Más allá de nuestros ojos Capítulo 51
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Capítulo 51

L a caída fue dura, seca y cortante, como aquel gélido viento que desgarraba mi falsa piel en el precipicio. Podía haber jurado que mi corazón jamás había ido tan deprisa; era un caballo galopando después de una mala carrera, era un torbellino.

Había caído como una tormenta en enero: sin previo aviso, sorprendiendo a todos. Y con todos me refiero a mí.

Creo que la mayoría, en algún momento hemos sentido que caemos en un sueño: caer sobre uno mismo, sentir como tu alma aterriza de forma brusca y dolorosa en tu cuerpo.

Para todos, caer en la realidad es doloroso, pero esto fue distinto...

quizás porque no fue un sueño, o quizás porque sí caí sobre mí desde algún lugar del cosmos.

Hay preguntas a las que no me interesa buscar una respuesta, simplemente acepto que hay cosas que aun no comprendo y tal vez hasta que me despida de la actual yo, no lo haga.

—¿Cómo te sientes...? —escucho la voz de Celestino.

Él se encontraba sentado a un lado de mi cama.

Estático, me observaba con una mirada apenada, analítica y tenue.

Tenía los ojos ligeramente arrugados, al igual que una leve presión en los labios, como cuando sabes que algo va mal, en ese momento en que te faltan palabras y te sobran dudas.

Mi protector me observaba, casi como si fuera igual que yo, otro chico consumido por las circunstancias.

—¿Se supone que estaba soñando? —respondí su interrogante con otra, aun con la mirada perdida.

—Se puede decir que sí —agacha ligeramente la cabeza desviando su mirada al suelo sutilmente—.

No pude hacer nada... tendría que haber tenido más ayuda para sacarte de ahí, no era seguro para ti intentarlo, y los otros no pensaron que fuera necesario, lo lamento —habla sincero, apenado y hasta diría que frustrado.

—¿Lo lamentas por haberme dejado ahí o porque Gabino me revelara cosas que tú no tuviste el coraje de decirme? —Más allá de mis palabras mi voz permanecía neutral, seria y firme.

El cambia su impronta, su cara compasiva se transforma en una mirada más seria y analítica.

—Realmente me sorprende lo poco que necesitaste para poner en duda tu confianza hacia mí...

viene el ser que más maligno que te rodea a mostrarte algunas supuestas verdades, ¿y tú ya pones interrogantes a mi nombre?

—habla con pesar —. Yo solo te mostré partes sueltas de esa vida, para que entendieras lo que habías vivido junto a ese ser, al igual que siempre te he dicho que no puedo explicarte tu existencia de un momento a otro.

Yo no había relacionado mi queja con la confianza, sino con la verdad: que es y que no es, como son

realmente las cosas. Jamás pensé que Celestino me hubiera engañado, solo sentí decepción y enojo por mi falta de información, me sentía como un ser inferior que solo cumplía una pequeña función en esto.

—Pero olvidaste mostrarme la parte donde tu apareces en la historia, la parte donde me dejas a mi suerte sabiendo que era un enfermo —reclame interrogante, alejándome un poco de su cercanía.

—Que fuera mi hermano no significa que supiera eso, esas imágenes tampoco significan que no haya hecho nada, ni tampoco que te deje, yo también fui humano Iroda, también me equivoque, también tuve errores e incluso actúe mal en muchas oportunidades, yo no era lo que soy hoy.

—Intento comprender... —hablo pausado, realmente me sentía aturdida, mi mente se había vuelto un mar de ideas sueltas— supongo que es difícil sin saber todo...

Celestino había estirado su mano para acariciar la mía, en señal de apoyo y de comprensión.

Quizás una parte de mi se sentía mal por haberlo juzgado, pero otra seguía confundida, como mi perfecto ángel podía ser el mismo que me dejo a mi suerte.

¿Acaso él traiciono a su hermano?, ¿yo falté a mi palabra?

, ¿Celestino no me amaba en esa vida? Gabino sin dudas era un ser maligno, pero quizás en algo tenía razón, no somos perfectos ni deberíamos creernos tal.

—En este momento, por tu bien. Te voy a pedir que lo intentes por ti misma, Iroda...

Si tu permites que cualquiera meta ideas en tu mente, nunca serás dueña de tu vida, y aún más importante, no serás dueña de tu alma.

Yo quiero... —hace una pausa y suspira— que toda la información este a tu alcance, y la que pueda poco a poco te la daré, pero quiero que veas el cielo y el infierno desde ambas orillas, sin dudar cual es el sendero correcto.

Creí entenderlo, o al menos traté. Quería creer que era capaz de ver todos los horizontes sin soltar mi brújula, pero algo me decía que no siempre sería fácil, nunca es fácil saber qué es y que no es cuando vives entre dos mundos, o mejor dicho, cuando ves donde realmente vives.

—Quizás mi alma aún no está lista para cumplir con todo lo que esperas de ella... —musite cabizbajo.

—Supuse que ya en este tiempo lo habías tenido claro —ríe con sutileza—.

Tu alma esta lista para cumplir con todo lo que tú esperes de ella, hay que ser prácticos en circunstancias complicadas Iroda, tu no necesitas saber absolutamente todo para que tu alma recuerde lo que es correcto, tú ya lo sientes, ahora solo hay que ponerlo en práctica —cambia su mano de mi mano a mi mejilla, casi como sosteniéndola—.

Y ante todo no te olvides que yo dedico mi existencia a ti por plena voluntad, solo te dañas a ti misma desconfiando, yo estoy para quedarme, en tu presencia o en tu ausencia.

Ver a Celestino y escuchar sus palabras me hizo bajar a tierra, ordenar mis sentimientos y miedos. Sin embargo, seguía sin decirme o mostrarme todo aquello que yo quería saber.