Más allá de nuestros ojos Capítulo 55
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Capítulo 55

Y a a la tarde estábamos tomando retorno a nuestros hogares, obviamente ahora regresaría con Max, en vez de aquel misterioso chofer.

Podría decir que me sentía extraña, luego de haberme alejado por un pequeño tiempo de Max había notado cuánto lo necesitaba en mi vida y por más que me había pasado tantos años diciéndole “hermano", yo no necesitaba la compañía de Max de la misma manera que la de Thomas.

Él ocupaba un lugar diferente, no podía ser sustituto de nadie, porque se había creado su propio lugar en mi vida.

Pero al mismo tiempo no lograba aceptar mi miedo a perder de vista a Celestino, porque no podría decir que lo perdería…

él estaría siempre a mi lado, pero ambos estaríamos solos, aunque juntos.

En mi mente, de alguna manera, la idea de perder a estos tres hombres en mi vida era muy similar, pero demasiado distinta a la vez como para llegar a compararla de forma lógica.

—No debes estar nerviosa, Iroda —me asegura mi amigo mientras maneja—. Lo lograremos, y si el no saber las cosas o incluso descubrirlas no te hizo tambalear, finalizarlas mucho menos. Estamos juntos en esto —. Coloca una mano sobre mi rodilla y me dedica una sonrisa.

Al parecer había notado mi extrañeza, aunque no podrí a adjudicarse solamente a eso.

—No estoy nerviosa, solo que todo me sigue resultando… —hago una pausa—. No sé si hay una palabra, una mezcla de confuso e intenso.

Ambos rieron de forma sutil y perdida.

—Es que realmente lo es, en todos sus aspectos. Ni siquiera podría explicar todo lo que me costó asimilar esto —continué hablando.

—Pero lo lograron, ambos de forma excelente. No todos podrían decir lo mismo —interviene Celestino en la conversación de forma suave.

El resto del viaje se mantuvo calmo, bastante callado, a decir verdad, Max tenía las manos firmes al volante y parecía ir concentrado en eso.

En cambio, Celestino estaba en el asiento trasero, y no me había atrevido a voltear más de una vez para apreciar sus gestos.

Las cosas cambiaron cuando ya habíamos llegado a mi hogar, Max me pidió hablar algún momento a solas conmigo y casi sin yo responder vi como Celestino se encaminaba de forma aparente a la casa. Por supuesto que nadie lo vería entrar.

—Te extrañé, mi pequeña hermanita… aunque ya no sé si decirte así —empieza hablando mi amigo.

—Sabes que yo también… pero, ¿por qué no me dirías así?

Sus palabras me asustaban, pero dudaba que se notara.

— Porque, bueno, dentro de poco tu hermano real estará con nosotros y quizás no corresponda —habla de forma feliz y relajada, como si la respuesta fuera más que obvia.

Realmente no se si era obvia, pero sí que me dejó más tranquila.

— Eso no cambiará nuestra relación. Es más, tú vas a ser un gran factor para que vuelva a estar conmigo —le aseguro mientras palmeo su brazo en señal de tranquilidad.

— También de que lo hayas perdido…

— Eso jamás sería culpa tuya, si no eran ellos, hubieran sido otros.

El solo asiente y baja la cabeza con pesar. Estos últimos meses había conocido facetas de mi amigo que nunca antes había visto, y algo me hacía creer que solo sería el comienzo.

— Volviendo a lo anterior… —retoma la conversación, luego de unos segundos de pausa— esto de que pronto vuelva Thomas, y como ha cambiado mi manera de ver las cosas en este tiempo gracias a eso, me ha hecho entender que no solo nada es como pensaba en el mundo, sino en mi vida.

Me he dado cuenta que yo saltaría al mismo infierno si fuera por ti o contigo.

Y que incluso no quiero pasar más tiempo lejos de ti, me di cuenta que yo no amaba nuestra rutina anterior, solo quería estar contigo, y eso puede ser persiguiendo fantasmas o comprando ropa como antes…

—hace una pausa nerviosa y divertida, agacha la cabeza y se agarra el cuello, dando vueltas sobre sí mismo, para luego recién poder seguir mirándome mientras habla—.

Dios no sé ni lo que te digo, pero créeme que te lo digo en serio —afirma haciendo énfasis en el final— y por otro lado está ese perfecto angelito tuyo que al parecer es, como el supremo e irremovible amor de tu existencia, nada parece real —termina su discurso en un suspiro nervioso.

No habla enojado, sino divertidamente asombrado, creo que, ni él sabe lo que dice.

Al principio solo me río y lo observo, solo sonrió, pero mi mente no para de dar vueltas.

— Por un lado, siento que no me estás diciendo nada que antes no fuera un hecho, y por otro siento que me estás diciendo algo que nunca antes había cruzado por mi cabeza —hable suave, de forma pausada y feliz. Aunque claramente mi respuesta fue pobre y carente de imaginación.

— Quizás porque nunca antes fue tan real, porque las palabras se volvieron hechos y las circunstancias cambiaron —me responde ahora con más firmeza y serenidad.

— Nuestra vida ha cambiado para siempre. Y la verdad no hay nada que agradezca más que tus palabras fueran reales, que no te hayas ido en el momento más difícil, después de todo nunca lo has hecho.

— Y nunca lo haré, quiero que me permitas no hacerlo, que me permitas seguir a tu lado —asegura con ojos profundos, y una sonrisa estampada en el rostro.

— ¿Por qué no lo haría? —le cuestioné algo tímida.

Sentía que nuestra conversación era un laberinto lleno de mensajes y carente de nuevas palabras. La idea de lo que me quería transmitir rondaba en mi mente, pero no me atrevía a mencionarla con palabras ni siquiera en los rincones de mis pensamientos.

— No lo sé —me dice mirando al cielo—, tengo miedo, miedo de que me hagas a un lado, miedo a perderte, miedo a que te alejes cuando más quiero encontrarte.

Yo no soy un ángel caído del cielo, y quizás no viví mil vidas a tu lado, pero en esta…

no te he dejado sola ni un solo momento, y me gustaría tener alguna consideración por eso.

—Sus palabras eran claras, eran francas, y sus ojos que se habían posado sobre los míos, me terminaban de decir todo lo que le faltó aclarar.

En ese momento entendí todo, todo lo que quizás para otros ya era más que obvio.

Max siempre fue mi amigo, mi fiel compañero, siempre se apagó al papel que yo necesite, y quizás hasta más de lo que él mismo deseaba.

Ahora que la vida había puesto a prueba nuestras palabras, que había puesto a cada quien en su sitio, él venía a decirme que no era mi hermano y al parecer no quería ser solo mi amigo, no sabía si era real o eran simples celos, miedo a perder nuestra relación.

O tal vez él si quería verla evolucionar.

La pregunta era ¿qué quería yo? y aún más importante, ¿qué implicaba lo que él quería? ¿a cuántas personas afectaría?

— No sabría por dónde empezar a responder —comienzo mi respuesta con palabras cortas y dudas interminables—, pero lo que sí quiero que tengas claro es que, así como siempre tuviste un lugar protagónico en mi vida, lo seguirás teniendo, aunque salga el sol o aunque se caiga el cielo a pedazos.

Tú no tienes que competir con nadie por un puesto, jamás lo has hecho y no vas a empezar ahora.

Él se acerca a mí y agarra mi mano, mirándome a los ojos.

— Te aseguro que no tienes que darme una respuesta, sé que no te he preguntado nada, y se que no es el momento, pero igual quiero que pienses en lo que te dicho y recuerdes que yo estoy contigo y para ti.

— Estamos juntos, el uno para el otro, de aquí hasta el fin —le aseguro ya con más ligereza y cierta gracia en mis palabras.

Ambos nos sonreímos, con la mirada fija en las pupilas del otro, fue un momento comúnmente extraño, mil veces habíamos hablado de nosotros, de nuestros sentimientos, pero ahora era diferente, prefería creer que no sabía en qué sentido.

Max decidió tirar un poco de la mano que me sostenía, para darme un sutil y casi sensual beso en la mejilla, porque por más tierno y sincero que sea, Max era Max, la parte teatral no podía alejarse mucho de él.

Fue un gesto cariñoso, algo cursi, combinaba bien con su forma de ser.

Terminamos nuestro saludo en un cálido y habitual abrazo, fue suave y acogedor, después de todo uno siempre vuelve a donde fue feliz, y por más tristezas que hubiese.

Max siempre había sido el mejor lugar. Al menos hasta ahora… que había entrado Celestino en mi vida.

Y así fue como terminó mi día, y mi despedida con mi amigo, ya era hora de entrar a mi casa.

Tener la calidad bienvenida de Inés, donde esta vez dentro de su larga charla volvió a sacar a la luz el tema de Max, y aunque se lo volvió a evadir, quizás su intuición de “madre” no andaba tan alejada a la realidad.

Agradezco profundamente, que su intuición no percibe espíritus ni ángeles.

— De igual manera, te he notado cansada y preocupada… un aspecto distinto al de cuando uno se enamora, ¿has tenido algún problema? —pregunta Inés de forma inoportuna.

Odiaba tener que seguir mintiéndole, mi querida Ines a quien tanto había dejado de lado estos últimos tiempos, quizás mirando hacia atrás estos últimos días, podría decir que mi vida o más bien mi rutina habitual había hecho un pare.

— Para nada, solo hemos andado detrás de un montón de actividades, sigo yendo al grupo, incluso hemos hecho nuevos amigos, solo estoy cansada, aparte y principalmente, yo no estoy enamorada —dije con naturalidad, intentando sonar relajada y sincera.

Ya que es la única parte sincera de todo mi discurso.

Ella me observa, y asiente no muy convencida.

— Mmm, que me equivoco con lo de enamorada no sé, no sé, a mamá mono con bananas verdes no —se ríe con soltura—, pero entiendo, a veces vivir sin parar es cansador y tú nunca fuiste “mis energías” —continúa burlándose—, me alegra mucho que estés haciendo nuevas amistades, ¿cuándo van a venir a la casa?

— Bueno, bueno, tranquila, son muy recientes para eso, ya veremos cuando las conoces.

Es demasiado irónico que quiera conocer a un grupo de ángeles y una señora médium, digamos que si, que son jóvenes de nuestra edad y solo vamos a la playa por ahora. Tarde o temprano está sería una gran historia que contar.

Luego de esa charla me encaminé a mi cuarto, suponía que era hora de hablar un poco con Celestino.

Extrañamente no estaba ahí cuando llegué.

El cuarto se encontraba en penumbras, entraba luz desde la ventana, ya que esa noche había luna llena.

La tranquilidad en el predominaba. Era curioso que él no estuviera esperándome, o quizás no, quizás solo estaba muy acostumbrada a tenerlo a mi gran espera y disposición, pero ¿dónde estaría sino estaba aquí?

Luego de estar un rato recostada con mi celular, a través de mi ventana veo como se divisan algunas luces, lo cual me llama extrañamente la atención.

Lo que nunca imaginé es el espectáculo magistral que presenciaron mis ojos.

En cuanto me acerco, veo como hay dos focos de luz, uno de ellos es Celestino; todo su ser emanaba una gran luminosidad, es más, unas auroras circulares de múltiples colores lo rodeaban.

Cuando menos quise acordar Celestino ya no se veía como él mismo.

Sino más bien como distintos hombres de distintas edades en fracciones de segundo.

Algo en mi mente me decía que eran todos sus encarnaciones, cambiaba de forma intermitentemente para luego acabar siendo el.

No podría decir que se veía cómodo con la situación, la cual parecía algo forzada y abrupta.

En cuanto al otro foco de luz, se veía como una silueta humana, rodeada por una luz a su alrededor, sin claras características, era casi un reflejo, una aparición, muy lejana a la veracidad de la imagen de mi protector o de los otros ángeles.

Esa silueta parecía ser quien provocaba aquello en Celestino o al menos esa era mi impresión.

Luego de algunos minutos o lo que para mí fue un tiempo extenso, acabó.

La extraña silueta desapareció y mi guía solo quedó hincado en el patio de mi casa, sin luces ni extrañezas.

En ese momento aparece otra luminosidad, como si fuera un portal, donde veo algunas pocas mariposas aparecer, claramente era Esmeralda, aunque no realizó aquella deslumbrante entrada triunfal, sino más bien una más sutil y momentánea.

Se que habla algunas palabras con Celestino, donde no podía notar que él le diera una respuesta, ignoraba si ella acaso hablaba en otro idioma o simplemente no la oía, no podía captar nada de esa situación.

Pero por como todo se mostraba, hubiera asegurado que vino a darle un mensaje muy importante.

Aunque, así como vino se fue. La historia no acabó ahí, de inmediato aparece Christopher, también de la nada, de forma completamente natural, como si fuera una seguidilla de actores.

Pero en cambio a él si lo entiendo a la perfección y si puedo ver como Celestino se voltea a verlo ya en pie.

— Quizás no soy el más indicado para decírtelo, pero tu bien sabes que debes luchar contra esto, no es lo que está establecido, no hay manera que la encuentres a ella sin que te pierdas a ti mismo. —Habla Christopher como un padre sabio, de forma pausada y sin titubeos, casi obligándolo a pensar.

— ¿Y si las cosas cambiarán? Cuántas veces han cambiado… —responde de forma perdida.

— No podemos solo hacerlas cambiar, sabes que sería una lucha constante. Pero antes de entrar en eso… piensa hasta donde has llegado con autocontrol, y recuerda que tú ya no eres un humano, ni lo serás, y ella solo debe cumplir algunos ciclos más.

— Me duele dejarla —le confies a a Cristopher—, aún no ha aprendido a entender cómo funcionan las cosas, me cuesta aceptar que debe hacer esto… me preocupa el ahora y me preocupa el después, bien sabes que una parte de esta vida tiene puntos suspensivos.

— Mi querido —murmura— solo tiene puntos suspensivos para nosotros, aún no hemos avanzado bastante para poder leer esa parte, debemos vivirla aún en este estado.

— Supongo que es verdad, también es nuestra lucha y la vida ya sabemos que es subjetiva.

— Así es amigo, por eso mismo debes meditar y dejar ir… el amor siempre estará presente, una vida no cambiará una eternidad.

Y ahí acabó aquella charla, aquel episodio, donde entendí que quizás era verdad, hasta nuestros salvadores deben salvarse entre ellos, y hasta quienes nos enseñan deben aprender. Que los finales no existen, solo los cambios.

Pero aún más importante, hasta para Celestino era difícil esta situación y a pesar de no ser un verdadero humano, nuestro amor le genera conflictos.

Las incógnitas le generaban conflictos, aun siendo un ser evolucionado.

O quizás conflicto no es la palabra, sino sentimiento.

Porque sí, la evolución y la lejanía del mundo carnal no nos vuelve seres insensibles, los sentimientos están presentes siempre y en todas las formas.