Más allá de nuestros ojos Capítulo 64
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Capítulo 64

L a noche al volver transcurrió lenta, ligeramente tensa.

Más allá de las circunstancias, había tenido pocas noches tan taciturnas.

La vida ya hacía años que se llenaba de dudas, de misterios e incluso tristezas.

Pero ahora, que cada vez estábamos más cerca del filo del abismo, parecía que más complejas se mostraban las circunstancias.

El agobio del final y las preocupaciones de un nuevo comienzo estaban más latentes.

Daba gracias a la vida, al cielo, a lo que sería mi fiel Celestino, por la calma que siempre se apodera de mi alma, hasta en estos momentos, solo él era capaz de aliviar mis preocupaciones terrenales.

Siempre me consideré una persona tranquila, aunque fuese un torbellino de emociones, pero tuve que llegar lejos para entender que tenía una cobija protectora de los males que atacan el alma.

En pocos minutos nos encontraríamos con la recién llegada Isabelina, para partir rumbo a nuestro primer punto de encuentro.

Me sentía algo culpable por aún no haber entablado ninguna conversación con mi familia fuera del chat por WhatsApp, pero a veces llega un punto donde las palabras, si son falsas sobran, y mis padres ya tendrán tiempo de entender.

Ya faltando unos instantes para su llegada, se podía sentir una brisa ligeramente fresca, algunas nubes manchaban el cielo azul.

Por suerte podíamos decir que el clima, a diferencia del pasado día, no nos había tomado desprevenidos.

Ese día mi amigo Max decidió llevar una babucha negra estilo pantalón, junto con un canguro en color blanco liso, con sus típicas zapatillas a juego.

Mientras que yo había decido llevar un jean beige tiro alto junto a un buzo amplio de cachemira y unas botas media caña.

Aunque, de momento, lo que más podría destacar de mi amigo sería su vestimenta, ya que hasta ahora las palabras no han sido más que escasas.

Ni hablar de Celestino, que ni siquiera se ha dejado ver hasta estos últimos instant es.

—Faltan solo unos minutos —hablé mientras todos esperábamos erguidos en el frente del hotel.

—¿A quién se lo dices? —pregunta sarcástico Max.

—A ambos —le digo mientras ruedo los ojos.

—Bien —pronuncia pausado y en una burla sería—. Iré al baño antes de que llegue.

Y gira sus talones nuevamente hacia el hotel. Yo solo sujeté mis sienes y las froté para liberar tensión.

—Tranquila, ya sabes que se le pasará —afirma Celestino con seriedad.

—Es que parece que fuera un niño, todas las cosas que estamos pasando y él toma estas actitudes.

—Es que lo es —contradice—. Tú esperas que todo esto sea fácil para todos, y no lo es.

Quizás tú en estos momentos solo quieras pensar en una cosa, rescatar a tu hermano, porque piensas que en ese momento tu vida se resolverá.

Pero la vida de los otros también sigue, también cambia, los otros también tienen deseos.

Y eso no hace que les importen menos los tuyos. Maximiliano te desea en su vida.

—Sé que tienes razón, pero más allá de eso... es que siento que él no debería exigirme cosas o resoluciones en estos momentos. Tú no lo haces... —le suelto finalmente.

—Yo no soy Maximiliano, ni tampoco soy un humano joven como él, es imposible compararnos entre nosotros. Y yo, no estoy planeando una vida humana, con sus limitaciones.

—Ese es el problema, Max no eres tú, y yo en estos momentos no puedo elegir entre ustedes.

Yo no quiero alejar a Max de mi vida, siempre estuvo conmigo, pero nunca serás tú.

Si tuviera que renunciar a ti, a este nuevo mundo que descubrí, por él…

jamás me lo perdonaría —le digo mientras me siento en uno de los escalones del hotel—.

Realmente no sé si podría elegirlo, en cambio... tú no me pides que elija.

Celestino me observa, de forma analítica, con felicidad y un ligero pesar en su mirada, para finalmente tomar asiento a mi lado lentamente.

—Exactamente. Yo no te pido que elijas, porque no tengo una vida humana —coloca una mano en mi hombro y me mira fijamente—. Como te dije, no se puede elegir entre la tierra y el aire, son demasiado diferentes.

—¿Y si prefiero el aire?

—No es cuestión de preferir... pero, si vamos a eso, bien dijiste que aún no tenías respuesta.

—Quizás mi respuesta es que no quiero vivir sin el aire, pero tampoco deseo dejar de ser amiga de la tierra.

—Jamás dejarás de tener el aire, siempre vivirá a tu alrededor, aunque no puedas verlo —afirma sin mirarme.

Hermosa metáfora para una situación tan cruel. De cierta forma, al escucharlo decir eso, sentí una corriente fría recorriendo mi piel.

—Yo no quiero vivir una vida de ignorancia, quiero ser consciente de que el aire está a mi lado —al decirle aquello, sujeté su barbilla obligándolo a mirarme a los ojos.

—Te dije que había una manera, Iroda —asegura pausadamente, con una mirada profunda enfocada directamente en mi iris.

—No es suficiente y lo sabes, estás jugando conmigo desde el inicio con eso —tome la misma postura que él, pero con más debilidad en mis palabras—. La decisión está en ti, y es posible, yo lo sé, Isabelina y Cristopher lo lograron.

—Tú no tienes idea lo compleja y fuera de lo común que ha sido la vida de Isabelina, tampoco el lugar que ella ocupa —retruca con pesar.

—Porque no me lo expl...

—¿Sucede algo? —intercede Max cortando mis palabras.

—Nada, nada... solo hablamos de Isabelina —le respondo con aparente disimulo.

—Mmm... entiendo, pues no se apuren que allí viene llegando, en el auto gris.

Y era verdad, en aquel gran coche gris venía mi guía aquí en la tierra, mi humana salvadora, que me llevó a los orígenes de mi vida y existencia. La única persona humana que me brindó esperanza basada en hechos.

Se bajó con suma elegancia del auto, casi tal cual como los primeros días que la vi.

Ahora había dejado a un lado sus vestidos vaporosos y flores, era nuevamente aquella señora de cabellos recogidos y con apariencia altanera.

Portaba un vestido tubo en tono beige y un sobre todo en cortes simples a juego, con unos stilettos bajos.

—Creo que volvimos a aquella fiesta empresarial —me rio mientras me estiro a abrazarla— ¿cómo has estado?, ¿fue bueno el viaje?

—Bueno déjame que me presente, Soy Maximiliano Ferrer, y si, mi padre es el dueño de Ferrer and Company —bromea Max volviendo a aquel día donde nos intentamos acercar a nuestra salvadora—. Te extrañamos Isa.

Celestino se limita a acercarse a abrazarla con bastante ternura y una media sonrisa, para finalizar estrechando sus antebrazos.

—Bueno la verdad que no me esperaba tan afectuoso recibimiento chicos —nos sonríe mientras aún sujeta la mano de Celestino—. Realmente fue un viaje bastante tranquilo, y bueno ya me hospedé en el hotel, supongo que el ajetreo empieza ahora.

—Pues sí, supones bien, me imagino —le dije—, aunque nosotros ya hace un día que estamos por aquí.

—Por lo que supongo, ya conocieron a Epifanía y a su hijo Julio —nos consulta Isabelina.

—Sí, ayer mismo pasamos el día con ellos, ni te imaginaras como llegamos a él, fue nuestro taxista —me reía mientras nos dirigíamos a su auto.

—Sí, imaginé que sería algo casual y espontáneo —responde Isabelina.

—A ver, a ver, ¿entonces, era un plan nuestro encuentro con Julio y conocer a su familia? —pregunté.

—Pues sí y no, que conocieran a Epifanía era parte del destino, quizás algo apresurado por nosotros, pero la actitud que tuvo Julio con ustedes fue puro libre albedrío, ninguno de nosotros podría haber modificado el agrado inmediato que tuvo por ustedes.

Max se rió de una manera curiosa.

—Entonces yo tenía razón, si está un poco loco —vuelve a reír—. Pero verdaderamente nos hizo el día.

—Fueron más que amigables —coincido con mi amigo—. ¿A dónde se supone que vamos? —le pregunté a Isabelina, ya poniendo mi mente en el presente.

—Directo al Monte de los Olivos —responde en cambio Celestino—, ese será nuestro nexo inicial para la misión, un campo energético de hace más de dos mil años, un cruce de tierra y cielo.

—¿Se supone que es donde Jesús lloró por Jerusalén? —se anima a preguntar mi amigo.

—Así es, un lugar donde Jesús dejó grandes lecciones y advertencias, donde animó a sus discípulos.

Y también por ende un lugar donde siempre hubo seres elevados, así como fue Jesús en carne y hueso, o como son muchos ángeles o espíritus que lo visitan, es una fuga, una escalera energética que conecta muchas cosas.

Incluso diría que es una de las más famosas.

—Pero, ¿el portal está en todo el Monte los Olivos? —pregunté.

—Tengo entendido que es un lugar bastante grande —añade curioso mi amigo—. Tiene varias zonas y es un lugar turístico.

—En parte sí, es bastante grande —procede a explicar Celestino, ganándole a Isabelina—.

Tiene varios puntos focales donde más se localiza la energía, y donde hay una mayor conexión dimensional, los observadores de energía lo pueden apreciar con más facilidad.

Pero en realidad en la mayor parte de su extensión, se presenta un ambiente con una alta vibración energética.

Aunque como bien dices, la energía no siempre debe localizarse en su totalidad como positiva, y hay zonas que ya están tan gastadas y consumidas, que se aprecian grises y tristes.

—¿Ya habías venido antes? —cuestioné con simple curiosidad—. A veces no se si son conocimientos ya establecidos o hablas por lo que tu intuyes.

Celestino ríe ante mi duda.

—Diría que ambas, si he venido, y he podido ver que las cosas son así. Pero a su vez también está bastante establecido para los iluminis como yo, como nosotros —rectifica—, solo que bueno, como para todo, el mundo es opiniones e interpretaciones.

—Entiendo... —musité pensativa. Por supuesto, momentos después de dedicarle una mirada reprobatoria a mi ángel.

—Pero no te preocupes, tampoco es la primera vez que tú lo visitas —me anima Isabelina nuevamente—. Quizás hasta te brote algún recuerdo.