Capítulo 54
—¿A lguien me puede explicar qué acaba de suceder? —Maximiliano corta el ambiente confundido.
—Iroda acab a de descubrir cómo canalizar su energía en protección y deseo —responde de inmediato Celestino, con una mirada orgullosa.
—¿Protegerse es destruir un llavero? —reacciona reprobatoriamente mi amigo hacia el susodicho.
—Se puede decir —le responde Celestino con una fastidiosa tranquilidad—, cuando es un llavero cargado de malas energías, se rompió porque su alma neutralizó el mal del mismo, lo cual fue un golpe muy duro para el objeto, por eso se rompió.
Ni más ni menos que un reflejo de lo que en verdad sucedió.
El llavero era solo un portador, por sí mismo no era nada.
— Wow … —exclama Maximiliano sarcásticamente sorprendido— ¿pero se supone que lo enviaron con esa intención? —pregunta Max demostrando su ignorancia y claramente algo de fastidio con el hecho de la misma.
—No realmente, absorbió lo que lo rodeaba y las vibras de sus originales dueños, podría haber sido el caso de portar un mal intencional, pero realmente no lo era.Volvamos al principio —hace una pausa mi guía—, estas
personas no son malas en sí mismas, al menos no macabras. Ellas no practican el mal con sus manos de ninguna forma, más allá de haber secuestrado a Thomas. No practican la magia negra en ningún nivel, si tienen relación con estos seres, pero no de la forma retorcida que muchos hubieran esperado.
—Con lo que me dices… interpretaría que son casi víctimas —responde mi amigo, nuevamente pensativo.
—Oh vamos Max, no puedes ni siquiera decir eso —contrarrestó a la defensiva—. Entiendo que sean cercanos a tu familia, pero no quita lo que realmente son, secuestradores y codiciosos.
Intenté terminar la frase de una forma más calmada, pero realmente hubiera preferido ahorrarme esta conversación. Una conversación donde tengo que luchar conmigo misma, para no ser injusta con quienes me rodean.
—Es verdad Iroda, si son secuestradores codiciosos, pero eso no necesariamente les quita ser víctimas, no conoces su realidad o la ignorancia que los pudo haber conducido hasta allí —expone paciente Celestino enfrente de mí, de forma calma, sin apartar su vista de mis ojos.
—Sean o no víctimas muchacho, eso no es asunto nuestro ya —interpone Ahron, que permanecía en silencio.
—En realidad te equivocas mi compañero, bien sabes que el supremo es misericordioso, y en caso de ser cierto, nosotros podríamos ayudar a sus almas en vida de así quererlo. Porque el día que abandonen esta tierra, recuperarlos será un más difícil. —Esta vez, habla Christop her.
—Has entendido mi punto… —aprieta los labios Celestino para terminar su frase, casi como si supiera que no era una idea contemplada.
Me preguntaba si acaso era mi culpa, culpa de mi mundana y egoísta mente, la cual no me permitía entender como un plan para rescatar a mi hermano tanto del mal como de sus secuestradores, acaso podría implicar intentar ayudar a quienes iniciaron el problema.
—Perdonen, pero esto es demasiado… —salgo de la habitación rumbo al patio, interrumpiendo los pensamientos ajenos.
—¡Irodaaa! —Grita en voz media mi amigo, a punto de seguirme.
—Déjala… espera un segundo, iré yo… —escucho como Celestino detiene a Max en ese instante.
Mientras más cerca estaba del patio, más parecía que mis pensamientos se perdían en el viento. Cuando escucho detrás de mí:
—Quizás si mirarás un poco más allá de tus mundanos pies, ya no tendrías que verlos.
—Yo no soy un ángel, Celestino, perdóname, pero no lo soy —volteo a verlo con la voz cansada.
—¿Y por eso piensas que no eres capaz de comprender ciertas cosas? —me mira suspicaz—. Si yo me hubiera basado en eso, ni siquiera estaríamos parados aquí.
—No puedo entender cómo entra dentro de tus planes ayudar a quienes se llevaron a Thomas, ni siquiera nos están pidiendo ayuda, carajo —exclamé colmando mi paciencia—, se lo llevaron por dinero y poder. —Terminé mi frase elevando el tono.
—Primeramente, pedir ayuda es algo muy subjetivo y más cuando hablamos de pedir ayuda a quien ni siquiera tomamos en cuenta, y por otro lado, juzgar no es nuestro deber.
Perdonar es por y para nosotros, entender es por y para nosotros, porque la verdadera misericordia será considerada en el juicio final.
—Responde mi protector cauteloso, ante mi falta de comprensión.
Guardé silencio por un momento, y detuve mis pensamientos, quizás fue muy abrupto para mí. ¿Realmente estoy preparada para perdonar?, ¿para entender?
Me pregunto si mi alma sea lo suficientemente pura para dejar los sentimientos negativos a un lado, quizás Celestino tenga razón, quizás aún soy muy egoísta, muy humana.
Porque una cosa que si se, es que con quien estas no es quién eres, eso es solo para quienes te ven.
Como bien me había hecho ver mi protector, uno puede sentarse en la misma mesa que Dios y el diablo, sin tambalear ni por un segundo nuestra esencia.
—Pues ayúdame, ayúdame si consideras que realmente hay algo que entender —le solicité con la voz entrecortada, con los ojos ligeramente llorosos, pero con la barbilla en alto.
—Lo haré… siempre que sea necesario lo haré —asegura mirándome a los ojos.
El perfil de Celestino había cambiado nuevamente, otra vez era aquel chico suave y tierno, con mirada de amor, él parecía acoplarse perfectamente a mis pensamientos en algunos instantes.
Ahora extiende su mano, como ya había hecho otras tantas veces, me observa con gentileza, sus ojos me piden que lo siga, que confíe plenamente.
Que solo tome su mano, con mi mente y mi alma abierta.
Me mentiría a mí misma si dijera que lo dudé.
Nada es más obvio que decir que, de inmediato, acepté la misma.
Todo en instantes, se tornó nuboso, blanquecino.
De inmediato me encontraba en el salón de una gran mansión, hermosamente decorada.
Estaba vacía. De repente, un grupo de médicos, junto con una señora muy angustiada, pasaron por ahí.
Era la misma mujer de la foto, pero años antes, la señora emparentada con mi amigo.
Relataban como el estado del señor Isaac era irremediable y que a lo mucho le quedarían unas horas, mientras que le contaban como su marido iba por el mismo camino.
Era una situación tétrica, nada en el ambiente lo decía, pero era sola esa señora en una gran casa, viendo como perdía al que parecía su padre y a su esposo.
De inmediato el ambiente se disipó, trayendo uno nuevo, ahora estaba en una sala de reuniones; nuevamente la señora estaba allí, esta vez rodeada de varios hombres entrajados, de los cuales uno solo de ellos parecía su abogado.
Estos hombres le contaban que la empresa, desconociendo yo cual, estaba en quiebra, que uno de los directores generales los había estafado, y que tenían grandes deudas con acreedores e incluso le debían a todos los empleados.
También se contaba como al parecer el padre de ella había vendido y apostando numerosas acciones que poseían de otras empresas, y se habían congelado sus fondos en el banco, incluso había papeles que solo su padre podía alegar donde estaban.
Nuevamente un ambiente tétrico, una gran sala llena de hombres dando noticias terribles a esta mujer, que lo había perdido todo.
Y ahora el ambiente volvía a cambiar, como si fuera una secuencia de escenas en una película.
Esta vez estábamos en un funeral, uno muy grande, donde casi todos vestían de negro en buenas galas.
Esta vez la mujer estaba callada al lado de un hombre en silla de ruedas, todos parecían pasar como si nada, la gente murmuraba, decían cosas como “pasa en las mejores familias", "muchos millones y donde vamos a parar” o “a ver cuánto más pueden mantener el estilo de vida", poca cosa sobre el difunto y desconocido señor.
Dentro de toda esa gente estaban los padres de Max, aunque no les oí pronunciar ni una palabra.
Y así es como la escena nuevamente cambio, estaba donde empecé, en el gran salón, pero ya no estaba hermosamente decorado, ahora estaba vacío, con solo dos maletas en el, y unos papeles arriba de una de ellas, eran papeles de embargo, el cual combinaba con el gran cartel de “se vende" que se podía ver desde la ventana.
Inmediatamente vi a la mujer salir por la puerta principal, con una niña a un lado de más o menos la edad de mi pequeño hermano, y al otro su marido en silla de ruedas, con una máquina que al parecer le administraba oxígeno, ya no estaban vestidos con ropa de diseñador, tampoco tenían las alegres caras de hoy en día ni mucho menos cuerpos esbeltos.
Eran la tristeza en persona, habían perdido todo lo que conocían, y al parecer iban a casa de un familiar, sin siquiera un rumbo fijo…
solo por unos días, con algunos dólares que el banco no se llevó, sin saber que pasaría después, sin saber si su marido sobrevivirá, aunque sea un mes más.
Con esa última escena, nuevamente todo se puso nuboso, poco a poco volví a sentir mis pies apoyados sobre mis zapatos.
—Diría que ya has visto lo suficiente —escucho la voz de mi guía sin aún abrir los ojos. Con la vista ahora en negro.
— Wow... —murmuré con la voz pesada— todo pasó muy rápido ante mis ojos.