterior hazaña, ya lo verán. Así que tienen un tiempo para hablar y meditar. —Culminó el que parece ser quien nos guía a todos.

Cuando termina sus palabras, Isabelina y Cristopher se apartan sutilmente para compartir una conversación.

Mientras que Ahron se queda a unos metros de nosotros, colocándose en posición de indio, cruzando sus piernas, apoyando sus manos y antebrazos en sus piernas, con las palmas hacia arriba, y dedicándose a meditar.

Por lo tanto, en el nuevo círculo de tensión que estaba a punto de comenzar nos encontrábamos Maximiliano, Celestino y yo, que ahora estaba sentada en el piso con las piernas dobladas.

—Debemos hablar —informé.

—Te escucho, Iroda —responde mi protector, de forma apacible y tranquila, algo resignada.

—Perdona Max, pero esto debo hablarlo exclusivamente con Celestino, espero que lo entiendas —me dirijo a mi amigo aún presente.

Maximiliano me observa aún en silencio, para luego mirar fijamente a Celestino, su mirada era pesada, hermética, sin emociones. Finalmente luego de unos segundos de tensión, se agacha a mi lado y dice:

—Lo entiendo, amore, pero ten presente que aquí estaré esperando y aquí estoy siempre.

A diferencia de lo que pude esperar, su voz, fue dulce y comprensiva, quizás sería en su tristeza, pero positiva en fin. Termina por darme un beso en la frente, vuelve a pararse y comienza a dirigirse unos metros más lejos de nosotros.

Yo termino por ponerme en pie, girar sobre mis talones, y comenzar a dar algunos pasos lentos hacia el otro extremo, con Celestino a mi lado.

—No me voy a conformar, y solo callar, ya no.

—No te entiendo —me observa ligeramente sonriente, con un brillo carismático en sus ojos celestes, con ambos brazos tras su espalda, casi, como si realmente no me entendiera.

—Me entiendes perfectamente... ya tuviste tu tiempo de pensar. No puedes seguir con aquel pacto sin fundamentos solo para mantenerme callada con una falsa esperanza.

Sigo el ejemplo de me dio Cristopher, ya tuvo mucho tiempo para pensar.

—En su momento aquel trato no te pareció tan malo... —me recuerda aquel chico de piel pálida.

—En aquel momento no tenía idea de nada, llegué a creer en un plan posible sin mí... he hablado con Isabelina y ahora ya sé que no es así. No se como todavía, pero entiendo que solo yo podré romper ese pacto.

—A veces hay cosas que están hechas para ser solo de una manera —habla pensativo.

—Tú en este tiempo me has pedido centenares de cosas, has aparecido en mi vida cambiándolo todo, me has enseñado y mostrado mil cosas que no te pedí saber, no voy a aceptar que me niegues lo único que te pido. No puedes mostrarle a alguien el universo y luego encerrarlo en un cuarto.

—Nadie te encerraría, todo lo que viviste, seguirá viviendo en ti.

—No es suficiente... me volvería loca, las cosas no pueden volver a ser como antes, ni siquiera tengo un antes al que aferrarme.

No es la vida que quiero y deseo vivir —me volteo hacia él y lo miro frente a frente—.

Solo te pido una cosa, que pase lo que pase, tú harás todo lo que esté en tu mano, para quedarte.

—¿Y si no quisiera quedarme? —se acerca a mí, quedando a unos centímetros, sin perder la mirada fija.

Esa frase había sido como una puñalada para mí, no la esperaba, y sabía que solo la usaba como una carta para que me abstenga de mi petición.

—Te vas a quedar igual y lo sabes —esta vez le hablo con menos rudeza—. Solo que en vez de que tu solo estés conmigo, yo también estaría contigo.

—¿Estás muy segura que es lo que quieres? —insiste en su pregunta—. No importa lo que hagamos o lo que pase, tu vida jamás volverá a rozar los parámetros de lo común.

—Estoy más que segura —dando un paso aún más cerca de él, quería que mis palabras sonaran seguras y llenas de afecto.

—Lo único que te prometo, es que haré todo lo que esté en mi mano, para que sea como tu deseas. —Me asegura, con una intensidad en la mirada indescifrable, con la voz ligeramente endurecida por la presión de sus palabras, pero esta vez, inmóvil.

—Entonces, ya dejaré de tenerle miedo a las despedidas —le sonrió.

Extendí una mano, colocándola a un lado de mí, de perfil con la palma hacia arriba.

Acto seguido el extiende la suya, colocando su mano sobre la mía, en un toque sutil.

En ese momento, pudimos apreciar ese particular destello que siempre ha enmarcado la unión de nuestras almas, ese destello sublime que siempre dijo mil palabras en un silencio.

Ambos lo observábamos, y terminamos por volver a mirarnos a los ojos.

—Ya es hora... —me informa con suavidad.