Capítulo 53
L os días pasaban y mis visitas a Isabelina continuaban, seguía visitando aquella habitación para abandonar mi ser y encontrar a mi verdadero yo.
Pero las cosas no cambiaban, aún me sumergía en aquel mar de inmensidad y al parecer ya iba siendo hora de que ese mar se volviera más efímero.
Ya era hora de que mi sumergimiento se quedara a un lado y se vuelva protección.
—No lo logro… No puedo lograrlo —murmuré en la supuesta soledad de mi habitación, observando la luz que ya atraviesa la cortina.
—¿Qué es lo que no logras, amor ? —responde suave y suspicaz mi “ángel", alzando la mirada.
—Ya lo sabes, llevo días intentándolo y aún no lo consigo. Todavía no sé protegerme… Siento que hago algo muy distinto —hablo entrecortado, me quejo de mí misma en mi autocompasión.
—Eso es porque ni siquiera lo has intentado de verdad.
Lo había intentado con todas mis fuerzas. Siempre llegaba al mismo lugar; las cosas sucedían y escapaban de mi control.
—Pero yo solo me dejo llevar, como dijiste. Solo caigo en el lugar equivocado.
—Al contrario, Iroda —me contradice—, caes justo donde tienes que “caer" en el momento indicado, debes mentalizarte, y cuando debas empezar, empezarás. —Hace énfasis en sus últimas palabras, de forma habitualmente tranquila.
Podría decir que había comprendido sus palabras, pero sería una mentira.
No entendía a qué hacían alusión. Como siempre, y como ya me he repetido una infinidad de veces en mi mente, toca esperar.
Esperar para ver, para entender, para sentir, y para resolver, siempre toca esperar, a veces años como con mi hermano, o a veces instantes.
Al fin y al cabo, eso es el tiempo: una sumatoria de instantes; algunos buenos, otros malos y la mayoría neutros. A veces pasamos muchos instantes esperando y a veces uno solo.
Ring, ring… Sonaba mi celular, como hacía tiempo que no sucedía, cortando la armonía del silencio en mi habitación.
—Hola, amore. ¿Me extrañaste? —era Max, mi Max.
Ya hasta se me hacía extraño, extraño pensar como antes nuestras llamadas duraban horas a diario y ahora ya habían pasado días sin oír su voz.
—Mmm… ¿y tú eras? —río desde mi línea—. Como no te voy a extrañar amigo —ahora me toca escucharlo reír a él, su cálida risa, la cual está vez no era irónica ni sarcástica, era sincera e incluso nostálgica.
—Pues ya no tendrás que extrañarme más amore, hoy me verás —afirma del otro lado de la línea.
—¿Has solucionado con la organización? —hago una breve pausa a mi emoción.
—Así es, y hoy iremos a casa de Isabelina para hablar de todo lo arreglado —contesta también más serio.
—Entiendo, supongo que ya era hora. Estoy feliz de que voy a verte —termine la frase ya un poco más cantarina.
—Sabes que pienso lo mismo, mi reina —resuena su voz galante— te extraño demasiado —ríe sutilmente.
Cuando cortas la rutina, las cosas que antes eran habituales, se vuelven distintas.
—Nos vemos, Max…
—Nos vemos, amore.
Corto la llamada. Celestino me observaba en silencio, apoyado contra la pared, a unos metros de mí.
Parecía pensativo, apacible pero inestable.
Había algo en sus ojos que denotaba desaprobación y un solo destello que como siempre, mostraba amor y tranquilidad.
Una parte de mi quería negarse a intentar investigar entre sus pensamientos, pero otra sufría de intriga al ver sus ojos.
—Deja de observarme —corta el silencio con una sonrisa—. Debes vestirte, se hace tarde.
Decido callar y no preguntar más, después de todo, no tenía nada conciso que decir, solo me extrañaba su actitud, aunque tampoco eso sería algo nuevo.
Una hora más tarde ya nos encontrábamos camino a casa de Isabelina, a diferencia de otros días de prácticas “espirituales" donde dejo de lado mi aspecto, hoy decidí arreglarme, me coloqué un vestido rojo suelto y entallado en la cintura, junto con unas sandalias altas, había planchado mi cabello e incluso me había maquillado.
Por algún motivo, sentí que era un día especial, sin mencionar que volvería a ver a Max y nosotros siempre hemos tenido una riña sumamente tonta y superficial con el aspecto, valía la pena seguir siendo yo al menos por un día.
La yo humana, esa adolescente tonta que peleaba y hablaba con su amigo todo el día, aquella sin grandes preocupaciones, solamente yo, una vieja yo que aún estaba ahí, solo que ahora había completado espacios vacíos, había dado un paso al frente.
El viaje había sido silencioso, Celestino solo me había dedicado una sonrisa antes de salir y no habíamos cruzado palabra alguna.
Me había dedicado a ver por la ventanilla, hasta que mi ojos se fueron de órbita, al ver un espectáculo que no imaginaba.
Era una pequeña casa, de tamaño promedio para la zona y buena fachada, la cual irradiaba una densidad negra hacia arriba, casi como si algo ardiera.
Al lado de la puerta de entrada se encontraba un hombre, el cual diríamos que es el dueño, mientras que a su costado había un hombre igual a él, solo que más gris y sin moverse o hablar, solo miraba con una sonrisa al señor a su lado hablando con otro.
Me había quedado estupefacta, y no por miedo o algo similar, sino por asombro y desconcierto, que significaba aquello que había visto, parecía que el auto hubiera demorado diez minutos pasando por ahí, casi como si el tiempo se detuviera para poder observar aquella escena tan retorcida.
—Lo has visto… —murmura mi acompañante— yo siempre te dije que el 4to ojo tenía sus contras.
—¿Qué era todo eso? —pregunte confundida.
—Energía, la energía que se encontraba acumulada en ese lugar —responde con simpleza.
—¿Y por qué estaba ahí? ¿Quién era el otro hombre? —pregunte con apuro.
—Eso siempre depende… en ese caso era por trabajos de magia negra, que se seguían condensando en ese sitio. Y la entidad del bajo astral se encontraba ahí con la intención de molestar y robar energía —explica Celestino sin darle mucha importancia.
—Y… ¿por qué eran iguales?
—Los entes que quieren dañarte desean conocerte, buscan tus puntos débiles para atacar en muchos casos.
Se divierten jugando con tu mente y tu alma, es casi un pasatiempo para ellos, incluso se alimentan de tu miedo, de tu negatividad, puede que quieran llevarte al borde de la locura —prosigue explicando con seriedad—.
No creas que necesariamente tienen algo en contra de ese hombre, su víctima podría ser cualquiera que esté vulnerable en algunos casos.
—Creo que comprendo… es como un juego entre lo bueno y lo malo —confieso.
Aunque su relato me dejaba un sabor ácido, y un pequeño escalofrío en la piel.
Aceptar las cosas que uno escucha como verdades puede llegar a ser fácil, pero verlas en la vida real cuando son así de macabras, es una historia diferente.
Trato de evitar que mi imaginación indague entre esas posibilidades oscuras.
—Así es, la vida aquí siempre es eso —musita con la vista perdida en el camino—.
Es una prueba, quien logra resistir, quien no cae en la partida.
No creas que uno es castigado por algo… que a veces solo se necesita ver hasta donde uno está dispuesto a llegar sin perder la bondad en su alma.
La vida es compleja, el bien y el mal son hermanos que nunca se tocan, pero caminan muy cerca, como dos líneas paralelas.
Aquellas palabras de Celestino, nuevamente me seguían mostrando la realidad de este complejo mundo en el que vivimos, un mundo donde muchas veces, lo más importante es invisible ante los ojos de la mayoría.
Pero aunque sea invisible, no es imperceptible a nuestros sentidos, a veces nos hace falta sentir, aceptar y rechazar.
Luego de haberme sumergido algunos minutos en mis conclusiones, había notado que estábamos por llegar y aún más, había recordado que había un chófer que nos llevaba a nuestro destino, o mejor dicho, me llevaba, un chófer que, a diferencia del primer día, no había dedicado ni una sola mirada a aquella chica hablando “sola” en el asiento trasero.
A veces subestimamos a quienes nos rodean.
—Buenos días mis niños —nos recibe en un grito desde la entrada la señora mientras bajábamos del auto.
El día de hoy se veía emocionada y había notado que al igual que yo, se había arreglado, portaba un vestido turquesa hasta el piso con un aire veraniego y sumamente elegante con volados y medias mangas llovidas.
—Buenos días mi querida y antigua ilumini —saluda mi guía con cariño y respeto.
—Buenos días Isa —saludo yo, en un tono más bajo y quizás más cariñoso.
Tenía que ser franca, había tomado a esta mujer casi como una abuela o una madre, un ser admirable e inexplicable.
—Como me imagino que se encuentran bien y que ya charlaremos —habla mientras coloca una mano atrás de cada uno en un medio abrazo y nos dirige al interior de la mansión—.
Les comento que los caballeros, pues los no físicos, se encuentran en el jardín interior y el chico físico, me dijo que llegaría en un rato —nos informa con notoria diversión en sus palabras.
Hasta podría reírme de cómo nos pone al tanto de todo de una manera tan cotidiana, como si solo nos juntáramos un par de amigos a almorzar. No pude resistir hacerle el comentario. A lo que ambos me dedican una mirada cómplice.
—Que tu no lo recuerdes, no hace que no seamos un par de viejos amigos, Iroda —responde de inmediato Celestino mientras se ríe y me observa con una mirada burlona.
Sabía que tenía razón, Christopher el día que se “presentó", me dijo que era un gusto “volver a verme", seguro me pierdo de mucho más de lo que imagino.
De tanto pensar en Max, ya casi había olvidado que hacía mucho no veía a Ahron o incluso Christopher, había olvidado el estilo hindú que portaba el primero con su túnica y piel canela e incluso el fiel búho que portaba el último como acompañante.
Sin dudas eran unos personajes, no dudaría que están fueran de este mundo.