Capítulo 49
Y a nuevamente en mi casa, la situación era más calmada y serena.
La sensación de agotamiento había pasado, y las energías nuevamente habían regresado a mí.
Aún me parecía irónico como los actos que ahora me parecen los más simples, en otros momentos resultaban tan complejos, casi como una ciencia que debía manejar, una ciencia que no estaba en ningún libro.
Pero aún más irónico me resultaba ver a Celestino estático, pensativo, parado junto a la ventana con la mirada fija en el cielo, era irónico debido a como se veía como un dios y tan mortal a la vez, tan poderoso y tan temeroso, un ser lleno de conocimientos y lleno de dudas.
Era irónico verlo tan cerca y tan lejos.
—¿Lo extrañas? —pregunté intrigada y confusa mientras me acercaba a él.
—¿A qué te refieres, Iroda? —respondió desviando ligeramente la vista hacia mí, pero retomando rápidamente su punto de origen.
—Al cielo, te he visto observarlo muchas veces, siempre he pensado que no ves el momento de regresar... —le dedico una mirada compasiva, dando por obvia la respuesta.
Aunque él, sin siquiera mirarme, curva ligeramente su sonrisa en una mueca, soltando una pequeña y dulce risa, casi cargada de nostalgia.
—Ay, mi pequeña y gran ilumini... dime una cosa, ¿en serio piensas que ese lugar que llamas cielo se encuentra unos metros por arriba de las nubes? —alza una ceja y me observa analítico, pacifico.
—Mmm… realmente no, pero siempre que hacemos referencia a él miramos hacia arriba, creo que todos pensamos que se encuentra arriba en algún lugar —respondo simple— pero igual, el punto no era el lugar, sino el hecho.
—Siempre hablan de arriba y abajo porque lo consideran lugares que están por encima o por debajo de su mundo...
es casi una cuestión filosófica... piden al cielo ayuda porque se encuentra sobre ustedes.
La verdad es que nada está arriba ni abajo, el espacio al igual que el tiempo son subjetivos —afirma el joven rubio aún frente a la ventana.
—Sea donde sea que esté... ¿Lo extrañas?
Valoraba que me hiciera entender, pero realmente yo quiero saber sobre él, no sobre el más allá.
—No, verdaderamente. En mi mundo no hay lugar para extrañar sitios, cada uno se encuentra en su lugar cuando debe estar en el, y mi sitio Iroda... siempre es a tu lado —termina su frase acercándose lentamente, y tocando con suavidad mi barbilla, con una ligera sonrisa estampada en el rostro.
—Has sido un prisionero de mi vida... —aseguré mirándolo apenada y desviándome hacia la ventana.
No podía dejar de pensar en como todos al morir desean descansar en ese “más allá”, donde se supone que todo es mejor, mientras que él se ha visto obligado a dedicar su realidad a mí aquí en la tierra.
—Uno jamás es prisionero de sus deseos. Yo elegí seguir este camino, para mí siempre fue un privilegio —Celestino me mira fijamente a los ojos mientras pronuncia esas palabras como si fuera la cosa más obvia del mundo, el que lo escuchara pensaría que lo he insultado—.
Tú eres todo para mí... No hay otra cosa en mi existencia que preferiría hacer más que esperarte —continúa hablando casi resignado, con convicción y orgullo, el destello en sus ojos era más que visible.
De a momentos, cuando no entendía el lugar que ocupaba en mi vida, cuando no entendía qué lo hacía ver tan normal y tan distinto a la vez, cuando no entendía por qué estaba ahí, llegaban estas conversaciones.
Donde entendía que lo que él sentía o como vivía era algo que escapaba de los parámetros humanos de lo normal, yo jamás podría entenderlo mientras lo siga viendo como un igual.
O debo entender que está un paso más arriba y aceptarlo, o debo crecer como alma e intentar entender.
—¿Y si yo nunca llego a donde tu estas...? —murmuré— ¿Y si me esperas eternamente?
—Llegaras, de eso no hay duda —asegura con tranquilidad—. Los ciclos se deben cumplir a su tiempo, y mientras no lo hagas seguirá siendo un privilegio permanecer a tu lado.
Podría haber jurado que las lágrimas ya corrían por mis ojos.
¿Cómo acaso merecía algo tan semejante? ¿Cómo podría continuar con mi vida si él llegaba a desaparecer de mis sentidos?
¿Cómo podría vivir sabiendo que me estoy perdiendo lo más importante?
Siempre me habían dicho que busque a quien me ame y no a quien amar, y en este momento esas palabras no pudieron tener más sentido.
¿Cómo podría amar a un mortal sabiendo que hay un ser que ha dedicado su existencia a mi espera y bienestar?
Realmente, yo no puedo poner mis emociones en palabras.
Pero podría asegurar que pocos deben de tener tanta suerte y a la vez tanta desgracia.
Sus palabras me otorgaban una gratificación inexplicable que me recorría de pies a cabeza, y al mismo tiempo un pequeño dolor en el centro del pecho, como si hubiera recibido un susto en vez de hermosas palabras.
Interiormente estaba feliz, pero sensorialmente no podía sentirme así.
Sin saber que responder, me limite a estirar mi mano y juntarla a la suya, esperando que el brillo explicara lo que sucedía, y así fue. Nuestras manos se juntaron y brillaron como si fuera la primera vez, un brillo único, intenso y ahora... perfectamente explicable.