Capítulo 59
E l resto de la semana transcurrió con mucha lentitud, como si los segundos se reservasen para sí mismos, parecía que aquel enigmático día jamás iba a llegar.
Las charlas matutinas con Max cada vez eran más largas y presentes, tan igual y tan distinto a como era antes.
Mientras que mis días al lado de Celestino logramos que fueran lo más pacíficos y disfrutables posibles, resulta que cuando estás por llegar a un abismo, es reconfortante vivir como si nada pasara, como si nada fuera a pasar, incluso parece que nuestra mente pudiera olvidar por instantes eso que vacía nuestros días.
Y digo que los vacía, porque luego de estar tanto tiempo trabajando por algo he intentado entenderlo, cuando solo estás en una atípica espera.
Cuando te liberas de aquellos compromisos que no te daban tiempo de suspirar, sientes que ya no hay nada que debas hacer, pero en cambio, tampoco bajas la guardia, sientes que estás en un limbo, que hasta que no llegue el momento del desenlace, estás dormido, y debes volver a despertar.
Las largas caminatas, los presuntos recuerdos, los sentimientos y la falta de ellos, la voz de Max, la compañía de Celestino, las mentiras y los preparativos humanos para el viaje llenaron mi vida.
Hasta que sí, desperté.
Dicen que los buenos no empezamos guerras, y es verdad, pero a veces nos vemos obligados a terminar batallas.
Porque ser bueno, va de la mano con ser justo, y ser bueno, no es ser cobarde, es saber discernir hasta donde estamos dispuestos a llegar por aquello que nos parece justo, y que camino tomaremos para terminar la batalla.
No, aquel ser bueno no tiene que ser es el que calla y acepta el mal ajeno, a veces ser bueno, es ponerse en pie, y decir “esta no será mi vida" y “nadie puede decidir cómo será”.
—Veo que ya has despertado pequeña Ilumini —me observa Celestino sonriente.
—Y no te imaginas cuanto... —le respondo de inmediato aun descansando mi cuerpo sobre la cama. Diría que realmente no lo hace, no se lo imagina, aunque no podría afirmarlo tratándose de él.
—Espero que hayas descansado muy bien, porque se aproximan días largos —continua con esa ligera y tranquilizadora sonrisa estampada en sus labios—. Maximiliano estará aquí antes de las diez para ir rumbo al aeropuerto, tus padres irán tras de nosotros en su auto no lo olvides.
Y ahí fue donde mi gran duda surgió:
—¿Y tú donde irás? —exclamé confundida.
Y ahí es cuando él suelta una de esas típicas risas posteriores a mis preguntas seguramente estúpidas.
—Realmente podríamos vernos allá sin problemas, pero como sé que no sería lo ideal para ti, iré con ustedes en el avión —se limita a responder.
—Pero... ¿Si no hay asientos?
Sus muecas de gracia y una mezcla de “no tienes remedio”, reafirmaron que al parecer esas preguntas solo para mi tenían sentido.
—Iroda... mi “cuerpo”, si es que así le llamam os, no es como el tuyo y no necesita ningún tipo de asiento o soporte, iré parado o sentado en algún lugar libre si te resulta más cómodo visualmente. —Termina su frase con las mismas muecas y el mismo tono que dio comienzo.
—Entiendo... —pronuncie pensativa—, es que como siempre veo que te sientas, te recuestas, entras por las puertas y tantas cosas humanas.
—Es que yo también fui un humano —me asegura con obviedad—, la mayoría de las cosas son mera costumbre, y también considera que estoy contigo, me acoplo a lo que tú eres y como vives para que no todo se salga tanto de tus esquemas.
No es necesario y realmente créeme que muchos seres como nosotros o al menos compuestos como nosotros, solo se despegan de los paradigmas humanos por rebeldía y deseos de destacar.
Al parecer hasta en el mundo espiritual uno tiene reglas y no se libera de todas las críticas, sin dudas no podía evitar reírme de eso. Aunque a Celestino no le hacía ni la menor gracia.
—Sé lo que piensas pequeña —interrumpe el susodicho mis pensamientos— pero uno de tus mayores errores es creer que los seres como nosotros son todos como los que han llegado a tus ojos. Y créeme que no es así, hay almas incorpóreas que pasan tiempo en este planeta solo dando de qué hablar.
—Los fantasmas...
—Les puedes llamar así. Son espíritus. —Siempre respondiendo con simplicidad y dejando de lado todo lo que implique divagar.
—Siempre tan ejemplar tú, ni siquiera podemos decir que el gran Celestino atraviesa paredes frente a mortales —me burlo un poco para aligerar el ambiente.
—No atravieso paredes... pero si llevo mortales a viajes de rescates espirituales y diálogo con ella como si no fuera lo que soy. —Me sigue el chiste con una contundente verdad, mientras se resigna abriendo sus brazos y riendo a la par conmigo.
Sin dudas de vez en cuando mi querido ángel abandona su postura de formal sabio, y vuelve a sus comienzos cuando hablaba a mis espaldas y se reía de mi ropa.
A veces, solo a veces, olvido lo que somos, olvido todo lo extraño de nuestra relación y solo siento que somos dos chicos más intercambiando ideas y pensamientos, como si no estuviéramos al borde de ningún abismo, como si no hubiera nada que ocultar.
Y más bien mi hermano solo se fue a un largo viaje, y Celestino solo es un buen amigo que vino a visitarme un rato.
A veces, solo a veces, olvido o quizás olvidamos la extrañeza de nuestra suspicaz monotonía.
—Iroda —grita mi madre de forma cantarina— ¿ya tienes todo listo amor?
—Así es madre mía —me siento en mi cama mientras observo mis maletas de forma tranquila.
—Hasta me parece mentira que antes eran unos niños corriendo por la sala y ahora...
ahora se van solos tan lejos —me observa de manera melancólica y feliz—.
Aparte Jerusalén, jamás lo hubiera imaginado, porque a ver, tú y Maxi son un estilo más bien Londres o el mediterráneo, nunca imagine un viaje casi de peregrinación…
—termina con un tono pensativo y ligeramente irónico.
—Ay mamá, mamá, no seas superficial, aparte no tenemos por qué ser una cosa u otra, podemos irnos a Jerusalén y luego a un Eurotrip —le sigo la diversión—. Y no es solo Jerusalén, también es Egipto.
—Lo sé, lo sé... solo que aún no lo creo —se acerca a mí y toma asiento en la cama— fue todo tan rápido. Siento que para mí nada sucede, no quiero perderme de lo que pasa en tu vida. —Termina su frase acariciando mi mejilla. Sin duda no estaba pensando con normalidad.
Mi querida madre, ojalá no tuvieras que ignorar tanto de lo que sucede en mi vida, ojalá pudiera recostarme en tu hombro y contarte mis planes, mis miedos, mis problemas. Ojalá mi vida en este momento pudiera ser transparente. Pero tranquila, pronto sabrás todo lo que debas saber.
Luego de responder de manera vaga y relajada a las preocupaciones de mi madre, esquivando lo más posible sus dudas.
La charla continuó de forma típicamente sentimental antes del viaje de un ser querido.
Me ayudó a alistarme, cercioro junto a mí que llevara todo lo necesario, para luego proseguir a “despedirme” de mi padre e Ines, y digo despedirme como mera formalidad, ya que todos ellos nos despedirían finalmente en el aeropuerto.
Podemos decir que todos se encuentran algo sentimentales con la idea de nuestro viaje, digamos que lo que más les llama la atención es que no hemos fijado aún una fecha de regreso, aunque claramente les hemos asegurado a mis padres que no duraría más de diez días, les relatamos que debíamos esperar el día de apertura de un gran museo al que asistiríamos, el cual no había confirmado una fecha exacta.
Y así fue que, entre tantas risas y abrazos, llegó Max. Su coche aparte de llamativo tenía un sonido de llantas característico.
—Buenos días familia —entró saludando entusiasta.
Al parecer ambos para tomar el avión habíamos optado por un look casual y relajado, aunque minimalista y elegante. El portaba un pantalón tipo sastrero beige , de esos que se usan ahora, con una camiseta básica en tono azul marino y un buzo de hilo colgado en los hombros,
con unas zapatillas blancas cerrando perfecto el look. Mientras que yo vestía un pantalón de lino blanco, con una blusa básica en el mismo tono y un blazer de verano en color beige . No se podía decir que era un día frío, ni cálido.
—Muy buenos días —responde mi familia al unísono, observándolo y extendiéndole los brazos para la bienvenida.
—¿Te encuentras tan listo como esta niña? —pregunta Ines carismática y efusiva.
Max me observa por un momento con una sonrisa ladeada y falsamente analítica.
—Me atrevo a decir mi adorada Ines, que lo estoy mucho más —le termina de pronunciar en tono de confidencia, poniendo una mano al lateral de su boca y fingiendo hablar bajo.
—¿Cómo te atreves a cuestionar qué tan lista estoy? —bromeo con mi amigo.
— Wow, wow , alto ahí Max. Todos sabemos que no puedes arrancar un viaje compitiendo con la señorita “Miss Ganadora" —nos sigue el chiste mi padre.
—Ya veo el basado en hechos reales en la cartelera —prosigue a mi padre Max de inmediato. Para que todos terminen de estallar en una risa.
—Bueno chicos terminando con la broma, deben saber que estamos muy orgullosos de ustedes —interrumpe mi madre casi en lágrimas—.
Estamos orgullosos de cómo han crecido, de su amistad, su persistencia y su manera de superar las adversidades, realmente son un par de chicos muy nobles y muy fuertes, estoy segura que todos podemos aprender de su amistad —termina para abrazarnos a ambos por igual.