Más allá de nuestros ojos Capítulo 63 #2
81%

Capítulo 63 #2

En estos momentos tenía dos simples y descabelladas opciones, fingir que no tengo ni remota idea sobre las afirmaciones de la señora, escuchar sus verdades y suposiciones con cara de sorpresa y asombro.

O, admitir la verdad, aunque fuera en rasgos generales, y ver hasta qué punto llegaría mi veracidad con estas personas.

Hay momentos donde, por más loca que sea la verdad, para algunos oídos, podría ser lo más creíble. Se puede ser un cuerdo simple y mentiroso, o un loco perfectamente cuerdo, misterioso y sincero.

—Es verdad, vengo con mi guía, mi protector. Ángel custodio le pueden llamar si encaja más en sus ideas, se llama Celestino —pronuncié cada palabra clara y concisa.

Max me observaba con los ojos como platos, la supuesta bruja solo muestra una cálida sonrisa triunfal, mientras que el matrimonio anfitrión se limita a observar aún sin emitir o demostrar opinión.

Hasta que...

—Entonces niña... ¿Tu afirmas que realmente mi madre dijo a ciencia cierta la realidad, y para colmo ya te habías enterado de eso?...

—Ya sería el momento donde empiezas a disculparte con tu madre... —pronuncia Epifanía.

—Creo que más bien es el momento donde nos explicas, cómo es que ya sabías que Iroda era consciente de todo... Porque realmente la parte más interesante vendrá cuando esta chica nos cuente cómo lo descubrió...

—Lo que ustedes no se imaginan es que la parte quizás más irrelevante de la historia es como lo conoció... —dice Max, ya aligerando el ambiente.

Todos se ríen de forma corta y sincera, pero sus mentes estaban tan agobiadas procesando la situación, que casi no había espacio para más, como Julio tuvo que comprender las virtudes de su madre y la razón que llevaba con dos simples extranjeros que traía a cenar.

—O sea, ¿qué hay más aún?, ¿qué lo importante de esto no es como lo conociste? —pregunta extrañado Julio—. Wow ... —exclama.

—A ver, claro que es importante... —me explico de forma ligeramente divertida—. Solo que han pasado tantas cosas, que ya nos parece algo menor, pero realmente fue algo sacado de película si lo pienso —terminé por justificar.

Quizás lo mejor sea apoyarnos en lo que desean escuchar.

—Entonces debemos pensar que es aún más interesante la historia —afirma Teodora de forma divertida, interrogativa e incluso asombrada, casi preguntando retóricamente.

—Tampoco diría eso... —dije tímidamente.

—No, no, tampoco para tanto. —Continúa Max nervioso, captando mis intenciones.

—Bueno, bueno, tampoco incomodemos a los chicos. —Entra Epifanía en la conversación nuevamente.

—Uf... —mufa Julio— ahora somos nosotros quienes nos metemos en su vida —recrimina burlesco a su madre.

—Es distinto, yo les podría resultar de utilidad —se defiende la misma.

—Bien... vamos al comedor, la cena es larga y ya tendremos tiempo de charlar más cómodos —termina por decir Julio.

Después de tantos secretos, quizás tener un nuevo punto de soporte humano fuera de Isabelina, sería beneficioso para todos. No perdíamos nada porque una pareja

de extraños en Jerusalén no creyera en nuestra historia, pero quizás ganaríamos mucho de tenerlos con nosotros.

—Es verdad que ella nos puede ser de utilidad —pronuncia Celestino de forma baja detrás de mí—. Recuerda que las coincidencias no existen, cielo.

—Entonces, ¿el juego ya comienza? —cuestione en voz baja.

—Pues... digamos que ya empezamos a establecer las reglas —me advierte.

—Tu nueva faceta silenciosa no es beneficiosa —le recrimino por no advertirme.

—A veces las palabras sobran en algunos lugares...

A medida que iba avanzando la cena, de forma ya más tranquila, fui contándoles todo lo que ha pasado estos últimos meses.

Después de todo, por más extraña que fuera la historia, ya tenían un punto amortiguación.

Sus expresiones no dejaban de ser un vaivén, desde su asombro y tristeza por la incertidumbre de mi hermano, hasta la diversión que causaba escuchar como Celestino se fue presentando en mi vida.

El dolor y alivio al saber que mi hermano estaba con vida, el viaje de fantasía que implicaba mis idas y venidas a casa de Isabelina, los sueños compartidos y viajes oníricos, la apariencia de Celestino e incluso nuestra historia, sin dejar de lado lo difícil que fue hacer un punto común entre mi amigo y mi guía.

Diría que hasta me asombré como pude resumir tanto nuestra historia, incluso de una forma que resultó cautivadora al oído, pasando por alto todas las preguntas interruptoras.

—Y bueno creo que eso fue todo...

—Pero... tengo otra duda, ¿ustedes no eran novios? —cuestiona Julio refiriéndose a Max y a mí.

—Realmente somos amigos de toda la vida —le respondí—. Solo que cuando asumiste eso te viste muy feliz y luego no supimos aclararte las cosas.

—Es que es complicado... —termina por decir Max mientras me da un medio abrazo.

Lo que aparentemente confunde aún más al resto y coloca una cara indescifrable en Celestino.

—Ya veo que es complicado... acá con tu medio novio y el invisible amor de tu vida para salvar a tu hermano —se ríe y suspira Teodora—. Si no fuera por mi suegra, no lo creería… a decir verdad.

—No se hace una idea como nos costó asimilarlo a nosotros, sobre todo a Max —continué con el punto central, ignorando el punto de complicación amorosa.

Todos observan pensativos y expectantes, mientras asienten.

—Pregúntale sobre la ayuda que Epifanía nos brindará —me señala Celestino— te resultará más interesante oírlo de ella.

Yo solo me li mito a observarlo y asentir.

—Epifanía... —comienzo a decir.

—O no te molestes criatura, lo he escuchado bien. Te contaré porque les puedo, o más bien les soy de ayuda. —Se me adelanta la señora quien al parecer no solo ve a Celestino, sino que también lo escucha.

Prosigue relatando:

—Como se imaginarán, ver a tu guía no fue mi primera experiencia extraterrenal, sino que es algo que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida.

Pues ya hace varios días mi ángel custodio, se me presentó en un sueño, vino a avisarme que pronto llegarían un par de jóvenes, encaminados por fuerzas superiores, y yo sería un punto de apoyo para ellos en la tierra, un medio.

Y bueno, al parecer nuestros guías unirán fuerzas junto con los otros seres que están a su lado por el alma de tu hermano.

Así que bueno, yo soy tu puente humano de apoyo, aquí en Jerusalén, el destino es justo y nos unió, así que claramente sabía que tú tenías conocimiento de Celestino, cuando saque el tema —suspira con cierto alivio—.

Todo está destinado a ser. Han comenzado un viaje arduo, chicos...

—Debimos haberlo imaginado cuando todo comenzó, ya sabíamos que aquí esperaba más ayuda, pero a veces parece tan complejo adelantarse a estas cosas —le comenté.

—Sería ilógico que te adelantes a estas cosas querida, somos humanos.

—Supongo... —me encojo de hombros sonriente.

—Así que esta no será la última vez que nos veamos —termina por decir Epifanía.

—Oh, no, eso claro que no, mientras estén en Jerusalén no los dejaremos en paz —interviene Teodora—. Esperaremos a ver como se desenlaza todo...

—Les aseguramos que no se perderán detalle de nada y serán los primeros en tener las buenas nuevas —les aseguro.

—Y bueno también queremos saber qué pasa con estos tres pares de tortolos —afirma nuevamente Teodora, con picardía y diversión en su voz.

Que ellos tomaran la situación con tanta gracia y liviandad, me sacaba un peso de encima, aunque sea por un momento. No le daba vueltas a mi mente con esta indescifrable situación.

—¿No se supone que al menos ustedes ven solo dos? —bromea, no muy agradablemente, Max.

Julio lo regaña amigablemente con un golpe en el brazo, casi como si fuera su tío de verdad. Al parecer, luego de haberle contado el mayor secreto de nuestra vida, la confianza incrementó muy rápidamente.

—Estén tranquilos, todo irá bien —nos alienta Epifanía, ya en son de despedida.

—Todo dependerá del pacto —termina por pronunciar Celestino.

Yo lo observo, al igual que Max a mí.

—Al parecer hay aún más cuestiones en juego... —anuncia Epifanía—, no es sencillo romper algunos pactos, pero la fe y la determinación es clave en eso.

Nadie hace preguntas luego de escuchar eso, solo observan.

—Chicos, el amor es amor, en todas sus formas, no nos hagan caso que tienen mejores cosas para preocuparse ahora —termina por decir Julio, con cara de extrañeza, sin comprender del todo lo que dijo su madre. Pero tratando de cerrar el tema anterior, al ver la gravedad de nuestros problemas.

Había venido hasta aquí para romper un pacto, habiendo aprendido como proyectarme y defenderme. Pero no lo más importante, como deshacer esa maldición que un día prometí.