Capítulo 53 #2
Entre a la sala y salude en voz alta a cada uno de ellos, me resultó extraño el saludo, pero realmente no tenía idea si podía acercarme a dar un beso en el cachete a dos ángeles. Ellos se rieron, seguro por mi poco habitual y entre cortado pero amistoso saludo.
—Buenos días, señorita —me responde Christopher con su típica voz misteriosa y galante.
Mientras que Ahron solo me dedica una señal de respeto y una cálida sonrisa, en respuesta a mi saludo.
Celestino entra unos segundos después de mí, corresponde de inmediato a Ahron con un saludo similar al que me dedico a mí.
Mientras que con Cristopher estrechan sus antebrazos de una manera extraña, como ya habían hecho anteriormente.
—Bueno chicos, tu ya estás más enterado claramente —habla mientras observa a Celestino—. Pero siempre hay nuevos detalles, así que esperaremos que llegue el chico Maximiliano para empezar a contar nuestra parte, y darle oportunidad a él de que relate la suya.
—Por suerte le ha ido muy bien… —informa Ahron.
—Esperen —intervengo yo— ¿Ustedes ya saben cómo le fue a Max? Y… ¿Celestino ya sabe cómo les fue a ustedes?
—En parte sí querida, nosotros tenemos un medio distinto de comunicación e intuición, siempre hay detalles que están sueltos, pero en rasgos generales sí.
Los pensamientos se reservan cabe destacar, y son un punto a discutir.
—Explica Cristopher de inmediato, me atrevería a decir con un aire de ego o impaciencia típico de su misterio, quizás demostrando la misma altanería que tenía Isabelina la primera vez que la conocimos.
Pero me intimidaba pensar que era más que una impresión que él le daba a mi ignorancia.
—O sea que, ¿tú pudiste adelantarme antes los detalles y no lo hiciste? —intervengo con mi protector.
—De forma abstracta, pues si, pero las cosas no funcionan así, Iroda —me responde de inmediato—, las cosas importantes necesitan comunicación directa, opiniones, sentimientos, contención y conexión espiritual, y para ustedes, pues humana. No había mejor manera de encarar las cosas.
Solo lo observé pensativa y asentí ligeramente con la mirada, comprendía a que se refería, aunque de igual manera sentía que podía, aunque sea haberme dado un eje de la situación. Me imagino que, al presentarse de buena manera, no lo hizo.
—Escucha al “muchacho" Iroda, tiene razón, la relación que llevamos entre todos nosotros ya es compleja, a veces es mejor ir a lo conocido y a lo seguro, aunque no seamos materia, la conexión directa resulta muy efectiva.
—Interviene el guía de Isabelina, de forma serena al ver mi rostro no del todo conforme.
Al final de esto decidimos dejar esa parte de la conversación por ahí, Isabelina llegó a la sala y tomamos asiento, me relaje unos minutos al hablar con ella sobre insignificancias.
Incluso todos nos sumamos a la cotidiana charla sobre su jardín y las propiedades que tenían muchas de sus plantas, las cuales en su mayoría eran exóticas o medicinales, algunas meramente hermosas y magníficas, inclusive hasta diría “mágicas" por asignarle una palabra a sus cualidades.
Desde los sueños lúcidos, compartidos, la cura a brujerías de primer nivel, males estomacales y alergias, también enfermedades tratadas por la medicina convencional, sin dudas un jardín digno de mentes abiertas.
Tenía plantas carnívoras, hasta enredaderas con fuerte personalidad, flores que se alegran con la música, y algunas que solo les falta hablar.
Ni hablemos del sector de huerta, tanto interna como externa en las plantaciones.
Me relataba que una persona sin la posibilidad de mover la pierna izquierda había recuperado la misma con un hongo azul que ella plantaba, y tenía la semilla por herencia de familia.
Incluso también como las infusiones que hacía curaban problemas emocionales e incluso al corazón, es más, una de las habas y otro de los hongos que tenía eran ideales para lo mismo.
Muchas personas con variadas enfermedades o problemas habían llegado a ella o su familia a lo largo de los años, y al parecer en su mayoría se habían retirado curadas o al menos felices.
Con la charla, los minutos pasaron en un abrir y cerrar de ojos, luego de eso la presencia de Max no tardó en hacerse esperar.
El llego en su magnífico auto amarillo, enfundado en una remera polo con unos pantalones negros hechos a medida y unas zapatillas, con su clásico Rolex en la muñeca, su cabello cobrizo peinado y su típica postura.
Cualquiera que lo viera podría odiarlo o amarlo, tenía todo para que muchas solo con verlo caigan a sus pies y para que tantos otros le quieran arrancar los ojos por esa mirada altanera, sin embargo, no bastaban más de unos minutos para notar que esas fachas de niño rico no eran más que eso, quizás por eso diría que nuestra amistad siempre ha sido tan fuerte.
Su personalidad escapa de la mayoría, es una persona íntegra, digna de confianza, con toda la inmadurez necesaria para ser un chico de casi veinte años divertido, y toda la madurez para afrontar la responsabilidad de ayudar a su amiga, aunque eso represente olvidar en todo lo que un día creyó cierto, sin dudarlo por un momento.
Un chico que puede portar un Rolex hoy y salir con una mochila al hombro mañana, y vaya que ya lo ha hecho, pero digamos que eso es otra historia.
—¿No habíamos hablado ya de esto? —corta mis pensamientos— ya te había dicho que no puedes andar de pijama por la vida.
Los viejos tiempos, son los viejos tiempos. El termina por reírse y yo hago una mueca como si fuera el tonto que en verdad es, mientras se acerca a saludarme aún sonriente.
—¿Cómo está mi reina? —se acerca y me levanta mientras me da vueltas de forma inesperada, aunque con suma naturalidad.
Su saludo eufórico me había hecho reír a carcajadas, a pesar de que no me gustaba que mis pies abandonaran el piso.
—Más que bien —termine de contestar agitada por la risa en cuanto me baja—. Y más ahora, te extrañaba amigo.
—Lo se, amore, fueron días raros.
—Me lo vas a decir a mi… —suspiré.
Luego de nuestro llamativo saludo, note que teníamos a todos observándonos en el patio de entrada, sus caras eran realmente indescifrables, pero en mayor medida contentas, quizás confundidas.
Claramente Max solo me había saludado a mí, e incluso llegué a pensar si ya había visto o no al resto. Hasta que…
—Oh… disculpen, ¿cómo están todos? —habla Max de inmediato y de forma muy amistosa, haciendo el amague de empezar a acercarse a todos—. Es que tenía que saludar primero a esta pequeña que me tenía olvidado —termina por reírse.
—Tranquilo Maximiliano, como no vislumbrarse con… con Iroda. —Responde de inmediato Celestino, de forma “agradable”, aunque muy ligeramente extraña y pensativa.
Max solo asiente, ríe algo serio, y continúa saludando al resto.
Ya nuevamente en el salón, luego de algún abrazo y palmeo de hombro, tocaba hablar del verdadero asunto en cuestión.
—Pues… la organización está resuelta se puede decir, al igual que todo el resto —comienza por hablar mi amigo.
—Perfecto, está arreglado entonces —continua Ahron.
—¿Podrían ser más claros con que es todo? ¿Qué va a suceder? —Pregunte rápidamente.
—Haremos un viaje, para buscar a Thomas y regresar con el, o más bien… que la organización lo haga —responde mi amigo.
—¿Un viaje a donde? —consulte mientras los observó.
—A Jerusalén —me informa de inmediato mi guía de forma rápida y seria.
—¿Ahí ha estado Thomas todos estos años…? —musite de forma perpleja mientras tomo asiento.
—Así es… hace ya muchos años lo llevaron hasta allá —asiente Celestino.
—¿Y cómo se supone que nosotros, tú y yo Max, podremos ir hasta allá? —pregunte ya cansada.