Capítulo 62
—P ero Julio, ¿estás seguro que a Teodora y a tu madre no les molestará que nos lleves a su casa sin avisar…? —pregunta Max un tanto temeroso.
Ya entre una cosa y otra, se nos había pasado el poco tiempo de tarde que nos quedaba paseando por el mercado y junto a Julio, realmente parecía que podríamos venir día tras día por un año y jamás terminar de conocer todas las maravillas y variedades que ofrecen estos vended ores.
—Pero tío, no se creáis tan importantes, ya están acostumbradas —nos asegura Julio en un tono gracioso y con falsa picardía— esperadme unos momentos que debo seguir con esto. —Se encamina a seguir organizando cosas de su puesto.
—¿No será peligroso? —me apresuro a decirle a mi amigo, en voz baja.
—Pero por favor, si lo fuera ya el guardia nos hubiera dicho —hace referencia a Celestino de forma no muy agradable—. No todos tienen la suerte de contar con un vigilante siempre presente que todo lo ve.
Celestino nos observa con diversión en sus ojos, y se acerca a nosotros.
—Debo decir, que, aunque no se dé mucho... nuestro querido Maximiliano tiene razón, no hay peligro alguno en Julio, al contrario, es un muy buen hombre —al final hace una mirada ladeada como si hasta lo divirtiera la bondad de Julio.
Yo le sonrío... debí saber que era más que obvio que él nos hubiera advertido, en parte me imagino cómo se debe sentir tener que fingir que eres parte de la decoración.
—¿Te encuentras bien? No hemos podido estar mucho contigo en este último rato —me disculpé.
—Claro que sí, han estado conmigo en todo momento, que no podamos participar de las mismas conversaciones o que todos no me vean no cambia eso.
—Creo que más bien se disculpa por haberte olvidado por un rato... —ataca Max con un golpe bajo.
—Max... ya basta —le advertí a mi amigo.
—Me imagino que se había olvidado de mí cuando elegía los pájaros... —contraataca Celestino con la misma diversión de cuando nos conocimos.
—Tienes suerte de ser un jodido ángel, sabes... —Max no espera ni un segundo de terminar su frase para retirarse más que molesto para dentro del mercado.
—Tranquila, Iroda, estas energías lo tienen mal, la presión, ya se le va a pasar.
—No es solo eso, está celoso... jamás pensé que fuera posible, pero lo está... —mencioné cansada.
Celestino suspira antes de hablar...
—Pues sí, lo está, pero no creas que esto no lo afecta, sin mencionar que no tiene motivos claros para tener celos... esto es confuso para todos.
—Te tiene a ti, según él... entre medio —le expliqué.
—Maximiliano y yo somos polos opuestos, vivimos en mundos diferentes, de momento, nuestras existencias no se contraponen en ningún punto.
—Pues, dudo mucho que alguien más que tú lo vea así... una persona para dos almas... —suspiré—. O es una cosa, o es la otra.
—A veces uno debe acoplarse a lo que es, a lo que debe ser... —se resigna a dar por sentada esa conversación.
¿Acaso se supone que, con esas escasas palabras, yo debería comprender cómo se van a desenvolver las cosas?
No estaba dispuesta a tomar una decisión por resignación, o por comodidad, por apegarme a aquellas cosas que se suponen que deben ser.
Esa forma de vivir no solo sería injusta para mí, sino que sería egoísta con todos los involucrados.
No puedo negarme a buscar la respuesta correcta, solo porque no hacerlo sería lo más sencillo.