Más allá de nuestros ojos Capítulo 46
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Capítulo 46

Y a era la segunda vez que el sol recibía al año nuevo en el horizonte y, por ende, el dos de enero hacía acto de presencia.

Por lo tanto, el plan debía volver a su curso, todos ya contábamos con tareas asignadas.

Max ya pondría manos a la obra para conseguir los contactos necesarios de la organización.

Ahron, junto con Cristopher, se encargarían de crear y organizar la unión entre el plan humano y el espiritual, mientras que Celestino e Isabelina se encargarían de entrenarme a mí.

La parte más sencilla, claro, debido a que yo soy experta en el manejo de las artes ocultas, místicas y espirituales —sarcasmo—.

La mortal a cargo, esa misma mañana, mando un auto por mí, por nosotros.

El cual, más o menos a las diez treinta de la mañana, nos estaría esperando a unas cuadras de mi casa.

El año había empezado de una manera templada, pero en estos momentos se divisaba un clima inestable, que para muchos podría parecer normal, pero para mí mente preocupada todo podía ser un mal augurio.

Y no es que estuviera preocupada por la situación, sino por el extraño hecho que esta conlleva.

Sinceramente no tengo bien en claro cuál será el entrena miento que me espera, pero sin duda algo que para variar, se alejaba de mis parámetros.

De una forma u otra, ya me había enfundado en un jean color nude junto con una blusa blanca básica, había recogido a medias mi cabello y me había encaminado junto con Celestino a tomar el dichoso auto y continuar con la siguiente faceta de nuestro viaje.

Como siempre, mi querido “angelito" vestía, si es que se le puede decir así, enteramente de blanco.

Lo que antes no había notado realmente, es que su ropa por más que no lo parezca de vez en cuando tiene pequeñas variaciones, sin duda algo que posteriormente intentaría investigar.

De igual manera llevaba un aura un tanto apagada, preocupada y analítica, observando todo a su paso como si en ello pudiera destapar algún enigma.

—Te ves preocupado —confieso con la vista concentrada en el camino—. No se supone que al señor ángel nada debería asustarlo.

Sus ojos despiertan un gran dejo de interés en mis palabras.

—No estoy asustado y tampoco preocupado, simplemente estoy pensando.

—No parecen pensamientos positivos —digo con un ligero pesar y gracia.

—Tampoco son negativos, son simplemente pensamientos, sobre la situación que nos rodea, las posibilidades que se pueden presentar... los pensamientos no tienen que ser blancos o negros.

Y sí que tenía mucha razón, odiaba que las personas solo vieran las cosas de un extremo u otro, habiendo tantos matices. Pero siendo sinceros, todos los mortales tenemos esa costumbre de vez en cuando, o hay aroma a flores o se asoma una tormenta.

—Pero tú eres un “ser elevado” —afirmé confundida—. ¿No se supone que debes emanar positividad en todos los aspectos?

En cuanto termine de pronunciar aquella pregunta, él soltó una especie de suspiro o “maldición” en algún dialecto incomprensible para mis oídos, pero por su expresión podía asegurar que era una queja que iba más dirigida a mis palabras que a mí.

—Si quieres comprender esto o a mí, debes sacarte ese extraño prototipo que tienes armado en tu cabeza. Yo no soy un ángel, y te lo he dicho demasiadas veces —sus palabras eran tranquilas, pero cansadas—. El bien que predomina en mí, se puede proyectar de muchas maneras...

Digamos que deje esa conversación en el aire, quizás por falta de respuestas o quizás por tener demasiadas y no saber cuál elegir.

Tardamos casi una hora en llegar a casa de Isabelina.

El día gris, en estas fechas, había causado estancamiento y, por ende, el camino pareció volverse interminable.

Pero como siempre la atmósfera de tranquilidad y rareza que caracterizaba a la finca de nuestra anfitriona nos liberó de cualquier pesar del viaje.

Podría haber asegurado, en cuanto la vi, que las fiestas le habían sacado algunos años de arriba.

Portaba un largo vestido rosado y vaporoso, adornado con múltiples flores, y una sonrisa amplia a modo de recibimiento.

Sinceramente no sabía en qué época o dimensión vivía esa mujer, pero podía asegurar que la señora altanera y misteriosa que conocí en la fiesta, distaba mucho de esta hermosa y mística mujer.

Después del recibimiento y algunas breves charlas sobre las fiestas, donde ella nos relató como pasó junto a sus hijos, mientras que nosotros le contamos algunas sencilleces. Procedió a relatarme lo que haríamos hoy y como lo llevaríamos a cabo.

—Verás, querida... como supongo ya imaginaste, no podrás ir como humana a rescatar a tu hermano.

—¿Y cómo se supone que iré? —intento sonar relajada.

—Será tu espíritu quien irá, Iroda, no tu cuerpo —sentencia Celestino, no muy conforme.

Algo no me cerraba, esto no sería en el campo onírico, era en el mundo “real”.

—No entiendo —arrastré mis palabras, mientras los observaba a ambos.

Ellos también se miraron cómplices entre sí.

—Lo que Celestino quiso decir, querida mía —le dedica una mirada afable pero castigadora—. Fue que solo tu espíritu los acompañará, harás una especie de viaje astral, donde abandonarás por un rato tu cuerpo.

—¿Pero volveré? —salto de inmediato, atónita.

Aunque si somos realistas tendría que haberlo imaginado, todos los detalles pasaban por enfrente de mis ojos sin que pudiera verlos o peor aún, pensarlos.

—Por eso necesitamos entrenarte... —suspira el chico a mi lado— sería mejor si no fueras, como dije en un principio.

Isabelina en ese momento le da un ligero “golpe” a modo de reproche en el brazo. El cual ignora totalmente.

—Tonterías —le resta importancia, como cualquier abuela que después de tantos años ve las cosas con simpleza—. Es prácticamente imposible que no vuelvas, junto con el entrenamiento y con todos a tu lado, sobre todo este testarudo de aquí, lo harás excelente. —Termina con una sonrisa.

“Mas sabe el diablo por viejo que por diablo” dicen...

—¿Y cómo se supone que voy a practicar esto?

Si ya estaba algo abrumada por estas prácticas, ahora ni se diga, si hay algo que jamás imaginé es hacer un viaje fuera de mí.

—Te induciremos el sueño —suelta Celestino directamente.

—E... Es más que eso —sigue mirándolo a modo de reproche Isabelina— Primero te enseñaremos algunas cosas, y luego junto con nuestra ayuda, al inducirte el sueño... saldrás de tu cuerpo y aprenderás a moverte solo con el espíritu en este mundo.

Abandonar mi cuerpo nunca me iba a parecer una idea ideal, pero no podía contarle eso a Celestino, ni siquiera sugerirlo. Debía tratar con todas mis fuerzas que mi corazón agitado y mis manos sudorosas pasarán desapercibidas.

—Y, aparte de entrenarte y estar a mi lado —vuelve a hablar Celestino—, también cuentas con el hilo de plata. —Explica sin demasiado entusiasmo.

—Eso es como algo que me une a mi cuerpo, ¿no es así?

—Justamente, es un cordón que une un mundo con el otro, une alma y cuerpo, te permite moverte a tu antojo sin abandonar esta vida —me confirma el chico.

Esto... oficialmente había comenzado, y aunque quisiera huir en algunos momentos, hay algunas cosas de las que es imposible escapar. No puedo permitir que el miedo de nadie condicione la vida de mi hermano, ni siquiera el mío .