Capítulo 45
D espués de aquella charla, las fiestas pasaron en un abrir y cerrar de ojos, de una manera muy tranquila y apacible.
Al menos para mis padres, quienes no tenían idea de los problemas y cambios que nos rodeaban.
Tanto en Nochebuena como en la Nochevieja, la silla que por años había estado vacía, esta vez fue “ocupada” por Celestino, ya que, según sus palabras y no las mías:
“Este sería el último año de soledad en esta mesa... mientras yo guardaré su lugar”.
Quería tomar sus palabras como una promesa, como un hecho irrefutable. Había decidido tener fe, porque la esperanza era el eje de mi vida.
A pesar del ambiente pesado que caracteriza mi hogar, los problemas y la constante ausencia de Thomas, podía decir que los últimos días fueron agradables.
Todos mantuvieron una actitud normal. Hablé con Max en muchas ocasiones; mis padres, junto con Inés, pasaron tiempo en casa, y el tiempo restante estuve siempre con Celestino.
Incluso fuimos a muchos lugares bellos y desolados, donde podríamos pasar el rato sin que nadie me observara, donde podíamos actuar como si realmente no existiera una barrera interdimensional que nos uniera y nos dividiera al mismo tiempo.
Como si tuviéramos nuestro propio mundo, un mundo tan pequeño y frágil como una línea, donde se conectaban dos universos en uno.
En esa extraña realidad, solo éramos dos jóvenes y antiguas almas intercambiando recuerdos en común y creando nuevos; dos almas conectadas por un sentimiento que fue y quizás persista, dos almas unidas por un problema y distantes ante los ojos de extraños.
En su mundo somos dos, pero en el mío es como si él no existiera.
Pero al fin y al cabo, quizás todos de una manera u otra vivimos una extraña realidad, una realidad retorcida e incompleta, donde lo importante es ajeno a nuestros sentidos.
Quizás si todos pudieran ver con claridad, si tan solo todos pudieran ver más allá, quizás mi vida no resultaría tan extraña, porque quizás todos tenemos una vida extraña con una peculiar explicación que supera los límites de la razón.
Por supuesto, que sabía lo difícil que resultaría mantener esto en el futuro, con su presencia sólo perceptible ante mis ojos. Pero, sin duda, sería más difícil volver hacia atrás y actuar como si esta parte de mi vida no existiera.
Sería una mentira decir que nuestra promesa no me daba felicidad, pero era innegable la antítesis que se presentaba ante mí.
Sabía que necesitaba cumplir esa promesa para tener paz, sabía que no podía renunciar a Celestino.
El hecho de que él me diera la pequeña posibilidad de permanecer sin quitarme el cuarto ojo, era una nueva esperanza.
Pero finalmente él puso gran parte de ese peso en mí, sabiendo que yo no tenía claro si podría cumplir su condición.
Porque en la vida existen prioridades, y por ende uno debe elegir que camino tomar, más que una elección debe ser un deber que elegimos seguir.
Y yo elegí salvar a Thomas por sobre cualquier riesgo .
A pesar de no querer cargar con ese peso, sabía que Celestino había usado ese recurso como una manera desesperada de protegerme y de que no me exponga al peligro.
Por lo que no he podido enojarme o reclamarle por su condición para quedarse, porque yo misma sé hasta dónde puede llegar alguien con tal de proteger a quien ama.