Capítulo 64 #2
Yo a esas alturas, solo me limito a sonreírle genuinamente.
Creo que es más que claro que no recordaré nada, los únicos momentos donde mi mente ha vuelto a los registros, es gracias a la ayuda de Celestino.
A veces, aunque nos cueste creerlo, recordar no forma parte de nuestras decisiones.
Debe haber un permiso del más allá para que suceda.
No faltaba nada para llegar, ya se podían empezar a apreciar las iglesias que habitan la zona, al igual que las nuevas vibras que te llevan a esos lugares bíblicos que rozan el turismo urbano.
El Monte de los Olivos, se encuentra ubicado al este de Jerusalén en el valle de Kidrón y es el lugar donde Jesús fue detenido luego de la Última Cena con sus apóstoles, claramente considerado uno de los más sagrados de Tierra Santa.
Pero nosotros, nos íbamos a ubicar puntualmente en el Jardín de Getsemaní, donde Jesús se hospedó en Jerusalén, y al parecer nuestro mejor nexo natural de tierra y cielo.
—Por aquí chicos, hemos llegado, el siguiente trecho lo tendremos que realizar a pie —informa Isabelina.
Nos dedicamos a caminar varios trechos hasta adentrarnos más al lugar, apreciando la magnífica arquitectura, la cual te lleva en un viaje lúcido en el tiempo entre el hoy y un ayer incierto.
Nos chocamos con varios carteles en numerosos idiomas que ignoraba, incluso algunos en español que especificaban múltiples reglas, como que estaba prohibido llevar comestibles, animales, fumar, llevar música con altos volúmenes, vestimenta “no apropiada”, algo que estaba bastante poco específico, incluso arrancar flores o ingresar bicicletas.
Nos encontramos con la tumba de María, donde se encontraban varias personas en espera, a decir verdad, era uno de esos lugares un tanto tristes.
Pero al parecer el huerto de Getsemaní se encontraba unos minutos caminando, pero debíamos desviarnos de la carretera principal, y seguir el camino por un callejón cerca de una de las iglesias.
Al llegar, cuando bajamos el escalón y pusimos un pie entero dentro del llamado huerto de Getsemaní la atmósfera cambió.
El aire parecía tener otro color y el cielo, otro aroma, casi diría que el viento en instantes se sentía cantar.
En aquel lugar se encontraban varias personas apreciando el panorama, aunque realmente me preguntaba si ellos sentían la majestuosidad, si acaso sentían aquella extraña comodidad.
Entre esas pocas almas corpóreas, a lo lejos pude divisar una no corporal, Cristopher, el guía no angelical de Isabelina, hecho y derecho, inclinado sobre un viejo árbol a unos metros de nosotros.
—Tanto tiempo chicos —nos saluda, sorprendiendo ligeramente a mi amigo, quien, de todos nosotros, debió ser el único en no notarlo.
Celestino se acerca a él, y le estrecha el antebrazo con una sonrisa y un gesto de respeto, como al parecer es su saludo estipulado.
—Oh vamos, no ha pasado tanto —se acerca mi amigo y le palmea la espalda. Este le devuelve el gesto.
—En tiempo de almas el tiempo es relativo —le divierte Cristopher.
Max solo realiza una ladeada de cabeza a modo de duda y resignación.
—¿Cómo has estado? —le consulté sonriente— no me acerco a saludar, porque bueno... hay personas que podrían ver que saludo a la nada.
—¿Cómo has estado tu preciosa? —me devuelve la consulta divertido Cris—. Por las personas ni te preocupes, ellos no nos observan, somos como parte del decorado para ellos, cuando salgan de aquí, ni siquiera nos habrán notado.
—He estado mejor —mufe sarcástica—. Pero pronto estaré en mi mejor momento.
—Si creo que todos podemos decir lo mismo —se mantiene en mi tono—. Sobre todo algunos —exclama refiriéndose a alguien puntual que aún no ha hecho acto de presencia.
—Hablando de eso... ¿Y Ahron? —consulté.
Todos observan sin aun emitir una respuesta, parecían no tenerla o estar por razonarla. Hasta que:
—Aquí estoy querida —se manifiesta Ahron saliendo de detrás de un árbol.
Con sus típicas ropas árabes y ojos rasgados, descalzo, con su pelo azabache, y un halo de luz que lo rodea, aún más fuerte que nunca.
—Creo que llegaron a pensar que no vendrías —habla Celestino.
—Es posible, con tantas sorpresas que ocultas. —Contrataca Ahron, haciendo alusión a cosas que al parecer solo ellos entienden.
—Supongo que ahora solo falta Esmeralda verdad —doy por aludido.
—En realidad aún nos toca esperar al custodio de Epifanía, ya que solo él le dará paso abierto para que Esmeralda trascienda al mundo mortal —explica Cris.
—¿Ese es el portal de comunicación que el abriría? —cuestiona mi amigo Max.
—Si y no, la presencia de él nos brinda una conexión dimensional actual, sin mencionar que mientras más seamos, mayores son nuestras posibilidades de llenar esas almas de luz. —Le explica de forma simple.
—¿Llenar esas almas de luz? —pregunté—, ¿no se supone que nuestra única misión es rescatar el alma de mi hermano? Que ya está llena de luz.
—Lo discutimos, Iroda... Te llevé al pasado para que tu alma, que aparenta lumínica, se apiade, y haga lo correcto, rescataremos a tu hermano y también a sus captores. —Interviene Celestino en mi duda, con ligera desaprobación en la misma.
Al decir aquello, su postura era más firme que se costumbre, y su voz, mucho más marcada.
—Dijiste que era algo que debía pensar.
—Y ya has tenido tiempo de pensarlo —me asegura Cristopher sin más lugar a quejas.
—Aún estamos por hablar del plan, pero este es un factor muy importante para el rescate, y debe nacer de ti, de tu alma, es un acto de pura bondad y perdón —habla finalmente Isabelina.
—El perdón y la misericordia, son lo que eleva tu alma, y yo sé a ciencia cierta, Iroda, que tú los tienes de sobra —me afirma Celestino.
Los observo a todos y me siento sobre mis talones, con mis manos entrelazadas y la vista dando vueltas.
—¿Puedo tener unos minutos para meditar? —les consulté mientras sujetaba mi cabeza— me gustaría hablar con Celestino.